Reseña de Himeko y otros cuentos lúgubres, de Miguel Aguerralde.

Por Jorge Herrero.

En esta pequeña antología, Miguel Aguerralde brinda al lector cinco relatos bien distintos entre ellos, pero con un nexo en común: todos pertenecen al género del terror. Cinco historias a cada cual más variada. El autor se mueve como pez en el agua en un género donde ya ha mostrado de sobra su calidad, con relatos y novelas. Todos los relatos son de un nivel bastante alto, son amenos y rápidos de leer, gracias a un estilo y ritmo muy visuales y cinematográficos, dando la sensación en todos ellos de estar viendo una película o un capitulo de una buena serie de terror. Se nota, y mucho, la amplia trayectoria del escritor, que cuenta ya en su haber con un buen puñado de novelas, y donde no le ha temblado el pulso a la hora de atreverse con varias temáticas, desde el terror, pasando por la novela negra, el thriller y los zombis, hasta atreverse con la novela infantil y también la romántica, saliendo muy bien parado de todas ellas.

A continuación, el lector se encontrará con un pequeño resumen de cada uno de los cinco relatos que forman parte de esta antología.

-Himeko:

Muy buen relato para abrir la antología, directo, ameno y rápido de leer. Una ambientación muy bien conseguida, con momentos muy bien logrados, y una historia clásica de fantasmas japonesa, que una vez leído deja buen sabor de boca. Con un estilo muy visual, marca de la casa, es un ejemplo de lo que comentaba más arriba, la sensación de estar disfrutando de una buena película de terror o del capítulo de una serie.

-Nuestra señora de París:

Historia que se lee en un suspiro, muy lograda y donde el lector se meterá en la piel de la protagonista, gracias a la forma en la que está contado el relato. Versión del autor del clásico El jorobado de Notre Dame.

-Matadme:

Trepidante y muy entretenido relato donde el autor vuelve al tema de la licantropía que tan buenos resultados le dio en Laberinto. Historia que te mantiene en tensión y que podría convertirse perfectamente en una novela. Con un ritmo muy cinematográfico.

-Mutación:

Inquietante relato, donde se cuenta como un escritor intenta superar un bloqueo que le impide volver a crear historias. Una trama que va a más y que conforme avanza, se va convirtiendo en algo muy distinto a lo que parecía en un principio. Tiene varios momentos de esos que te va dejando mal cuerpo, hasta un final no apto para estómagos delicados. Un gran relato, de los mejores que he leído del autor.

-El callejón de la sangre:

Relato ambientado en la isla de Lanzarote, donde se cuenta el viaje de dos hermanos a esta isla, en unas vacaciones que serán de todo menos tranquilas y donde nada será ya lo mismo para ellos. Relato entretenido, ameno y con un ritmo que no da tregua. El más corto de todos, pero no por ello menos intenso. Y con un final a la altura del resto en la historia. Un buen final de antología, que deja muy buen sabor de boca.

Estamos ante una antología corta pero muy intensa, que al contar tan solo con cinco relatos, se lee de una tacada, y que gracias a su formato (es un bolsilibro), es ideal para llevarlo a cualquier parte, ya que apenas ocupa sitio y se puede leer en cualquier lugar. Si le tuviera que poner algún “pero”, no sería a su calidad ni nada por el estilo, solo que se me hizo algo corta. En definitiva, Himeko y otros cuentos lúgubres es un muy buen libro, ideal para todos los amantes del terror, en su vertiente de relatos. Fácil de leer y que una vez terminada su lectura, dejará al lector con un muy buen sabor de boca. Otra muestra del buen hacer de un autor que es garantía de calidad y que nunca defrauda. Totalmente recomendable.

Sinopsis:

El viento mece las copas de los cerezos en un paraje remoto sumido en la niebla del tiempo y el misterio, allí donde se esconden puertas que jamás deben abrirse.

Y es que algunos terrores se niegan a dormir cuando apagamos la luz.

