CINE: ¿Podrás perdonarme algún día?, de Marielle Heller

Por Fernando Codina.

Bajo un título tan extraño y extravagante, se esconde una de las mejores películas de este primer trimestre, y quizás de todo el año. Porque lo tiene todo para convertirse en una de las favoritas de cualquier amante del cine: un argumento sencillo, grandes dosis de humor negro, escenas muy divertidas, personajes memorables, una feroz crítica social… Y si a ello le añadimos el que está basada en una historia real, el resultado no puede ser más interesante.

Pero mejor vayamos a los hechos. En la cinta se narran dos o tres años de la vida de una escritora de biografías, Lee Miller, que pasó de ser una celebridad en los años cincuenta y sesenta por sus interesantes obras, que cosecharon un gran éxito, a convertirse, con el paso del tiempo, en una especie de personaje maldito, que no consigue ni tan siquiera llegar a fin de mes, y por quien no apuesta ningún agente literario, ni tampoco ninguna editorial. Además se enfrenta a un temor compartido por muchos escritores actuales: el bloqueo producido por la página en blanco.

Con su vida convertida en un desastre, no tiene un simple dólar, le debe varios meses de alquiler a su casero (que vive en la planta baja del edificio), tiene una plaga de moscas en su apartamento, se le pone enferma su gata (y como no ha abonado los tratamientos anteriores, se niegan a atenderla), pierde su último trabajo; lo cual añadido a su alcoholismo, compone una situación de extrema precariedad. Mientras trabaja en una biblioteca para intentar terminar una nueva biografía, encuentra unas cartas originales de una vieja estrella, y se le ocurre la feliz idea de quedárselas para luego venderlas en una librería especializada. Por la primera le ofrecen una pequeña cantidad, y le indican que es una pena que no estuviera más personalizada; lo cual le hace pensar que si añade a máquina, aprovechando el espacio disponible al final de la segunda, un mensaje más personal, podría conseguir más dinero.

Y eso es lo que hace, consiguiendo una buena cantidad. Esto la lleva a plantearse la posibilidad de escribir cartas a máquina de personajes célebres, como forma de vida. Durante varios años, se pone a falsificar de manera sistemática los escritos de personajes célebres (entre otras, a Marlene Dietrich), y a venderlas a una selecta red de intermediarios, que trabajan para coleccionistas especializados, hasta alcanzar las cuatrocientas falsificaciones, que según Lee Israel fueron algunas de sus mejores creaciones literarias de toda su vida.

Pero evidentemente, el fraude se acaba descubriendo… La ponen en la lista negra, incluso el FBI toma cartas en el asunto, y la llevan a juicio.

Al margen de las propias experiencias de la escritora, hay un personaje muy singular, posiblemente su único amigo, un gay crepuscular, alcohólico y drogadicto llamado Jack Hock, que va adquiriendo importancia a lo largo de la cinta, y ejerce de magnífico secundario, y cómplice en la vida real de la impostura. Es un ser entrañable, muy humano, y con un peculiar sentido de la justicia, que se adueña de la pantalla desde el primer momento.

La selección de los actores protagonistas es una de las claves del éxito de la película, puesto que resultan plenamente creíbles en todos los momentos de la misma. Melissa Mc Carthy encarna a Lee Israel, y ha participado en numerosas producciones tanto trágicas como cómicas, siendo una de sus más recientes apariciones en la cinta “¿Quién está matando a los moñecos?” (una desternillante comedia, que parodia a las películas de detectives americanas de los años ochenta), “La boda de mi mejor amiga”, “Como la vida misma”… Richard E. Grant es un secundario de lujo, a quien hemos visto entre otras producciones en “Drácula de Bram Stoker”, “Retrato de una dama”, “Su mejor historia” y “Logan”.

La aclamada cineasta Marielle Heller, quien debutó con “The diary of a teenage girl”, consigue crear una cinta de gran interés, está encantada con Lee Israel, una antiheroína que rompe con los moldes de los antihéroes masculinos. “Creo que las películas tienen siempre unos personajes masculinos maravillosos y complicados que pueden ser muy toscos y moralmente ambiguos. Tener una historia con unamujer que sea compleja, problemática, alcohólica, que cometa delitos, pero que también sea luchadora, inteligente y ambiciosa, es muy emocionante”.

