-Cine- Abraham Lincoln: Vampire Hunter, de Timur Bekmambetov

Una crítica de Marta S. March

Período de rodaje 14 marzo 2011 – 30 junio 2011

Año de estreno 2012

Duración 105 min.

País USA

Director Timur Bekmambetov

Guion Seth Grahame-Smith, Simon Kinberg

Música Henry Jackman

Fotografía Caleb Deschanel

Reparto Benjamin Walker, Mary Elizabeth Winstead, Dominic Cooper, Rufus Sewell, Alan Tudyk, Anthony Mackie, Robin McLeavy, Jimmi Simpson, Jaqueline Fleming, Marton Csokas

Productora Abraham Productions / Bazelevs Production / Tim Burton Productions

Web oficial  http://www.cazadordevampiros.es/     http://www.ablincoln-cazadordevampiros.com/

-OPINIÓN-

En esta ocasión Bekmambetov, director de las populares Guardianes del día (2006), Guardianes de la noche (2004), productor de la desastrosa La hora más oscura (2011) y la inquietante (altamente recomendable) Apollo 18 (2011), se ha subido al tren de la moda vampírica de la mano del escritor, guionista y productor Grahame-Smith. En Abraham Lincoln: Vampire Hunter, Bekmambetov ha contado con la colaboración de Tim Burton como productor, el que parece que últimamente ha cogido el gusto a las historias ligeras protagonizadas por succionadores de sangre.

¿De dónde sale esta historia? Todo empezó con el libro ilustrado de Grahame-Smith, Abraham Lincoln, Vampire Hunter publicado en abril del 2010. Grahame también es uno de los autores del libro Pride and Prejudice and Zombies (2009) juntamente con el ilustrador Roberto Parada y actualmente está involucrado en las futuras adaptaciones a la gran pantalla de Beetlejuice 2, Pride and Prejudice and Zombies e It, entre otras.

 

Bien, tenemos la historia ¿ahora qué? Le añadimos una buena dosis de Wild, wild west (1999) y la aliñamos con unas coreografías que dejarían al mismísimo Blade con la boca abierta y ¡ala! ya la tenemos, Abraham Lincoln: Vampire Hunter adaptada al cine y, para más inri, también en 3D.

Aun reconociendo que en cierto modo la disfrutamos, Abraham Lincoln: Vampire Hunter es un auténtico despropósito. El director trabaja, parece que sin ponerle mucho empeño, para introducir grandes dosis de entretenimiento, recursos fáciles de cómodo disfrute que acaban rozando lo absurdo en demasiadas escenas.

Últimamente la industria cinematográfica se ha quedado sin ideas, la creatividad se ha esfumado y se confía a ciegas en los efectos especiales, cada vez más impresionantes, la caracterización de los personajes y el dichoso 3D. En la película que nos ocupa, seguramente la disfrutaríamos/padeceríamos por igual sin el mismo. Vemos un flojeo del 3D en los planos lejanos, un tinte borroso que molesta y que lo torna, al fin y al cabo, prescindible.

Si nos fijamos en la caracterización, hablando concretamente del maquillaje, veremos que catalogarla de deficiente es poco. Abraham Lincoln: Vampire Hunter está surtido de protagonistas inverosímiles, cual asistentes a un baile de disfraces, incoherencias en el envejecimiento de coprotagonistas y personalidades presuntamente ocultas al protagonista que resultan tristemente evidentes incluso al espectador más inocente.

Los efectos especiales digitales siguen las modas actuales, llenando de modo visualmente ruidoso la pantalla. La coreografía de las luchas se construye sobre los cimientos vacíos de los efectos digitales. Las luchas resultan surrealistas e imposibles, llegan a desarrollarse en los más pasmosos escenarios y suelen estar adornadas con huidas de lo más ridículas.

Y como es habitual, el ajuste de cuentas final entre las protagonistas femeninas. Esa necesidad de segregar la venganza por sexos es algo que creo que nunca entenderé.

Como dato curioso, Bekmambetov nos ofrece un pequeño guiño a la famosa instantánea de John F. Kennedy Jr. jugando bajo el escritorio de su padre en el despacho oval en 1963, homenajeada también en 2009 por Barak Obama y su hija pequeña 46 años más tarde. ¿Quizás porque Lincoln fue elegido para el Congreso en 1846 y John Kennedy lo fue en 1946, por su compromiso con los derechos sociales o por las coincidencias sobre las circunstancias de su muerte?

En definitiva, lo último en el panorama vampírico acaba resultando cursi, pretencioso y excesivo. Mucho ruido y pocas nueces, señores.

Que Burton ponga sobre aviso a Barnabas Collins…

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