Entre las páginas de Himeko y otros cuentos lúgubres se esconden fantasmas de antaño, licántropos modernos, insectos repugnantes y los ecos de uno de los personajes literarios más desconocidos del imaginario fantástico. Una colección de historias lúgubres que recorren el Japón feudal, la Ciudad de la Luz o la hermosa Villa de Teguise, antigua capital de la isla de Lanzarote.

Cinco cuentos para leer a media luz, que dan una muestra del trabajo de Miguel Aguerralde en lo referente al terror en dosis pequeñas, que nos muestran mucho más del autor de lo que parece.

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La dama que amaba los insectos y otros relatos breves del antiguo Japón.

Por Soraya Murillo.

El fundamento de este libro se basa en las mujeres que por entonces eran propiedad de sus esposos. Estas mujeres, una vez casadas, pasaban a ser meros adornos. Llevaban una vida restringida, ni siquiera se les permitía salir de casa sin permiso. Tampoco podían visitar a su propia familia sin el consentimiento del marido. Vivían en una jaula de oro, prisioneras mimadas que podían hacer poco más que pensar y participar en actividades refinadas, como la escritura y el arte. Al ser sus palabras su única libertad, lo convirtieron en un arte maravilloso. A ellas, las mujeres de la aristocracia de la época Heian, se les atribuye la invención del silabario hiragana para el propósito de la grabación de su poesía.


Esta recopilación de un fragmento y diez relatos cortos japoneses del periodo Heian, es posiblemente de los más antiguos de la historia del mundo. Se cree pudo ser escrito por estas esposas y concubinas oprimidas. Ellas son anónimas a excepción de una: Koshikibu, que escribió la historia “Ōsaka Koenu Gonchūnagon” en 1055. Con poco más que hacer que observar y crear, estas mujeres capturaron el espíritu y el sabor de la aristocracia. Ellas dan vida a los detalles que mejor conocen, los gestos, sus costumbres, la conducta exquisita o el encuentro con sus amantes.


Relatos muy breves, algunos de no más de cuatro páginas, escritos de forma muy sencilla. Las palabras están estrechamente ligadas al ritmo de cada historia, para que ambas se desenrollen perfectamente dentro de ese mundo tan delicado. Destacará el humor y la ironía, pero con el refinamiento japonés de esa época. Aparte de cuentos podremos encontrar alguna fábula con su respectiva moraleja, siempre acompañados por cortos poemas escritos. Pero en sí nos hablarán de sus costumbres o cómo se comportaban en esa sociedad tan exclusiva.


El teniente que arrancó la flor del cerezo”, es para mí el cuento más humorístico de todos, con cuyo final me he reído mucho. “La dama que amaba los insectos”, que da título a este volumen, trata de lo que sufre una persona que es distinta a los demás, un bicho raro. En este caso la protagonista colecciona insectos contra los gustos estéticos de la época. En cierta forma, es una declaración de rebeldía. A pesar de que lo narra con palabras suaves, elegantes, sentiréis la protesta y el anhelo de libertad. En «Negro de humo» regresaremos al tema de la falta de derechos de la mujer durante el período Heian, de tal manera que por mucho que sus maridos o padres o familiares las quisieran, se veían sometidas a sus caprichos, dependían de la buena voluntad de los hombres que las dominaban socialmente.


Estos son solo tres de los diez relatos, pero todos ellos son auténticas joyas, tanto por su belleza como por su antigüedad. Al igual que el jade tallado y los paneles pintados que nos dejaron los antiguos japoneses, estas historias llenas de elegancia sofisticada os van a maravillar.

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El pájaro demoníaco y otros relatos fantásticos, de Satō Haruo.

Por Soraya Murillo.

Satō Haruo fue uno de los escritores más influyentes de la literatura japonesa en el segundo cuarto del siglo XX. Es la primera vez que traducen sus obras al castellano. En las primeras páginas del libro podréis leer una biografía del autor. Esta antología reúne cinco relatos de sus primeros años escritos entre 1917 y 1929.