Como emocionante resulta toda la película, con un dúo protagonista en estado de gracia, unas situaciones verosímiles, y que te deja deseando tener en tus manos la biografía de Lee Israel, “Can you ever forgive me?”, que desgraciadamente solo está disponible en inglés, pero que ya he añadido a mi lista de lecturas pendientes.

CINE: “MULA”, de Clint Eastwood

Por Fernando Codina.

Soy fan de Clint Eastwood desde casi antes de mi nacimiento, ya sea en su faceta como actor, con auténticas joyas del western (la famosa “Trilogía del Dólar”), o las impresionantes y siempre recomendables secuelas de “Harry el Sucio”; sin olvidarnos por supuesto de su crepuscral interpretación en “El gran Torino”, o la magnífica “Los Puentes de Madisson”. Como director, también he seguido sus películas, aunque algunas de ellas me han parecido un poco irregulares. Quizás porque a medida que ha envejecido, esto se ha notado en su personalidad o en su talento.

Pero lo que está claro es que no me ha dejado nunca indiferente. Aunque es la primera vez que casi me duermo en el cine, en mitad de una de sus obras. Y digo dormirme, hasta el punto de casi caerse la baba y empezar a roncar, no la cabezadita de rigor, por ejemplo en medio de una ópera de Mozart. Hablo de dormirme en el sentido literal.

He leído críticas muy variadas sobre “Mula”, su más reciente creación en su doble vertiente de actor y director, con su productora Malpaso. Hay quienes la ponen por las nubes, destacando hasta qué punto se mete en el personaje, o su ritmo sosegado en la dirección, situándola incluso entre sus mejores creaciones. Otros la critican desaforadamente.

Yo pienso que ni lo uno ni lo otro. Es sencillamente prescindible, es más, podría convertirse en un final de carrera no demasiado glorioso para un magnífico actor.

Quizás uno de los problemas sea el personaje protagonista, encarnado por Clint Eastwood, como un veterano de la guerra de Corea, que vive separado de su ex mujer en una pequeña granja donde cultiva extrañas variedades de orquídeas y otras plantas exóticas. Hasta que en la fiesta de compromiso de su nieta se entera de sus problemas de dinero, y uno de los invitados le da un número de teléfono, por si necesita un dinero extra. Agobiado por las deudas, decide llamar, poniéndose en contacto con el representante de un peligroso cártel de narcotraficantes mejicanos. A cambio de llevar de una ciudad a otra (en este caso, el destino es Chicago) un cargamento de drogas, recibirá una cantidad de dinero.

Es decir, se convierte en mula, y de aquí el título de la película, y la mayor parte de su argumento. Quitando un par de detalles costumbristas (como la primera aparición en el taller de los traficantes, o la fiesta de los veteranos), la película se reduce a una serie de viajes, en los que se ve a Clint Eastwood conduciendo, primero a bordo de su vetusta furgoneta, luego en una rutilante pick-up negra. Son trece viajes.

Afortunadamente hay dos tramas secundarias, que animan algo la cinta. Por una parte, la investigación del agente de la DEA (agencia anti drogas americana) Colin Bates (magistralmente interpretado por Bradley Cooper). Se pasan un buen rato jugando al gato y el ratón, intentando localizar a la esquiva mula, recurriendo a múltiples medios, desde el confidente hasta los controles de carreteras o el uso de helicópteros y vehículos camuflados. La segunda trama es la enfermedad de su ex mujer, y de qué manera les va uniendo al final de su vida, lo cual genera un par de escenas francamente interesantes.

Pero ya está. Es decir, Clint Eastwood interpreta el papel de un personaje decrépito, de andares lentos, casi sin voz, a quien prácticamente no se le entiende cuando habla en múltiples ocasiones de la película (por lo que es muy recomendable verla en versión doblada). Su deterioro físico y psicológico durante la cinta es muy evidente. No tiene nada que ver con sus otras interpretaciones de personajes de edad avanzada, como el protagonista de “El gran Torino”; ni siquiera con el bastante romántico fotógrafo del National Geographic.

No.

Es un paso más en la decrepitud de un gran actor, que me ha dejado seriamente preocupado, al no ser capaz de distinguir los límites entre el personaje que interpreta y la realidad. Si se encuentra así de mal, sería de lo más recomendable que esta fuera su última película, tanto como actor (da pena verle en todos los sentidos), como director (me ha parecido infumable).

