Sucker Punch, de Zack Snyder (2011)

Pues resulta que servidor está en plan de revisitar algunas joyitas que a mi entender, fueron injustamente maltratadas. Películas que son buenas y molan mogollón, por mucho que algunos os emperreis en decir lo contrario.

A esta maravilla que es Sucker Punch, a pesar de la hostia que se pegó en taquilla, lo único que le pesa (y admito que no es poco) es que Snyder no se atreviese a llamar las cosas por su nombre (supongo que por temas de productora y clasificación de edades) y la gente no entendiese ni aceptase las metáforas propuestas ni el eufemismo de baile=prostitución/abuso. Le faltaron agallas y honestidad en ese sentido, el atreverse a decir y mostrar las cosas como son, sin subterfugios.

Porque seamos sinceros. Como bien apuntaba en facebook Diego García, hablando sobre el tema, si dejamos a un lado las macarradas, de lo que habla la peli es de unos temas tan duros como son el abuso (en todas su facetas) y la enfermedad mental, convirtiéndose así en una película disfrazada de evasión videoclipera que esconde un análisis más profundo, al que ni siquiera hace falta llegar para disfrutarla. Te puedes quedar en la superficie y no pasa nada.

Estamos ante una cinta que da justo lo que prometía, tal cual. Si fuiste a verla, sabías a lo que ibas. Efectos de la leche, hostias como panes, chicas guapas y supersexys, acción, katanas, dragones, robots, samuráis y nazis. ¡Una jodida fantasía! ¿Que más quieres?