La casa del perro español, la obra que lanzó la carrera de Satō, será el primer relato que leamos. Antes de seguir la reseña quiero hacer un pequeño inciso. La literatura japonesa tiene siempre un carácter de enseñanza moral, por eso en estos relatos vamos a encontrar ese fondo. El Tao es el camino, no hay objetivo ni cosa por el estilo, simplemente escoger la senda. El protagonista vaga por un camino elegido por su perro, y está feliz y abierto a explorar cualquier cosa que la vida le traiga. Ese camino llevará a una casa la cual ya no pertenecerá a este mundo. Un cuento lleno de magia.

 El segundo relato se titula “Una hermosa ciudad“. Un pintor será quien nos narre la historia de una ciudad utópica que debería construirse en Tokio, pero para vivir allí sus futuros habitantes estos deberán cumplir ciertas condiciones. Un viejo arquitecto, el pintor y su amigo millonario serán los protagonistas. Sueños que a veces son el motor que impulsan a las personas a seguir viviendo. Ese fondo tan japonés de sumisión y aceptación, con cierta lección de que a veces la moralidad debe ser ignorada por el bien mayor. Está mal mentir, pero si influye para bien, ¿sigue estando mal?

 Llegaremos al tercero el que da título al libro “El pájaro demoníaco“. Más que un relato, tiene forma de leyenda. Quien nos la narre será un viajero japonés que un día exploró el interior una tierra salvaje. Nos adentraremos en el mundo de la superstición, y en cierta forma nos recuerda los juicios que se hacían en occidente a las brujas. Para los japoneses, un animal habitado por un espíritu, por lo general es un demonio que toma esa forma, pero temen más a quien pueda dominarles que al propio pájaro; al fin y al cabo, es el poder de la entidad y no los atributos físicos los que pueden causar daño. Un pájaro maldito, pero al final son siempre las personas las que causaron la tristeza. El niño encuentra belleza en el mundo natural, pero cuando la gente se involucra, el dolor sigue. Nuestra necesidad de poseer y dominar crea la desgracia.

 Hago un parón en estos maravillosos relatos. ¿Cómo podemos guiarnos a través del mundo difuso de la tradición oriental? La cultura oriental es rica en simbolismo. Cada color, relación y objeto en una historia, un mensaje en sí mismo. Por otra parte, es un pilar fundamental en la mentalidad japonesa, una de sus bases morales, el culto a los antepasados que los unen a su tierra. Para ellos, Japón no son sólo las islas, el territorio donde viven y se alimentan y hacen negocios o lo que sea como el resto en nuestros países: es la tierra ligada a los antepasados, donde quedan sus cenizas que se han unido a esa tierra y forman parte de ella. Por eso están conectados con el pasado, honrando a los ancestros, y tienen una creencia en una energía espiritual más unificada que abarca a todos las que conocemos en Occidente como distintas. En esta rica cultura nada es siempre malo o bueno, solo nuestras reacciones y respuestas lo determinan.

 Cuarto relato “El misterio del abanico”. En Taiwán en una ciudad que poco a poco se fue alejando del mar, la gente cuenta la vieja historia de una casa exótica en ruinas y la desgracia de sus habitantes. Un cuento tantas veces contado que al final terminó siendo un mito. El autor nos la narra como si de un relato típico de fantasmas chinos se tratara, pero como siempre la realidad supera la ficción y en si esconde una triste tragedia. El autor ha elegido usar la idea de un fantasma como una provocación, pero la verdadera historia es muy diferente…

Y cerraremos el libro con “Crónica de Nonchalant“. Los habitantes de los sustratos inferiores de una distópica metrópolis vertical del siglo XXIX, tienen la oportunidad de sentir el sol por primera vez en su vida. Pero lo que debería ser un acontecimiento de gran alegría acabará convirtiéndose en algo siniestro y penoso.