Por una vez, y sin que sirva de precedente, aconsejo a quien tenga interés en verla que se ahorre el dinero del cine, saque de su colección de películas cualquiera de las que he mencionado anteriormente (las de Harry el Sucio, por ejemplo), y disfrute durante dos horas de una dosis de buen cine. Y dentro de seis meses, por ejemplo, la vea en streaming, que le resultará incomparablemente más barato y satisfactorio. Sobre todo porque podrá interrumpirla cuando quiera para echarse la siesta.

Que grande es el cine (vol.2)

Por Fernando López Guisado.

Buena semana a todos, muchas gracias de nuevo al Tito Athman por abrirme su bitácora, y espero que os guste esta nueva entrega crítica de lo que he comenzado a llamar “Palomitas” o “Qué grande es el cine y qué alto suben los equilibristas”. 

Life
Me flipa la horror cifi con bicho alienígena weirdo e hijoputa, de herencia Lovecraftiana, más cabreado que una novia cuando no te fijas que se ha depilado las cejas. Ese escenario asfixiante mezcla de gótica casa encantada y submarino. Un cliché que casi (digo casi porque hay algunas precursoras) comenzó con “Alien: el octavo pasajero“, referente de este género. Debo admitir que prefiero cuando el ambiente tira hacia nave oscura y aceitosa con mil recovecos digna de un camionero espacial mas que a ese profiláctico y blanquito de misión NASA, donde todos son lumbreras hiperpreparados y megainteligentes, que se sacaron la carrera de astronauta en sus ratos libres como modelos de pasarela. Life no te engaña: esto es canibalizar su referencia casi al dedillo y eso, en el fondo, se agradece. Tiene sus fallos garrafales de cargarse coherencias narrativas en beneficio del espectáculo, tan previsible como melodramático, los supervivientes finales son caucásicos angloparlantes y se añade el tufillo de que, como Ryan Reinolds cobra a doblón, lo matamos pronto pero aparece de reclamo en el cartel. Aún así, como sabes que compras de imitación, la disfruté mucho por entretenida y me parece superior a otras copias que van de renovadoras y originales. Blockbuster de usar y tirar, como un kleenex con dibujitos de Batman. 

Clown
Otra de payasos. Aunque no me dan mucho miedo sino más bien penilla. Está basada en una historia de Stephen King, con todo lo que implica… Eh, perdona, que no, no es de Stephen King. Sólo lo fusila. Pero descarado y con menos vergüenza que meterte en un sex shop a tumba abierta. Vale, aceptamos barco pero oye, ¡la peli mola! Es rapidita, se deja ver, tiene momentos divertidos y escalofriantes. Pasas un buen rato. Lo del traje maldito y el homenaje a “It” se acepta porque es simpática. Es lo típico y tópico pero casi casi no te das cuenta. Aprobado largo.

Clinical
Resumiendo: más molesta que un herpes. No me vendas una de miedo y me enchufes el tópico thriller melodrama de Antena 3 al que le falta el “basado en hechos reales”. De vergüenza. De vergüenza absoluta. 

Creep 
Mi gran sorpresa de esta tanda. No me gustan las pelis de psicópatas. Tengo que admitir que me dan el mismo miedo que los payasos. Entiendo ese vértigo de que un asesino, un ser humano, quiera quitarte la vida y no atienda a súplicas ni llantos. Que realmente los disfruta, disfruta causando dolor. Pero debo de admitir que este pseudo “found footage” es una gran película. Rodada con un bajo presupuesto, el actor principal es también el guionista. Se nota que ha puesto verdadero amor en su obra, con una premisa sorprendente de un asesino en serie que busca confraternizar con su víctima y hacerse amigo de ella. El tipo es inquietante a paladas, como esa sensación de meter la pata porque tu interlocutor extrae toda una teoría de una frase sin importancia que nada tiene que ver con lo que estás hablando y se molesta porque generalizas. Hay momentos de verdadero espeluzne como el baile ante la puerta con la máscara lupina o la llamada a la hermana desde el baño. Una joya, de verdad. Merece la pena. 

Creep 2
Secuela de la anterior que mantiene el tipo dando un giro radical y nos presenta a nuestro adorable psicópata en plena crisis existencial de los cuarenta invitando a una YouTuber en horas bajas y que está casi peor que él para que protagonice su última gran obra. Entre los dos se genera una anti química de almas gemelas unidas por sus transtornos mentales que provoca muy buenos ratos e incluso divertidos y  tiernos. Es como esa novia que no para de burlarse de ti y te ayuda a mejorar con eso. Aunque se deja ver muy bien es cierto que le falta mucha de la frescura de la primera parte y mucha de la tensión por lo que creo que la saga debe terminar aquí. Como me dijo una vez alguien especial, terceras partes nunca fueron buenas. 

