Perros y lobos, de Hervé Le Corre (Reservoir Books)

Buenas tardes, mis queridos Lectores Ausentes.

Hoy os voy a hablar de Perros y lobos, de Hervé Le Corre, un autor francés especializado en novela negra al que no conocía, pero del que me habían hablado muy bien.

Franck sale de la cárcel tras cumplir condena, no quiso delatar a su cómplice en un atraco: Fabien, su hermano mayor. Lo acoge en su casa Jessica, la novia de Fabien, esperan su regreso de España, adonde fue a cerrar un negocio. Pero el lugar al que llega Franck es una asfixiante vivienda que debe compartir con la familia de Jessica y un perro amenazador.

Entre los pinos de las Landas de Gascuña, lejos de Burdeos, el verano trae un calor denso, húmedo y malsano que despierta los más bajos instintos. Además, una banda violenta hostiga a Jessica y su familia. Cuando salgan a la luz los motivos reales de la ausencia de su hermano, Franck dejará de una vez por todas su disfraz de perro dócil y se convertirá en un lobo despiadado.

La verdad es que las referencias eran ciertas y que ha sido una buena lectura, aunque aclaro también que en cierta medida, varias de ellas exageraban al respecto. Y es que la novela que nos ocupa, a nivel argumental, no sorprende y la historia que nos cuenta  (siempre con matices), nos resulta familiar y sin llegar a resultar predecible, si intuimos que las cosas pueden ir en tal dirección.

Dejando este aspecto a un lado, hay dos puntos en los que la obra si destaca y el principal de ellos es en la ambientación y la atmósfera malsana que logra crear. Asfixiante, opresiva de un modo angustioso, claustrofóbica, en un escenario que tiene tanto peso en la trama que se convierte en una suerte de personaje más e influye de tal forma en el ánimo (del protagonista y del propio lector), que uno se siente agobiado, atrapado en una trampa, en una jaula sin barrotes, pero que nota a su alrededor, cercándolo y condenando su futuro. El calor, las moscas, el tedio. La casa misma no es un hogar, solo un refugio en el que se cobijan las alimañas, un edificio decadente, rodeado de neumáticos viejos y chatarra. La caravana, una celda con vistas, donde el protagonista se resguarda tras unos milímetros de chapa bajo el sol abrasador. Lo cotidiano convertido en pesadilla, que se repite. El silencio, aterrador, como preámbulo de desdicha. El tiempo no pasa. Todo languidece. El ánimo, las fuerzas, la paciencia…

El otro punto a resaltar es la creación de los personajes. Hervé hace aquí un trabajo magnífico, retratando a cada uno de los miembros de esta familia disfuncional de manera magistral. Lo vulgar, lo marginal, lo cruel…Todo ello, en principio, disfrazado de falsa normalidad, que se cae a pedazos en el momento que uno se fija en las costuras y los remiendos, descubriendo lo que hay debajo. El Viejo, un zorro, charlatán,  y siempre con sus chanchullos, alguien mediocre en el sentido más ofensivo del término, metido en trapicheos y buscando siempre sacar algo de provecho. La madre, una arpía alcohólica, resentida con todos, amargada y resignada a ser quien es y vivir como vive, buscando herir para sentirse viva. Jéssica, la hija de ambos, una serpiente. Seductora, caprichosa, pecado y lujuria. Locura y desfase, drogas, sexo y alcohol. Desequilibrada, manipuladora en extremo y con tendencias autodestructivas. Cualquier método es bueno por salir del infierno, sea cual sea el precio a pagar, aunque sea el condenarse a si misma. Escapar, huir hacia ninguna parte, hacia ningún lugar, pues ella misma es parte implícita de ese averno y lo lleva consigo allá donde va.

Una familia en la que todos son culpables, ruines y mezquinos, en el que no hay lugar para el amor, el cariño ni nada que no sea los intereses de cada uno, pero condenados a permanecer juntos, a soportarse a duras penas, a seguir en esa mentira de la que no saben como escapar. Violencia, impulsos, ambiciones y traición.

