La quinta fase de la luna, de Sergio Gaut vel Hartman

Buenas tardes, mis queridos Lectores Ausentes.

Hoy vengo con una de las reseñas que más quebraderos de cabeza me ha ocasionado en todos estos años que llevo metido en esto de hablar sobre mis lecturas, pues creo que hasta la fecha, jamás había topado con una obra tan inclasificable, extraña y difícil, no ya solo de explicar, sino incluso de asimilar. Y ojo, no estoy diciendo que no sea un buen libro. Ese es el verdadero problema, el no ser capaz de discernir si me ha gustado o no. Entre la genialidad y la locura hay una línea tenue, pero visible en la mayoría de casos y lo que sucede con La quinta fase de la luna es que alguien ha borrado ese límite, se ha desvanecido o lo han eliminado a escobazos, y el autor se pasea de un lado a otro sin mirar donde pone los pies y sin importarle un carajo en que lado se encuentra.

Todos conocéis mi fascinación por lo onírico, por lo surrealista e incluso, por el absurdo. Son modos muy personales de alcanzar un objetivo, de contar una historia, jugando con la capacidad del lector para sacar a la luz la cuestión, el motivo, la razón última, que se halla enmarañada entre sus formas, por poco convencionales que sean. Tras el aparente disparate, tras el simbolismo, tras el juego que se nos propone, uno espera hallar un propósito y lo que me ha sucedido con esta antología con algunos de sus relatos, es que no he sabido desentrañar cual es.

Atentos, que no se me malinterprete: Sergio Gaut es un autor como la copa de un pino. A nivel narrativo, demuestra un don poco habitual para retorcer las cosas, lo que hace que el lector se entregue por completo a la historia, fascinado por su capacidad creativa y por las ganas de aceptar su juego. Atrevido, divirtiéndose como un enano dándole vueltas a la manivela de la máquina de triturar lo obvio y evidente. El tema es que no contento con ello, el autor considera que eso es poco y se le ocurre meter el resultado en un puchero y añadir sin mesura todo aquello con lo que puede arramblar en la cocina, o sea, toda neura que se le pasa por la cabeza, removiendo con el cucharón hasta que la mezcla queda bien espesa y nos lo sirve sin dejar reposar, mientras se sienta frente a nosotros, sonriendo como un lunático y esperando a ver si rebañamos el plato, nos pillamos un ciego de cojones con el mejunje o morimos envenenados a la primera cucharada. A él le da lo mismo, pues su labor termina en cuanto el plato está ante el comensal, pero parece disfrutar del momento.

Ese es el gran problema de esta obra. Que no hay ninguna receta. Sergio se pasa cualquier norma o formalidad por el forro y hace lo que le da la puta gana, obligando al lector a tragar. Ese es un juego peligroso, pues si no hay unas pautas, una meta definida, el desconcierto se adueña de todo y eclipsa el resto, dejándonos masticando y sin saber si podremos engullir. Solo el tono desenfadado, la ironía y mordacidad que se desprende de los relatos, sirve de atenuante cuando se nos hace bola. Ese es su gran acierto, el usar el humor, por más extravagante, negro, corrosivo y sarcástico que sea.

No ocurre con todos los relatos. La mayoría de ellos, manteniéndose fieles a su condición surrealista y jugando con la sátira y lo absurdo, mantienen una coherencia interna, tienen un sentido final, obligan a la reflexión y resultan brillantes. En resumidas cuentas, la antología es pura crítica social, política, religiosa y antimilitarista (las barbaridades cometidas durante el régimen totalitario y dictatorial tienen un papel trascendental en la obra), y pese a que se nos vende como un recopilatorio de relatos de ciencia ficción atípica, creo que no se puede clasificar como tal, siendo como es un compendio de relatos donde la fantasía toma las riendas y galopa hacia territorios donde la lógica deja de tener sentido. Las críticas surgen cuando nos topamos con el resto de relatos, puro disparate, en los que uno no sabe a que atenerse ni el propósito que tienen. Cuando el lector es incapaz de encontrar un sentido a lo que lee, de comprender que es lo que el autor pretendía con su historia, cuando el texto es una sucesión de palabrería y despropósitos que no van a ninguna parte o al menos, somos incapaces de verlos por nosotros mismos, uno de los dos ha fracasado en su misión.

Insisto. No juzgo al autor ni me atrevo a hacerlo con su obra. Expongo las sensaciones que me ha generado su lectura. Hay cosas que me han encantado. Hay otras que no me han gustado nada. Y las más, que ni siquiera he entendido. Hay relatos con una profundidad arrebatadora, bajo esa fachada de disparate y ahí es donde el autor se luce con todo su arte y saber hacer. Hay otros que no sé ni como describirlos, ni que demonios pretendía Sergio con ellos, si es que tienen algo más que pura verborrea desquiciada, algo de lo que no dudo, pero que en mi caso, se ha quedado en eso, en puro dislate. Como digo, puede que el problema sea mio, de mi incapacidad por sacarles el jugo, de mis propias limitaciones. No lo descarto en absoluto. El resultado final, es que no puedo decidir si el libro, como tal, me ha gustado o no. Sigo todavía indeciso y eso es tan molesto como extraño. Admito, sin embargo, que enfrentarme a él ha sido toda una experiencia.

A diferencia de lo que supuso para un servidor su anterior obra publicada en nuestro país, esa maravilla hilarante y demencial que fue Avatares de un escarabajo pelotero, en la que todo lo surrealista tenía una consistencia palpable y una historia que contar (dentro del absurdo de su premisa), aquí uno debe tratar relato a relato, como pequeñas criaturas extravagantes que remolonean zumbando a nuestro alrededor, tan distintos entre si, que no se ven como algo palpable, sino como fogonazos independientes, insectos errantes que uno observa con su lupa o aplasta de un manotazo, si no le pican antes.