 Terminamos esta maravillosa antología de relatos que por primera vez podréis leer en español. Donde su autor lo dejó todo escrito con una prosa muy melancólica. No escribió para que nos identificáramos con algunos de los protagonistas, lo hizo para hacernos pensar de aquello que nos narró. Un libro que todo lector que se precie debería de tener en su biblioteca. En cierto modo, Satō Haruo nos convierte en amantes sin conocernos o tener contacto físico. Cuando un lector conecta con un libro de forma tan profunda como para sentirse marcado, el escritor supo lograr su propósito, llegar hasta nuestra alma. 

El caballero del viento, de Alberto M. Caliani (Palabras de Agua)

Por Soraya Murillo.

Siempre que empiezo una opinión nueva sobre un libro que he leído y me ha gustado, temo no encontrar la forma de no repetirme y saber expresar lo que leí. Hoy me vino a la mente una pregunta que le hicieron a Newton. Le preguntaron cómo había conseguido resolver tantos problemas y él respondió: pensando en ello.

 En el relato, al contrario que la novela, el autor debe mostrar su maestría porque ha de condensar en escasas páginas una historia. Una novela puede tener cientos de páginas y ahí se puede meter de todo, desde describir los trajes de los protagonistas o un edificio a entrelazar varias historias, pero en el relato, por su propia extensión y naturaleza, requiere contar algo con lo justo. ¿Cómo escribir una historia en pocas páginas? Esa es la esencia de narrar. Alberto, escribió este maravilloso libro de relatos demostrando que puede escribir sobre todo. No es un autor monotema, al contrario: es un escritor clásico con una gran destreza en el arte de la narración.

A fin de cuentas, literatura, escultura, pintura o grabado, todo es arte, ¿qué buscamos en un cuadro o figura? Algo que, aunque no sepamos el motivo, nos haga sentir distintos; una emoción sea positiva o negativa, es decir, que nos haga soñar o que nos produzca horror. Pues nuestro autor logró eso, llegarnos, causarnos todo tipo de sentimientos y sensaciones. Cuando queráis podéis abrir este libro y comprobarlo.

Maestro de maestros, he seguido todas sus obras y no dudé en comprar el libro, Alberto M. Caliani vende con su nombre, sinónimo de calidad y de su capacidad de llegar al corazón de los lectores.

 ¿Qué vais a leer?

 Dieciséis relatos cortos ambientados en España y otros lugares del mundo. Muy variados, pasaréis de la risa al asombro, del asombro al miedo, del miedo al amor… Es un autor capaz de crear un relato de la cosa más simple y cotidiana. Empezaremos con “El taxista del infierno“, una historia valiente. Tal vez intuyáis pronto el desenlace. En ese caso, buena intuición, amigo lector, señal que tú harías lo mismo…

 Te reirás hasta tocar el suelo con “La peor cena de mi vida“, y lo bueno es que puede ser real,; mi hermana, que estuvo en Londres un año y anda que no contó anécdotas.

 Y aquí seguirás con la lectura y ya habrás comprobado en sólo dos cortos la calidad de nuestro autor, pero te esperaran amistades por las que daríamos la vida, sueños que dejan de serlo cuando los alcanzas, campos de exterminio donde terminarás de leer lo que se cuenta con una infinita tristeza, pero con una sonrisa en los labios. Héroes sin capa, ninguna falta les hace cuando llevan el valor dentro. Esa mujer equivocada; enfermedades que te cambian; descojone monumental para ayudar a tu pareja a quedarse embarazada (con este todavía me ando riendo). Cuando el destino no solo cambia tu vida…

Seguiremos con una historia en tiempos de la guerra civil, protagonizada por el abuelo de Caliani, una de tantas que hubo, pero como bien me dijo un amigo mío una vez: lo de uno siempre es lo más importante y lo que te llega, aquí nos llegará a todos, absolutamente a todos.

Más y más relatos, pero no escribí esto para contaros todo el libro, lo estoy haciendo para enseñaros una obra literaria que terminé y que os invito (no creo que invitar sea la palabra que busco), que os recomiendo y apremio a leer. Un libro que me enamoró, sería más correcto. Estoy convencida que también a vosotros os llegará muy adentro.

 Narrado con un estilo y calidad inmejorable, escrito por un autor de los que sigues sus trabajos sabiendo que no te defraudará.