Rachel, la niña muda, rara y extravagante, una flor en el estercolero, sumida en su propio mundo, utilizando esa especie de autismo como coraza ante la inmundicia que la rodea. El hermetismo para suplir el afecto, para paliar los episodios de furia de su madre, el abandono y el desapego. Su aparente fragilidad no es tal, hay fortaleza en ella, hay valentía en su corazón, aunque sea evadiéndose de la realidad.

Y el perro. Ese can negro. La mascota que no es tal, traicionera, astuta, que deambula por la propiedad. De alguna forma, es el propio reflejo de la familia que la acoge. Siempre vigilante, con esa mirada que denota inteligencia y maldad.

El perro no siempre es el mejor amigo del hombre. Ni el lobo logra siempre comerse a Caperucita, sobre todo si esta resulta ser más feroz que él, más cruel y ladina.

Creo que estas dos frases resumen el libro a la perfección. Así que poco más puedo añadir a esta reseña. En todo caso, solo recomendaros que le echéis un ojo, porque de verdad que vale la pena.

Lo pasaréis mal. Sentiréis el agobio, la angustia, la opresión que siente el protagonista, cuando esa calma chicha se convierta en vuestro día a día. Cuando el calor y las moscas os hagan resoplar. Cuando el sudor empañe vuestra vista y os preguntéis que coño hacéis aquí, en esta espera eterna, en medio de ninguna parte. Y cuando descubráis la verdad, lamentaréis no haber mordido la mano que os daba de comer.

https://www.casadellibro.com/libro-perros-y-lobos/9788417125578/6409486

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En silencio, de Marin Ledun (Off Versátil)

Buenos días, mis queridos Lectores Ausentes.

Hoy venimos con un thriller que me ha dejado muy buen sabor de boca por su particular forma de tocar el género. Personal, en ocasiones tan intimista, que la historia que nos cuenta queda relegada a un segundo plano y lo que de verdad destaca es el tratamiento de la naturaleza humana y de la psicología de los personajes, de lo que sienten, de aquello que les empuja a actuar y comportarse como lo hacen, hasta el punto de que pese a mantener todos los elementos de una novela que encaja en lo de negra y criminal, yo la definiría, según las impresiones que me ha ido dejando durante su lectura, como un drama. Si, tal cuál. La fatalidad es una hija de perra que se cruza en nuestro camino de la forma más absurda y cuando eso sucede, sus consecuencias son imprevisibles. Cuando tu vida se derrumba, cuando has tocado fondo y no queda rastro de quien un día fuiste, cuando ya no tienes nada que perder, resulta imposible saber a donde te llevarán tus actos y cuáles serán sus consecuencias.

Admito que no había leído nada de Marin Ledun, y que fue esa sugerente y fantástica portada la que, junto a la breve sinopsis del libro, lo que me llamó la atención y ganas de hacerme con él. Una vez terminada su lectura, solo puedo decir que, pese a un apunte que mencionaré más tarde, me alegro de haberlo hecho, pues ha sido todo un descubrimiento. En él, se manifiesta de pleno La Gran Triada: Culpa, Castigo y Redención, algo que ya sabéis que me fascina, pues es uno de mis temas favoritos.

En Silencio, curioso título para una novela en la que el autor nos habla de un tema tan viejo como el mundo. La Venganza. En este caso, esta se manifiesta de forma violenta, no tanto a nivel físico como una vulgar vendetta a sangre y fuego (que también), sino de una forma retorcida, haciendo hincapié en el trauma psicológico de la estrella de esta función, Émilie, en su estado mental y en ese juego macabro y a ratos, absurdo, que se convierte en un vis a vis entre los protagonistas, un careo existencial a puerta cerrada en un escenario acorde para la ocasión, tan deprimente y desastrado que representa a la perfección su propia existencia. Una perrera, donde los animales gimen, ladran, muerden y se pelean, abandonados a su suerte. Un ambiente sórdido y decadente que refleja la propia condición humana de los personajes, enjaulados, cada uno a su manera, y enseñando los dientes, asustados y lanzando dentelladas como única defensa ante el miedo, confinados en una jaula que ellos mismos se han creado a medida.