En definitiva, La quinta fase de la luna es una obra difícil de clasificar. Por esta vez, voy a ser un cobarde (o alguien con sentido común) y me voy a mantener al margen. Ni la voy a recomendar ni voy a echarla a los leones. Solo me atrevo a decir que si queréis probar cosas distintas, si os gustan los retos o simplemente confirmar o refutar mis impresiones, estos once relatos os esperan desafiantes, burlándose sin pudor. Si el libro ha despertado vuestra curiosidad, adelante, siempre bajo vuestra responsabilidad, por vuestra cuenta y riesgo. Y mantened la mente abierta en todo momento. Ya me diréis…

La quinta fase de la luna

Sergio Gaut vel Hartman

Editorial: La máquina que hace ping

https://lamaquinaquehaceping.com/producto/la-quinta-fase-de-la-luna-sergio-gaut-vel-hartman/

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CINE: ‘A Silent Voice’, de Naoko Yamada

Una crítica de Cristina Béjar

 

Muy buenas Incoherentes, hacía un huevo y medio que no escribía y es que la vida es muy perrancana y no siempre podemos hacer lo que más nos gusta. Pero eso es cosa del pasado y el pasado ya pasó y aquí estoy de nuevo para traeros la reseña de la adaptación a la gran pantalla, por parte del sello Kyoto Animation, del manga de Yoshitoki Oima, Koe no Katachi publicado en España por Milky Way Ediciones, que trata sobre el bullying, la amistad y el perdón y que podremos ver en el cine este 16 de Marzo, gracias a Selecta Visión.

Para empezar me gustaría poner de manifiesto un detallito que me parece la mar de interesante y es que esta película está producida por una mujer, está escrita por una mujer y está dirigida por una mujer. Sí, diferencio y remarco uno por uno estos hechos porque son insólitos en el panorama de la animación japonesa, china y coreana, donde el papel de la mujer en la dirección, por ejemplo, es de tan sólo un 3,5%, si hablamos de imagen real, pero ya si nos metemos en la animación, ese porcentaje es aún mucho más irrisorio.

Tan difícil lo tienen las mujeres que hasta Yoshiaki Nishimura, productor de Studio Ghibli, se permitió el lujo de declarar a The Guardian que jamás contratarían a una mujer para dirigir una de sus películas, ya que están incapacitadas para la fantasía. Y si ya nos fijamos en los personajes que aparecen en films y animes, podemos encontrar personajes estereotipados y arcaicos, reforzados en la sexualidad, la indefensión, la inocencia infantil y la cosificación. Una mezcla que da muy mal rollo.

Pero zambullámonos en ‘A Silent Voice‘, que se estrenó en Japón en Septiembre de 2016 y que muchos pudieron ver (no fue mi caso), en la pasada edición del Festival de Sitges: La peli nos cuenta como Shôya, un estudiante de primaria, acosa y ridiculiza a su nueva compañera Shoko Nishimiya, que sufre una discapacidad auditiva.

Tal es el acoso, que hasta sus propios compañeros deciden darle la espalda. A partir de ese momento vemos la evolución de Shôya su autocrítica, su autoestigmatización, su autoaislamiento, al darse cuenta de que lo que hizo no estaba bien, vemos su culpa, su remordimiento, porqué hizo lo que hizo y cómo decide luchar por hacer las cosas correctamente.

No veremos un perfil débil en el personaje acosado, lo cual es también muy interesante, ya que prejuzgamos pensando que la víctima de bullying, es alguien poco agraciado, torpe, pequeño, frágil… Pues nada más lejos de la realidad, el patrón es que a veces, no hay patrón, a veces el acosador te elige porque sí.

Veremos como aquí todos son víctimas, como todos los personajes se hacen daño los unos a los otros en una etapa de la vida donde las pasiones, la rabia, la ira y la frustración son las emociones predominantes, veremos, representada a escala, la realidad del mundo adulto en cuanto a la adaptación para sobrevivir y la pasividad de mirar hacia otro lado, la jerarquización en las aulas. Sí, este anime nos muestra de una manera bastante clara y sincera una realidad, aunque debemos tener en cuenta que ‘A Silent Voice’, tiene una carga cultural tremenda, quiero decir, habla desde un punto de vista japonés.

Así mismo, la banda sonora tiene un papel destacable, ya que carga las escenas y las imágenes con un mensaje y una emoción que te remueve en el asiento. Por ejemplo, la opertura es con la canción de The Who: My Generation, la cual da mucho significado a lo que estamos a punto de ver, una canción que fue la abanderada de esa sensación de incomprensión y de ese sentimiento, diré suicida, que se repite una y otra vez. ¡Oh! y la animación, la animación es brutalísima, tiene una calidad fantástica y así debe ser, ya que debe tener la fuerza suficiente como para mostrar el lenguaje de signos.

Pero no todo es genial en la peli, por desgracia no y es que la adaptación de siete volúmenes en dos horas, se nota. Hay personajes que están por estar, son de relleno y no aportan nada a la historia y hay momentos en que los conceptos, son repetitivos, con lo cual se te acaba haciendo un poco larga.

Aún así, verla no es perder el tiempo, creo que la idea que nos quiere transmitir es lo suficientemente buena como para irte este fin de semana al cine con tus hijos, con tu pareja, con tus amigos, sol@… Como te de la gana y verla, porque ese mensaje de humanidad, de confusión propia de la adolescencia, de autoanálisis y de perdón, es una lección de vida que podemos y debemos aplicar en nuestro día a día.