 No os enseñaría esta obra si al leerla, no me hubiera entusiasmado. Sé que los libros valen dinero, no saco nada alabando un libro que compré, nada, salvo que vosotros sepáis de él, porque valió la pena traerlo a casa.

 Gracias, Alberto M Caliani.

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La Fabrica de Relatos: “Daymon”, de Athman M. Charles.

La vida es una caja de sorpresas.Vaya si lo es.
Y si no, que se lo pregunten a Daymon

Daymon jamas pudo imaginar al levantarse hace unas horas, que un acto tan cotidiano como salir a la calle a comprar tabaco le llevaria, apenas cuatro horas despues, a encontrarse en semejante situacion

Es bastante deplorable ver su aspecto ahora mismo. El chandal y la sudadera manchados de sangre. Los nudillos desollados. El labio partido, la nariz destrozada y ese ojo con tan mal aspecto. Por el modo en que se queja, da la sensacion de que debe tener algunas costillas rotas. Si a eso le sumamos varias brechas en la cabeza que no dejan de sangrar, el conjunto es realmente penoso.

Aunque lo que mas hubiera sorprendido a Daymon esta mañana antes de salir, es el saber que acabaria metido en un maletero, maniatado con alambre y rumbo a su propia muerte.
No…Seguramente Daymon no nos creeria si le dijesemos que dentro de un par de dias, van a encontrar su cuerpo sin vida, aun dentro del maletero  de este coche robado.
Pero asi son las cosas.

Y no es que Daymon no se meta en lios.Lo hace y muy a menudo. Un descerebrado como el lo hace constantemente. No hay nada peor que un camello del tres al cuatro que se cree el rey del barrio.
Pero lo que era harto improbable, por no decir absurdo, es que acabase de este modo.  Y a manos de este verdugo.
Una sorpresa en toda regla, sin duda alguna.
Pero asi es la vida, amigos mios. Una puta caja de sorpresas.

Y es por eso, que una noche cualquiera estas haciendo negocios en el garito de siempre y de repente, te fijas en una piva como ella.
Alta, deslumbrante. Un autentico bombon de piel morena y ojos verdes.Y lo que hace que te decidas a entrarle es el hecho de que es evidente que va bastante puesta.
Te acercas, haciendo uso de todas tus artes, aunque en seguida te das cuenta de que no va a ser necesario el aparentar ser el puto amo. La tia va lanzada. Ha salido a pasarselo bien y por lo visto, llegas en el momento oportuno.
Joder, Daymon. Eres un crack.
Os vais a tu coche y siguiendo las reglas de la cortesia y del cortejo, la invitas a unas rayas.
Le insinuas ir a algun lugar mas tranquilo y ella te indica la direccion de su casa.
Llegais, os poneis comodos, os meteis otro gramo y cuando estais los dos ya en el sofa, tu sin los pantalones y ella sin sujetador, te das cuenta.
Toma sorpresa, amigo Daymon.
¡La muchacha venia con premio!
Una polla casi mas grande que la tuya. Un jodido travelo.Y el muy hijo de puta sigue sonriendo.

Acto seguido, es cuando cometes el mayor error de tu vida, aunque claro, tu aun no lo sabes.
No voy a entrar en detalles. Sabes de sobra lo que le hiciste. Solo te dire, ya que tu no tienes ni idea y ademas, seguro que te importa una mierda, que la paliza que le diste casi la mata.

Te fuiste justo a tiempo. Los vecinos llamaron a la policia ante el escandalo que montaste .Los gritos los alertaron y eso fue lo que le salvo la vida.
Y en fin… El resto de la historia es previsible.

Lo que mas me sorprende es que no me reconocieras, Daymon.
¿Verdad que cuando salgo de noche estoy bellisima? Nada que ver con este tipo que te ha pedido fuego al salir del bar.Ni siquiera cuando hemos subido a este coche, con la excusa de pillarte algo, has sabido darte cuenta.