Somos muchos los que pensamos que en ocasiones, cuando ocurren ciertas cosas, solo nos queda saldar cuentas, puro Talión. Ojo por ojo, diente por diente, que al resarcirnos encontraremos la paz. Para otros es todo lo contrario: la venganza no solo no cambiará nada, sino que nos cargará con una losa que arrastraremos para siempre, creando un vacío en nuestro interior que jamás seremos capaces de volver a llenar. Y es que la cuestión que se nos plantea la novela es trascendental: ¿Existe siempre un culpable o somos nosotros quienes decidimos que así sea?

Émilie es una joven que lo tenía todo. Vivía su vida como siempre había querido. Un presente maravilloso y un futuro todavía más prometedor. Ahora, es una discapacitada, alguien que depende de una prótesis para poder caminar, como resultado de un accidente de tráfico. Rota, hundida, ve como todo su mundo se desmorona. Su caída al infierno es absoluta. Se ahoga en un pozo de mierda existencial y cuando toca fondo, solo queda algo que la empuje a seguir viviendo: Ver arder el mundo.

Cegada por la amargura, Émilie necesita encontrar un culpable. En realidad, no es más que la búsqueda desesperada de hallar un motivo, de una explicación que responda a la gran pregunta:¿Por qué a mí? Una justificación, una razón. Algo a lo que poder exigir cuentas.
Ledun se vale de esta premisa para interrogar al lector: ¿hasta dónde seríamos capaces de llegar en un caso así, cuando nuestra vida cambia de una forma tan terrible e irreparable?
El autor, sin apenas esfuerzo, va tensando la cuerda, dándonos información sin prisas, generando de forma en apariencia sencilla, una sensación de asfixia, a medida que vamos conociendo a Émilie, quien se va descubriendo como alguien muy distinta a la idea preconcebida que teníamos de ella al principio. Una víctima, si. Pero no del modo que pensamos. Alguien ofuscado, incapaz de razonar, con tendencias autodestructivas, obsesionada por saldar deudas y terminar con todo de una vez, sea cual sea el precio a pagar.
Utilizando con gran acierto sus herramientas, el autor nos habla sobre la soledad, la derrota, la angustia, el miedo y la ira… La depresión, la autocompasión, la incapacidad de aceptar los hechos, ni la culpa. Una culpa que nos corroe por dentro, pero que necesitamos exorcizar, sacar fuera, ponerle un rostro. Encontrar contra quien dirigir nuestra rabia, nuestro odio, nuestra impotencia. Cuando nos golpea la tragedia, necesitamos un culpable sobre quien descargar todo el dolor y frustración que se aloja en nuestros corazones. No podemos señalar a Dios ni al Destino como los causantes de nuestra desgracia, ya que ellos hacen oídos sordos a nuestros gritos y lágrimas. Libre albedrío, ser consecuentes con nuestros actos: Una putada, vamos.