Family Blood
Una de vampiros con casi todos los topicos del género (salvo lo de la dentadura postiza para esconder los colmillos y la falta de higiene bucal). Creo que pretenden hacer una especie de alegoría crítica respecto a cómo se puede sentir un hijo cuando la madre soltera se echa un nuevo novio además del eterno paralelismo conectado entre vampiro/yonki sangre/droga. Pero no logra ni una cosa ni la otra y se queda mas pobre que la WiFi gratis de un hotel. Pero es de vampiros. Hace mucho que no veia una de vampiros. 

Temple
Terror japonés con americanos de solemnidad que trata de ser polémica sobre tríos amorosos y confesión de verdades ocultas. Todo es muy japonés: el ambiente, los bosques, el kitsune, el pueblecito, las mandarinas, los niños raritos, las tiendas caóticas polvorientas en las que encuentras tanto una adaptador de enchufe como un libro de ocultismo prohibido que debería permanecer guardado por sacerdotes, el sake y las abuelas borrachas… Le falta una escena de cerezos en flor cayendo sus hojas agitados por la brisa con musica triste para el triste pagafantas. Solo le veo un problema a esta película y pesa demasiado, es una mierda y los protagonistas ayudan comportándose como retrasados metepatas. Bastante tostón. Si encima cuentas que a mi me cuesta distinguir a un oriental de otro y todos me parecen el mismo, se hace confusa, el ataque de los clones. 

XX
Ya he comentado que me encantan las películas episódicas, formadas por pequeños capítulos independientes. Esta venía con el sello del hilo conductor de los femenino y lo feminista. Me considero feminista y me interesa muchísimo la creación realizada por mujeres. Pero lo que no perdono es aburrirme y esta película es profundamente aburrida. Tampoco perdono, ya lo sabéis, pasarse de intelectual extraño y no resolver con la excusa barata de “es para que te haga pensar”. No se salva ni un solo capítulo y lo mejor que tiene es el excéntrico teatro de marionetas de los interludios: inquieta y remueve. Vamos, un fracaso total. Esa no es la manera. 

El apóstol 
Lo que podría haber sido una interesante historia de miedo primordial se queda en nada porque tratar de abarcar mucho: sectas, cultos primigenios, magia, crueldad, raptos, trama detectivesca, luchas de poder dentro del culto y fuera del mismo, castigos victorianos, tortura, chica adelantada a su tiempo que se enamora de un protagonista con menos expresividad que una rueda pinchada. Todo al final es demasiado confuso y tienes la sensación de que algo no funciona como si hubiera un piloto del coche encendido continuamente que no te permite mantener la atención adecuadamente. Roza el larguero pero no culmina. Una pena. 

Don’t knock twice
A priori, interesante. La leyenda urbana de la casa de la bruja del barrio que aquí entronca con el de la Baba Yaga y la cultura rusa, los demonios y las maldiciones heredadas. Pinta bien y tiene algunos sustos verdaderamente buenos para la media. Pero no aporta nada nuevo y es tan previsible, el malo que no es el malo sino la chica buenorra que parece buena y ese tipo de giros más pesados que una tarde en urgencias. Quiere, además, introducir cierta tensión con el asunto de la madre ex adicta que recupera a su hija. La recupera ahora que está forrada de pasta, claro. No termina de haber buena química entre las actrices. Por cierto, también hay ciertos huecos de guión que dan algo de penilla, a mi me resulta simpático el padrastro que deja a su mujer e hijastra en clara situación de tensión y tras admitir que están “teniendo visiones” y se larga de viaje de negocios pasando de su familia en un salto circense y no dar señales de vida ni preocuparse por la persona que ama hasta que llega para terminar, con justicia, troceado en el maletero. Esta es mi tipo de peli: sirve para desconectarte el enchufe de la mente y no pensar en nada. Evadirte. Aprobado general, venga. 

El exorcismo de Emily Rose
Buenos actores, buen tempo, buena dirección pero… vamos a ver, afirma que es una peli de miedo y no es cierto. Es una de abogados. Daría lo mismo si el caso fuera un exorcismo o que el cura se ha metido en una pelea de bandas del Bronx. La cosa es una de abogados con sacerdote. Todo muy de aquellas producciones de los ochenta donde el propio letrado hacía de detective y el asunto se basa en convencer a un jurado de un caso en el límite entre lo legal y lo moral. En un momento, el asunto parece animarse pero al final el exorcismo se queda en gatillazo. Y, para aún dar más vergüenza, se recurre al buenismo melodramático “made in USA” ¡con apariciones marianas! Tan edulcorado como mezclar helado con piña colada. ¡Señoría, protesto! 