Y cuando te he dado el primer martillazo… ¡Si vieras la cara de gilipollas que se te ha quedado! Ni siquiera entonces, mientras me mirabas con esa cara de asombro, dolor y desconcierto, me has reconocido.
Es igual. No te lo tomare en cuenta. Soy consciente de que cuando salgo de noche, soy toda una mujer y resplandezco como una reina.

¿Sorprendido, querido? Te lo dije antes: La vida es una caja de sorpresas.

– La Fabrica de Relatos – “¿ Verdad, Padre?”, de Athman M. Charles.

   Seguimos actualizando, queridos Lectores Ausentes y para la entrada de hoy, me apetecia compartir con vosotros otra de mis aportaciones a nuestro particular taller/concurso literario. El relato en esta ocasion, debia comenzar con la siguiente frase: “A dios rogando y con el mazo dando” y esto fue todo lo que mi inspiracion dio de si. Espero que os resulte suficientemente turbador, que es de lo que se trata.

¿ Verdad, Padre?

-“A Dios rogando y con el mazo dando”. ¿No se dice así, Padre?-

Dejó caer el pesado saco al suelo, sin miramiento alguno. Tras ello, se arregló la camiseta y tras no recibir respuesta, pateó con saña el saco, del cual salió un gruñido de dolor.

-..Sigue vivo….-y sonrió.

Abrió la puerta de lo que parecía haber sido una granja, posiblemente de cerdos y encendió la luz.
-¿Lo huele, Padre? No es muy agradable que digamos…-

Agarró el saco y lo arrastró hasta el interior.
– ¿Por dónde íbamos, padre? Ah, sí…Le preguntaba si la frase esa resultaría apropiada para esta situación. ¿Usted qué opina?-

Un nuevo gruñido incomprensible.

-Uy, perdone…Había olvidado que no puede usted hablar. Déjeme un momento…-

Apoyó el saco contra una de las paredes y desató la cuerda que lo cerraba.
En ese momento, el saco comenzó a sacudirse violentamente y volcó, quedando tumbado. De su interior asomó primero un rostro amoratado, con un trozo de cinta americana a modo de mordaza y el cabello totalmente alborotado.

Era evidente que a aquel infeliz le habían dado un buen repaso. La ceja izquierda había desaparecido y una costra sanguinolenta ocupaba su lugar. Ambos ojos mostraban señales inequívocas de haber sido brutalmente golpeados, tal y como evidenciaban los moratones que los rodeaban y el derrame interno de uno de ellos, cuyas venas rojizas lo hacían destacar.

El individuo siguió forcejeando con el saco, retorciéndose hasta que tuvo más de medio cuerpo fuera.
Estaba maniatado a la espalda y eso hacía aún más difícil sus movimientos.
Resultaba una escena surrealista. El tipo vestía totalmente de negro, salvo por un detalle: El alzacuello blanco. Algo lógico, teniendo en cuenta que era sacerdote.

-¿Mejor? Verá, Padre…Le preguntaba eso porque nunca he creído en milagros. Es por ello que estoy haciendo esto. Aunque usted se esforzó en mostrarme el camino de la fe, nunca he sido capaz de entender a aquellos que se quedan sentados esperando a que las cosas ocurran por intervención divina. Usted se esforzó en inculcarme, Padre. Y los dos sabemos que se lo tomó muy a pecho, ¿verdad? Pero fíjese. Ni así funciono. Yo soy demasiado mundano y terrenal. Digamos que prefiero ser pragmático.-

El tipo, de unos treinta y pocos años y totalmente calvo, se acerco al sacerdote quien, instintivamente, se encogió asustado para protegerse.

-Tranquilo, Padre. No voy a pegarle. Lo de antes fue un error de cálculo. No pensé que se resistiría tanto cuando planeé esto. Si usted no hubiera intentado escapar, no me habría visto obligado a darle así.-

El calvo revisó las bridas con las que había atado las manos de su prisionero a la espalda y tras comprobar que seguían intactas y realizando su cometido a la perfección, dio la espalda al sacerdote, que no lo perdía de vista.