Ese dolor se convierte en furia y esta, en obsesión. Rabia contra todo y contra todos, incluso contra nosotros mismos. Debe haber un responsable, alguien a quien acusar, a quien hacerle pagar. Contra quien clamar venganza y ver derrotado, purgando sus pecados y pidiendo clemencia. El castigo que queremos infligir, vomitar sobre él lo que llevamos dentro, ese fuego que nos enloquece y con el que quisiéramos arrasar con todo, incluido el propio mundo. No sabemos si será suficiente, si servirá de algo, pero es lo único que nos queda. Lo mismo sucede con el perdón, una palabra que nos viene grande, que no somos capaces de contemplar, que no tiene cabida porque nos deja desarmados, sin argumentos, echando abajo todos nuestros planteamientos y a la que tememos, porque es sinónimo de nuestros propios errores, de nuestra debilidad, de la derrota que supone comprender que hagamos lo que hagamos, nada cambiará nuestra situación, ni nos devolverá nuestras vidas, ni nuestro pasado. Y por último, la redención, una quimera que no queremos alimentar por que nos parece imposible, fuera de lugar, pero que en secreto ansiamos sobre todas las cosas. Negamos con lágrimas en los ojos, confusos, perdidos y desorientados, pero esa necesidad palpita en nuestro interior, un deseo inconfesable de aferrarnos a algo que nos salve de nuestra propia destrucción, ser capaces de sobreponernos, de aceptar lo ocurrido, de ser honestos con nosotros mismos y de abrir un resquicio de luz que nos permita seguir adelante con nuestra vida, por dura que nos resulte y por mucho temor que sintamos ante lo que nos depare el futuro. De vivir con ello.

Una pequeña joyita, más que recomendable, aún con sus defectos. Brillante, hermosa, aunque imperfecta, al menos en su desenlace. El cierre , aunque correcto y comprensible (y no digo que no sea acertado), me ha parecido flojo. Se queda en tierra de nadie, no se decanta ni se atreve, ni para bien ni para mal. Y a mi entender, lo que necesitaba la obra al finalizar era justo eso, uno de los dos extremos, sin medias tintas.
Salvo ese detalle, que como siempre digo es una simple observación personal según mi propio criterio y gustos, considero que es una novela muy, muy interesante y que deberíais tener en cuenta. Si queréis algo más que un simple thriller o una historia de venganza al uso, con esto disfrutaréis, os lo aseguro.

Echadle un tiento y ya me contaréis.

En silencio

Marin Ledun

Off Versatil

https://www.casadellibro.com/libro-en-silencio/9788494819155/6445798

 

 

 

 

Al otro lado del miedo, de David Jasso

Por Soraya Murillo.

Duele. Esta novela duele leerla, como si mientras la lees, alguien te arrebatara todo lo que has sido hasta hoy.

Personalmente me ocurre algo muy curioso con David Jasso.

Pasa el tiempo y si no escribe nada nuevo, lo extraño. Simplemente es eso: cuando no está, acabas echando de menos sus historias realistas.

En esta novela se atreve a llevarnos al otro lado del miedo. ¿Y qué sitio es ese, pensaréis? Cuando te derrotan, te destrozan, te humillan y, tras levantarte, descubres que ya no te encuentras en el mismo lugar, que sin saberlo cruzaste al otro lado. Ese es el lugar del que hablo. Nunca se regresa del infierno igual que entraste.

Empiezo:

España en plena crisis, cuando los despidos y la pérdida de la vivienda estaban al orden del día.

Gustavo y Susana han tocado fondo, y son echados a la calle con dos hijos pequeños, Nuno, de nueve años y Luna, de casi cinco. Las asistentas están desbordadas, demasiados casos como el de esta familia. Les prometen una vivienda que no llega, mientras tanto ocuparán una nave industrial a las afueras en un descampado al sol.

Para una madre eso es insufrible, llevar a sus hijos donde no hay agua directa ni luz eléctrica. Susana, en un último intento a la desesperada, buscará trabajo. Le acabarán de romper el alma.

La crisis afectó también a Ernestina. La academia que abrió junto a su novio (de inglés y clases de repaso), tampoco da mucho de sí, y los padres no pueden en esos momentos gastar un dinero extra.

A Mono, otro de nuestros protagonistas, no le afecta tanto que no haya trabajo, él se dedica a lo que se dedica y para eso no existe tanta crisis, pero la policía anda cerca y debe abandonar su mochila justo en la academia de Ernestina, donde dos de sus alumnos, Berta y Miguel, la encontrarán…

Y ahí, en ese escenario de la calle, viendo cómo Mono corre y los dos chavales pillan la mochila, se encuentra nuestro personaje más peculiar, Florentino. Él no sabe traducir la expresión de una cara cuando la mira. No llega a ser un psicópata, pero no siente las cosas, le dejan indiferente, puede hacerte daño incluso y disfrutar con ello. Probablemente no tuvo una infancia bonita y no se crearon vínculos emocionales hacia su familia y por tanto tampoco hacia los demás. Y desea esa mochila.