El exorcismo de Anna Ecklund 
Otra de exorcismos, casi con el mismo nombre. Hay un montón por ahí. ¿Para cuando un Exorcismo de Mickey Mouse? Creo que se están pasando de exorcismos y mira que me gustan las pelis con demonio. En esta el sacerdote está continuamente estreñido y nos ahorramos el juicio pero mantenemos el trasfondo mesiánico. Pero es tan mala que al final termina en una orgía en la que tienes que hacer un esfuerzo para encontrar al que NO está poseído. Monjas haciendo karate, chicas que se erigen en elegidas de Cristo… Todo más baboso que te traigan un Banana Split preparado hace media hora: se derrite y derrama por los lados del cuenco y deja un charco en la mesa. Admito que, durante un buen rato, creo que me dormí. Así que la recomiendo para irse a la cama y que mañana sea otro día mejor.

El amanecer de los muertos
Nuevo remake (oh, sorpresa, un remake) del clásico de zombis. Pero tengo que admitir que está hecho de forma simpática y cumple con todos los tópicos así que ya he visto un par de zombis que me han gustado. Al final, voy a hacerme aficionado al género: algunas merecen la pena. Me encanta, por cierto, el juego con los carteles en las azoteas.


CINE: Green Book, de Peter Farrelly

Por Fernando Codina.

Los americanos, que son tan listos para las cosas del cine, definirían esta fantástica película con poco más de dos palabras: “Road movie” (película de carretera)o o “Buddy movie” (película de amigos). Porque en el fono, es precisamente lo que es, una mezcla magistral de ambos géneros, con el añadido de ser una historia real.

Es el producto de mezclar a un matón italiano, que actúa de encargado de seguridad y camarero en un prestigioso club nocturno (ni más ni menos que el Copacabana), con un famoso pianista clásico (que vive encima de la sala de conciertos del Carnegie Hall. Por culpa de unas necesarias obras de reforma y saneamiento del club, Tony Lip, interpretado por un tremendo Viggo Mortensen (en uno de su papeles más personales hasta la fecha), se queda temporalmente sin trabajo, y con una familia que mantener, se pone en busca de un empleo para unas cuantas semanas. Y a través de su red de contactos, se entera de que cierto pianista (a cargo del actor Mahershal Ali, conocido por sus interpretaciones en El curioso caso de Benjamin Button y Los juegos del Hambre: Sinsajo, entre otras) necesita un factótum (sobre todo un chófer) para una gira de conciertos por el Sur más profundo de Estados Unidos.

A pesar del desencuentro inicial (Tony es un poco racista, como fiel reflejo de su época; y el Dr. Don Shirley es una persona de color), consiguen alcanzar un acuerdo, embarcándose en un viaje de ocho semanas, durante las cuales el pianista dará una serie de recitales, tanto en prestigiosas salas de conciertos, como en las plantaciones de ricos propietarios. Es un viaje que, a pesar de estar planeado casi hasta el mínimo aspecto, no estará exento de problemas, por el intenso ambiente racista que se respira en la década de los años sesenta; lo cual dará lugar a numerosos problemas, que intensifican la relación entre ambos personajes. Son dos personas muy diferentes entre sí que tendrán que hacer frente al racismo y a los prejuicios, pero a las que la bondad y el sentido del humor unirán, obligándoles a dejar de lado las diferencias para sobrevivir y prosperar en el viaje de su vida. Cabe señalar que el famoso “Green Book”, o libro verde que da nombre a la película, es una guía de hoteles, alojamientos, bares y restaurantes que en el Sur dan acogida a viajeros negros.

Es una película que tiene grandes momentos cómicos, como por ejemplo la primera vez que Don Shirley prueba el pollo frito estilo Kentucky dentro del coche, a pesar de todas sus reticencias a comer con las manos (cómo no, es en un pequeño local de la cadena Kentucky Fried Chicken); o la llamada que hace madrugada al fiscal general de Estados Unidos para que les saque de una comisaría de mala muerte en la que han sido detenidos. También destaca, por su frescura, el improvisado concierto de jazz que da en un local solo para negros, al que se une toda la pequeña orquesta. Pero también otras que reflejan la dura realidad, como cuando le indican, en mitad de un concierto en una plantación de algodón, que puede usar las letrinas de los negros, al pie de un árbol, pero no los aseos de invitados; o cuando decide suspender un concierto en un hotel de lujo porque no le dejan acceder al mismo restaurante donde se tiene que celebrar la actuación.