Dos metros mas allá, agarró un cepillo y se puso a barrer el suelo, apartando el estiércol y la paja a un lado, hasta que encontró lo que buscaba. Una trampilla. Golpeó la chapa de metal con el mango, para hacer saltar el óxido y la porquería que la habían prácticamente sellado e intentó abrirla. Cuando lo hizo, un hedor insoportable le echo para atrás.

-Ufffff… ¡Qué pestazo y qué asco!-Cuando reunió el valor suficiente, se asomó al agujero.

-Bien. Tal y como le iba diciendo, jamás he confiado en que “El Gran Jefe Supremo” haga nada por mí. Bueno, miento. Antes sí. Pero pronto descubrí que nuestro querido y bondadoso Dios nunca aparece cuando lo necesitas.
Y mire que le recé, le pedí y supliqué. De palabra y de corazón. Pero estaría muy ocupado con sus cosas o simplemente le importaba una mierda, porque ni caso, oiga. Usted ya lo sabe, ¿verdad, Padre?-

Los ojos del sacerdote decían que sí. Que sí lo sabía…y reflejaban un miedo atroz.

-En fin. Que uno no puede limitarse a quedarse inmóvil, esperando a que suceda algo, ¿no cree? Uno puede rezar, si cree que va a servir de algo, pero si realmente espera resolver sus problemas, lo mejor que puede hacer es tomar la iniciativa e intentar solucionarlo por sus propios medios.

Verá…Cuando se descubrió el pastel en el colegio, éramos pocos los que creímos que el destaparlo llevara a nada. Unos cuantos, la mayoría, creían en cambio que sí. Que a raíz del escándalo y las incontables denuncias, por fin alguien haría algo.

Veintidós alumnos, padre. Veintidós denuncias por abuso sexual. Joder, he conocido puteros de toda la vida que no han follado tanto, Padre.

Algunos de nosotros estábamos convencidos de que la ley por fin les daría su merecido a usted y los suyos. Que acabarían encerrados, pudriéndose en la cárcel. Justicia Divina, si me permite la expresión.
Pero estabamos equivocados, Padre. La fiscalía archivó el caso y a ustedes, la Santa Madre Iglesia se limitó a amonestarlos y a cambiarlos de comunidad. Dios tampoco trabajó ese día.-

El calvo se acercó de nuevo al sacerdote, que temblaba de puro terror. Gruñía y forcejeaba, intentando apartarse de su captor.

-Ya lo ve, padre. Dios no responde a nuestras llamadas. Dios no hizo acto de presencia ni oyó nuestros ruegos. Así que llegué a una conclusión: Si había que hacer algo, deberíamos hacerlo nosotros mismos. Y aquí nos encontramos, padre. Solos usted y yo. Por lo visto, a dios no le gusta hacer el trabajo sucio. Pero da igual, Padre. Ya le dije que soy un tipo mundano y terrenal, acostumbrado a hacer las cosas yo mismo.-

El sacerdote se retorcía en el suelo, intentando escapar de cualquier modo, pero era imposible. Vio con horror como el calvo le agarraba por las solapas y le obligaba a levantarse. Casi enloquece, presa del pánico, cuando su captor estiró el saco hacia arriba, encerrándolo de nuevo con él.

Se revolvió en un intento desesperado, pero fue inútil. El calvo acabó de introducirlo a la fuerza dentro y volvió a atar el saco sin mayor problema.

El sacerdote gruñía y pataleaba en el interior, mientras el calvo arrastraba el saco hacia el agujero. Llegó al borde y se detuvo. Empujó el saco un poco más y este quedo inclinado, a punto de precipitarse en su interior.

-Es usted un mierda, Padre. Me jodió la vida. Nos la jodieron a todos. Pero ahora voy a joderle yo. He encontrado un sitio perfecto para usted. Esto es el registro de la fosa séptica de la granja. Aquí se almacenan los purines…Mierda líquida, Padre….No creo que resulte agradable…Pero usted rece. Recele a Dios…Igual ahora si ocurre el milagro.-