Todos ellos, sin saberlo, porque en el fondo es nuestro autor quien lo va moviendo, terminarán encontrándose…

¿Qué vais a leer?

Ya os lo dije al principio, una historia realista, que tal vez nosotros mismos hemos vivido bien en carnes propias o en ajenas. Diálogos brutales y directos, muy bien trabajados en el caso de Florencio. Jasso comprendió que era especial y quiso que eso lo entendiéramos hasta en su forma de hablar y mostrarse a los lectores. Una historia muy dura, de puertas que se cierran, de ayudas que no llegan, de indiferencia, y el terror de saber que te encuentras frente a un hombre al que tu vida no le importa nada, absolutamente nada.

David Jasso nos dejó un mensaje muy claro: las cosas están mal, pero pueden empeorar. Así que poco a poco, según avancéis la historia, lo vais a comprobar.

Es tierno con Susana. Me gusta el valor que le infundió a esa mujer, pero al mismo tiempo me desconcentra con Florencio. Es un hombre terrible, pero da la sensación de que Jasso quiere decirte: “Bah, estaba ahí, es así, ¿que esperabais que hiciera?”. Dicen que cuando un autor escribe, suele hacerlo sobre aquello que más le aterra. Pues bien, a nuestro Jasso le aterra la realidad. Sabe que es más fácil que te acuchillen en la calle a que veas a un muerto, y escribe sobre eso, al menos en esta novela.

No sabría decir si es su mejor obra, pero sí puedo confirmar y lo hago, que es una de las mejores. Jasso toma un suceso que bien podría ser real y lo recrea para nosotros, sin esconder ningún detalle, directo al corazón.

Gran novela, sin ninguna duda, donde sólo te queda una opción cuando te levantas de nuevo y entiendes que todavía te queda un asunto más por cerrar… No hay la excusa de que es ese momento inoportuno y la decisión errónea en el lugar equivocado. Aquello era un descampado, un lugar abandonado ¿Desde cuando ocurren cosas buenas en sitios así?

Pero Jasso siempre te da un respiro, aunque sólo es eso, un poco de aire para que llegues al final de su novela, donde una vez más te destrozará.

Gracias, David Jasso, por este trabajo. No nos dejes nunca.

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CINE: The Babadook, de Jennifer Kent.

Un artículo de Mitsuko C.

Año: 2014

Duración: 95 minutos

País: Australia

Directora: Jennifer Kent

Guión: Jennifer Kent

Música: Jed Kurzel

Fotografía: Radek Ladzcuk

Reparto: Essie Davis, Noah Wiseman, Daniel Henshall, Hayley McElhinney, Barbara West, Ben Winspear, Tiffany Lyndall-Knight, Tim Purcell, Benjamin Winspear, Cathy Adamek, Carmel Johnson, Adam Morgan, Craig Behenna, Michael Gilmour, Michelle Nightingale, Stephen Sheehan

Productora: Entertainment One / Causeway Films / Smoking Gun Productions

Género: Terror, thriller psicológico

Web oficial: http://thebabadook.com/

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=szaLnKNWC-U

 

Sinopsis:

“Tras la muerte de su marido, Amelia intenta criar sola a un hijo conflictivo, Samuel, quien tiene pesadillas recurrentes y cree que un monstruo le persigue. El ambiente del hogar familiar se vuelve cada vez más extraño con la aparición del libro “Míster Babadook””

 

Esta es la sinopsis que leí en la página del Festival de Sitges de 2014, y que me enganchó. Ya sabéis que hay muchos títulos en el Festival, pero este me llamó especialmente la atención, quizá porque la dirección está a cargo de una mujer, Jennifer Kent (dicho sea de paso, esta esta es su primera película como directora) o por la idea de una historia de terror dentro de una familia monoparental.