Nick Vallelonga, el hijo mayor de Tony Lip, se crio oyendo hablar del mítico viaje de su padre con Don Shirley; y cincuenta años más tarde la ha podido plasmar en una gran película, en la que trabaja como actor, guionista, productor y director. “Desde joven, quería ser cineasta y contar historias, y esta era una gran historia que me contó mi padre. Formaba parte del acervo familiar, pero también sabía que era una historia importante sobre dos personas muy distintas que se juntan y se cambian mutuamente la vida.” Para su padre, Tony Lip (se ganó ese apodo por su gran labia y capacidad de convencer a la gente para que hagan cualquier cosa; aquí le llamaríamos “piquito de oro”), ese viaje le abrió los ojos sobre la dura situación de los afroamericanos y el aluvión de humillaciones y de peligros muy reales por culpa de las leyes raciales (entre otras las leyes segregacionistas de Jim Crow, mencionadas en la película), donde existía incluso el toque de queda. Fue algo que le abrió los ojos, al mismo tiempo que le hizo reflexionar sobre un problema mucho más evidente en el profundo Sur.

Green Book” es una de esas películas necesarias, incluso en nuestros días, porque reflejan una realidad que en ciertos aspectos no ha cambiado demasiado en el último medio siglo, tanto en Estados Unidos como en otros muchos países. Porque habla de los prejuicios, de la discriminación, de la lucha por la igualdad, y de la esperanza. Temas todos ellos de la máxima actualidad. Si eres negro y pobre, tus posibilidades de tener una vida digna serán muy complicadas. Si eres negro y rico, o si tienes un don especial, como es el caso del doctor Shirley, puedes convertirte en un juguete de los blancos, pero con el riesgo de ser rechazado por los de tu raza. Es por lo tanto también la historia de un viaje que cambiará las vidas de ambos protagonistas, convirtiéndose al mismo tiempo en el origen de una amistad que durará décadas.

En resumidas cuentas, “Green Book” es una película sumamente recomendable, hermosa y pausada, en una época en la que cada día resulta más difícil encontrar muestras del CINE con mayúsculas.


La Favorita, de Yorgos Lanthimos

Un artículo de Cristina Béjar

Muy buenas Incoherentes. Hoy me dejo caer por el blog, para traeros la reseña de la última película, nominada a diez Oscar, dirigida por el griego, Yorgos Lanthimos, conocido por obras como “Canino”, “Alps”, “Langosta” y “The Killing of a Sacred Deer”.

Conocí al susodicho no hace mucho, creo que fue en 2017 en el Festival de Cine Sitges (¿dónde si no?), con el visionado de “The Killing of a Sacred Deer” y me disgustó muchísimo. No comprendía la historia, ni de qué iba la vaina. El ritmo era lento, las actuaciones extrañas… Me pasé flipándolo muy fuerte las dos horas que duró. PERO, y sí, pongo un PERO como la copa de un pino, al salir del cine e ir a hacer la post tertulia y desgranar la historia, comprendí que acababa de ver una puta obra maestra (¿se puede decir puta en un blog?). Una maravilla. Un puzzle que encaja a la perfección como por arte de magia.

También me dí cuenta de lo dormida y relajada que estaba frente a una proyección. Que si no me dan un blockbuster mascadito, la peli no me gusta. Me enfadé mucho conmigo misma. Me estaba volviendo perezosa y rechazaba un cine que me obligara a pensar y a reflexionar.

Lanthimos me abrió los ojos con su brutal contenido social, con su inconformismo, con su protesta, con su violencia y crueldad… Así que cuando supe que podría ver otra película de él, la emoción me embargó, porque volvería a tener un desafío delante de mí, y me preguntaba qué sería esta vez y cómo encajaría su universo en una historia de época.

Dejé el tema, no indagué más y hasta ayer no pude ir al cine a verla. “La Favorita” es diferente a lo que ha hecho antes, es mucho más accesible y esto es porque Yorgos, no es el guionista como suele ser habitual, así que la cinta no cuenta con la sinergia guión-dirección. Pero a pesar de que no es una obra 100% Lanthimos, es una película que nos ofrece muchísimo.

