Si pudiera cambiarlos, de Torikaebaya Monogatari (Satori Ediciones)

Por Soraya Murillo.

Este relato del siglo XII permaneció silenciado durante siglos por ser considerado obsceno e inmoral y por su carácter desafiante hacia los roles de género imperantes, y fue redescubierto en 1968, gracias al premio Nobel Yasunari Kawabata.

Vamos a leer una historia transexual en el Japón antiguo. Los eruditos del periodo Meiji, en su momento, se centraron en lo que a ellos les parecía lo inmoral de la historia y no en el contenido literario, que es en sí maravilloso y, como todo lo japonés, sensible.

El prólogo será narrado con la forma de un cuento: la obra que les presentamos es la historia de dos niños, un varón y una fémina, hijos de un ministro de la Izquierda con dos mujeres pertenecientes a las dos familias más distinguidas de la época. Los hermanos (hermanastros en sentido estricto), parecidos como dos gotas de agua, se designan en primer lugar como “Himegimi” (distinguida dama) y ” Wakagimi” (Joven señor).

En el periodo Heian, los sueños de un padre para el futuro de sus hijos se van desvaneciendo. Su hijo varón es tímido, reservado y sus aficiones son femeninas, mientras que su hermana es todo lo contrario: nunca está en su cámara, es vivaracha y juega a la pelota. El padre espera que el paso del tiempo los normalice, pero cuando comprende que ese cambio no termina de llegar, decide criar a sus hijos según sus tendencias naturales y los presenta en sociedad con los géneros intercambiados.

Estamos ante una historia muy hermosa. Debemos entender que no debía ser algo bien visto y aun así, el padre no se enfada, no les grita, no los humilla. Solo esta triste de ver que no son como él quisiera que fueran. Su padre entiende que es importante dejar que la naturaleza se salga con la suya. La cultura japonesa está repleta de historias de cosas malas que suceden cuando el hombre trata de forzar su voluntad para cambiar algo que es natural. En sí, podemos decir que es una perspectiva muy taoísta: no sabemos qué es bueno o malo, correcto o incorrecto.

La belleza en el arte y la literatura japonesa está en su enfoque minimalista. Todo el exceso está tallado para mostrar lo esencial. Aquí nos asombraremos de la delicada armonía de su escritura del siglo XII, que nos sorprenderá por su modernismo.

Nuestros protagonistas principales, los dos hermanos, a lo largo del libro van adoptando diversos cargos por los que se les nombra. Esto os traerá alguna duda, que podéis consultar el apéndice dos, aunque eso no influirá en nada para poder seguir la vida que les espera, tanto como hombre o mujer, en ambos. De ellos leeréis maravillas. Cuando tocan instrumentos musicales es como si no fueran de este mundo. Esa música llenará el ambiente de la novela de mucha melancolía. Por entonces era normal llorar ante cosas hermosas, muchos kimonos de seda serán mojados cada vez que ellos hagan acto de presencia. Incluso llegan a decir de ellos que son espíritus disfrazados temporalmente de personas, tal es el enigma que dejan a su paso.

Nos recordará su autor la gran elegancia de entonces en la forma de vestir. Varias capas de seda coloridas, pues eran los colores que lucían lo que diferenciaba los distintos rangos sociales. Por ejemplo, el rango más alto llevaba el color morado e iba haciéndose más claro a medida que se bajaba de estatus.

Los hermanos irán creciendo y el hecho de que se comporten con el sexo al que no corresponde su cuerpo, hará que sufran, llevándoles a pensar si no es una especie de karma que deben cumplir. Habrá situaciones muy penosas y complejas en la vida de ambos, que afectarán a otros porque el amor es una cosa, pero los sentimientos son otra. Ellos en ningún momento quieren hacer sufrir, pero será inevitable. Y con ellos sufrirán otros. Suspiros en la noche de unos cuerpos que no pueden cumplir como les corresponde.

Según avancemos en la historia aparecerán más personajes: el Ministro de la Derecha; su cuarta hija llamada Shi no Kimi; Mikado, el soberano celeste; Onna ichi no Miya, la princesa heredera… entre otros. Cada uno se cruzará con los hermanos y su destino estará unido, de una manera u otra, con ellos para siempre.

Mientras tanto, en lo profundo de las montañas, vive un príncipe con sus dos hijas. Él vive consagrado a Buda en los montes de Yoshino, esperando que el destino le traiga aquel a quién espera…

Es una novela divertida, con situaciones que os dejarán alguna sonrisa, siempre con ese fondo de perfumes indescriptibles y el sonido del frufrú de la seda. Una bonita historia de dos hermanos, cuya enseñanza nos dice que no podemos tener éxito viviendo una mentira. Cuando aceptamos nuestro verdadero yo, somos lo mejor de nosotros mismos.

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