Pues no debí de ir desencaminada al fijarme en “The Babadook”, ya que se llevó el premio del Jurado y el de mejor actriz para Essie Davis, y no sólo eso, cuando la vi fue toda una revelación.

Acostumbrados al susto fácil, con música alta y estridente, “The Babadook” es el contrapunto, todo se consigue de una manera sutil, pero asfixiante. Claro que veremos algún efecto, pero casi sin importancia y esto es lo que le da una atmósfera terrorífica y agónica a la cinta.

Si veis el tráiler, sabréis que hay algo sobrenatural en la historia, pero a mí me gusta más leer entre líneas. No es ese ser, “Míster Babadook” quien me aterroriza, es la naturalidad de la historia, es el saber que hay algo que les pasa a personas normales y corrientes, es saber que en realidad, cierta parte de lo que se explica en este guión, le puede pasar a cualquiera y que realmente está pasando.

La interpretación de Essie Davis, es simplemente perfecta, por eso os recomiendo encarecidamente que veáis la película en VOSE, porque si no os perderéis entonaciones, sutilezas de su voz, que aunque aquí se doble muy bien, no es lo mismo y si podéis que hagáis un segundo visionado, hay detalles, que sólo se pueden apreciar a la segunda.

Así que os insto a que mañana viernes 16, sin lugar a dudas, vayáis a ver esta maravilla del cine de terror, que da un soplo a un género que se asfixia poco a poco, y en el que parece que innovar es muy difícil. Pues he aquí un ejemplo de lo contrario.

CINE: Coherence, de James Ward Byrkit

Un artículo de Mitsuko C.

Título original: Coherence

Año: 2013

Duración: 89 min

País: USA

Director: James Ward Byrkit

Guión: James Ward Byrkit, Alex Manugian

Música: Kristin Øhrn Dyrud

Fotografía: Nic Sadler, Arlene Muller

Reparto: Emily Baldoni, Maury Sterling, Nicholas Brendon, Elizabeth Gracen, Alex Manugian, Lauren Maher, Hugo Armstrong, Lorene Scafaria

Productora: Bellanova Films / Ugly Duckling Films

Género: Intriga, thriller, ciencia ficción

Web oficial: http://coherencethemovie.com/

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=sEceDz1Rodc

Sinopsis:

“Un grupo de amigos se reúnen para cenar coincidiendo con el paso de un cometa, que en 1923, en Finlandia produjo un efecto extraño en los habitantes de un pequeño pueblo, dejándolos desorientados y con lagunas de memoria”

Coherence” es la ópera prima de James Ward Bykrit y menuda ópera prima. Su debut ha sido por la puerta grande, nos encontramos ante una de las maravillas del thriller psicológico de la ciencia ficción de este siglo, me atrevería a decir.

Cada uno de los segundos de esta película es un deleite absoluto para los que nos gustan los retos y los filmes que desafían, en cierto modo, al intelecto. Con ello no quiero decir que si no tienes conocimiento de física, pues no vayas a entender la peli, pero sí que ayuda que tengas ciertas inquietudes para plantearte dudas y posibles explicaciones a las mismas.

En esta cinta experimentamos qué sucedería en nuestras vidas si escogiéramos de una u otra forma, se habla de la “Teoría de Schröedinger”, se habla de la vileza que se esconde dentro de los seres más delicados y de cómo se puede sucumbir en un micro segundo a decisiones, que sabemos de primera mano que son erróneas.

No quiero desvelar mucho de lo que veréis si apostáis por verla, pero sí que os recomiendo que lo hagáis, porque Bykrit ha conseguido un trabajo impecable e inquietante con un presupuesto bastante ajustado, con lo que nos demuestra, que se puede hacer cine de calidad sin necesidad de grandes efectos.

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