A destacar:

  • El diseño de vestuario es magnífico, el cual corre a cargo de Sandy Powell (“La Reina Victoria”, “Velvet Goldmine”, “Gangs of New York, “Shakespeare in Love“)
  • La fotografía es de Robbie Ryan: “Slow West”, “Cumbres Borrascosas” entre muchas otras, quien también ha participado en videoclips de Massive Attack y How Destroy Angels
  • La banda sonora es exquisita
  • Las actuaciones de Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone, son alucinantes. Consiguen transmitir algo muy fuerte a través de pantalla, una reacción totalmente física, algo palpable… Fantásticas, poderosas, un tridente que se complementa a la pefección (por favor, por favor, vedla en VOSE)
  • La ambientación. Todo está muy recargado y lleno de detalles, es totalmente barroco, asfixiante, abrumador… Muy acorde con lo que nos quiere transmitir la historia
  • La dirección… Es impecable. La utilización de recursos como el gran angular, el ojo de pez, la elipsis, los planos en movimiento, la iluminación tan kubrickiana y que recuerda tanto a “Barry Lindon”… Todo esto te zambulle en ese momento histórico, en la vida de esas tres mujeres, te provoca vértigo, malestar, risa amarga…

Y ¿de qué va “La Favorita”?, pues nos encontramos en el siglo XVIII, Inglaterra está en guerra con Francia y la regente, Anne, tiene un delicado estado de salud. Lady Sarah es quien realmente gobierna el país, y su prima Abigail, aparece demandando un empleo ya que ha perdido su condición de Lady, debido al mal hacer de su padre.

Bajo esta premisa de se desarrolla una lucha de poder, una demostración del patetismo humano, de su crueldad, de su egoísmo, su inocencia, su lujuria, su soberbia. Nos habla del sometimiento, la humillación, el humor ácido y sarcástico, del amor, los celos… Resumiendo, habla de la realidad, de la propia naturaleza de las personas, de nuestra esencia, de quiénes somos y qué estamos dispuestos a sacrificar por nuestros deseos, por nuestras metas.

“La Favorita” no es totalmente Lanthimos, pero no por ello es una película para pasar por alto. Es brillante, elegante y sórdida, delicada y violenta, es un organismo vivo que provoca que no puedas apartar la mirada, es exigente con el espectador, es intensa; Es una tragi-comedia-negra.

Un “must” si amas el cine.

Cine: The old man and the gun

Por Fernando Codina.

Atención, amantes del cine… ¿Qué pasa cuando en una película coinciden en enorme Robert Redford en un papel protagonista, Danny Glover y Tom Waits como secundarios de lujo, y la increíble Sissy Spacek como acompañante femenina? ¿Y si además se junta un impecable David Lowery como director y guionista, ayudado en esto último por David Grann? ¿Y si lo unes a que está basada en una historia real, digna del mejor cine negro?

Pues el resultado es una AUTÉNTICA OBRA MAESTRA del cine contemporáneo, una película que en sus noventa y tres gozosos minutos de duración no te deja respirar, y en la que no falta de nada. Desde atracos a bancos impecables, hasta la preparación de los mismos, incluso una incipiente historia de amor. Y, por encima de todo ello, el ENORME Robert Redford, en la que será su despedida del cine, al menos como actor.

Basada en la historia real de Forrest Tucker, un apuesto y talludito ladrón de bancos, con un estilo impecable y siempre sin disparar un solo tiro. A una edad más identificada con las sopitas y el buen vino, Forrest se dedica a atacar bancos, en la película nos hablan de cincuenta y tres, en cinco estados diferentes (aunque en la escena final nos comentan que atracó otros cuatro, ¡el mismo día!). También nos hablan de la implacable persecución de un joven agente del FBI, en una época, los primeros años ochenta, en la que estas operaciones no eran comunes. Y asistimos a una dulce historia de amor, entre dos personajes, Forrest y Jewell, que en cierto modo estaban condenados a encontrarse.

En la película, también hay espacio para grandes momentos cómicos, como la reunión previa al atraco del banco de Forrest, Waller y Teddy; o el intercambio de mensajes garabateados en billetes de Forrest y su némesis, el agente Hunt, interpretado por un sobresaliente Cassey Affleck. Pero también hay persecuciones a toda velocidad (aunque la última de ellas termina a lomos de un caballo), huidas de la cárcel (recordando viejos tiempos y sus dieciocho fugas previas), escenas románticas…

En resumidas cuentas, una historia demasiado buena para ser verdad, que reúne a un plantel de actores en estado de gracia y a un director capaz de sacar lo mejor de todos ellos. Una de esas películas que resulta necesario ver en versión original para disfrutar plenamente de unos actores impecables.

Robert Redford acumula a lo largo de su carrera una inolvidable galería de ladrones y forajidos, y esta es posiblemente la interpretación más tierna y al mismo tiempo un poco gamberra que el veterano actor nos ha regalado en los últimos años. Y si realmente es su despedida del cine como actor, extremo este que ha sido mencionado por el intérprete, se me ocurren pocos broches de oro más concebidos a su medida. La historia de un ser que vive la vida intensamente, y cuya sonrisa parece bendecirnos desde la pantalla. La épica vida de un granuja, a todo gas.

Mi vecino Totoro cumple treinta años

Por Fernando Codina.

Si con las palabras “¡Tora, Tora, Tora!” dio comienzo el ataque japonés contra la base americana de Pearl Harbor en diciembre de 1941, el nuevo grito de guerra en numerosos cines españoles es “¡Totoro, Totoro!”, con esa musiquita y ese acento tan pegadizos que hacen sonreír por igual a niños y a adultos. Porque la película de animación japonesa, “Mi vecino Totoro”, producida por los Estudios Ghibli, acaba de cumplir treinta años, y lo celebran con un re-estreno en unas cuantas salas de Madrid, y en el resto de España.

Como buen aficionado al cine en versión original, hace un par de días fui a verla a mis cines de cabecera, los Renoir (en parte por su genial opción de la vuelta al cine, con precios inferiores a los de la taquilla). Al entrar en la sala, pensé que iba a haber poca gente, en buena parte por la hora (las seis de la tarde de un jueves), pero sin olvidar el inconveniente de la propia versión original. Porque para mí era bastante distinto el ver una película en francés, italiano o inglés, idiomas que conozco bastante bien, que en japonés, donde solamente soy capaz de dar las gracias (“domo arigato”, y eso gracias a la serie “Shogun”).

Pero sin embargo, la sala estaba casi completamente llena, y no solo de adolescentes, sino también de personas de cierta edad. A mi lado se sentaron una chica de unos treinta años, y su madre, en la sesentena, y ya desde los créditos iniciales empezaron a cantar por lo bajinis la melodía…

Porque hay que reconocer que es pegadiza, y que suena muy bien, y que se mete en la cabeza del espectador. Como todo el resto de la película, por otra parte. El argumento no puede ser más sencillo: dos niñas, una de ellas poco más que un bebé (llamada Mei), y la otra una pre adolescente (Satsuki) se mudan a su nueva casa, en pleno campo, a vivir con su padre, mientras que su madre se recupera de una grave enfermedad en el hospital de la comarca. En el bosque cercano, las niñas descubren la existencia de seres míticos y extraordinarios, como su nuevo vecino, el gigantesco Totoro.

Es un personaje que tal vez debería dar miedo, por su enorme tamaño, sus garras afiladísimas o su tremenda boca llena de dientes amenazadores, pero que es en realidad un espíritu del bosque, que solo puede ser visto por personas de corazón puro. ¡Y no nos olvidemos del impresionante y enorme gato autobús, con sus incontables patas y su curiosísimo cuerpo moldeable! Las niñas vivirán varias aventuras con estos curiosos seres, a los que es imposible no tomarles cariño.

El caso es que durante los noventa minutos que dura la película, y quizás por la complejidad añadida del idioma original, tanto los demás espectadores como quien esto escribe, fuimos completamente abducidos por “Mi vecino Totoro”… y salimos del cine tarareando la dichosa musiquilla. Ha sido toda una experiencia, casi catárquica, y perfecta para olvidarnos del mundo real.

La película, dirigida por Hayao Miyazaki, se convirtió desde su lanzamiento en todo un fenómeno a nivel mundial, casi en el icono de toda una generación de niños que crecieron bajo su sombra. Y la carrera del director ha sido impresionante, siendo el responsable de otras películas míticas como “La princesa Mononoke”, “El castillo ambulante” o “Se levanta el viento”. En resumidas cuentas, toda una experiencia cinematográfica, que estaré encantado de repetir en cuanto cobre y pueda comprarme la película en DVD.