Pícnic a la luz de la luna, de Nick Antosca

Por Soraya Murillo.

Owen suele perder el conocimiento, despertándose en cualquier lugar; le llaman el retrasado. En está ocasión amaneció en el interior del bosque. Lleva unos huesos que pertenecían a un niño.

Bram atropella un perro al que apreciaba mucho. Para no verlo sufrir decide rematarlo. Cuando regresa descubre que el perro ha desaparecido.

Marian comparte hotel con Bram. Es una chica triste y solitaria con un pasado difícil de olvidar.

Jacob vive en el interior del bosque. Se escondió allí huyendo de un fatal desenlace.

Adam es el nombre del niño de seis años, cuyos huesos son los que se encontraron.

Estos son los personajes de un libro de terror diferente. Raro, pero raro de verdad. El autor crea una atmósfera angustiosa mediante un toque onírico en la narración. Nos transporta a lugares lejanos que no existen, mecidos por la dulce armonía de sus palabras. Vais a leer una historia sobre el más allá insólita, diferente a todo lo que habéis leído hasta ahora, influenciada y mostrando lo que esconde esa parte oscura de los USA y de su perturbadora particularidad.

El niño de seis años, a mi entender, razona demasiado. Es un fallo que ya he visto en muchas novelas cuando usan niños, una licencia para poder mover a gusto la novela. Pero bueno, no pasa nada. Hay demasiadas cosas buenas para darle importancia a eso.

Sabemos del limbo, lugar donde dicen que van los muertos que murieron de forma violenta y no entienden todavía que ya no siguen vivos. Pero, ¿ y si existiera otro sitio mucho peor? Allí nos arrastrará esta inquietante historia.

Dos cielos al mismo tiempo y estar en la fina línea de ambos mundos. Se parece a caminar hacia un arcoíris que poco a poco, se va desvaneciendo. Una historia hermosa, triste y terrorífica que nos cuenta ese estar en el momento y el sitio equivocado, aunque también deja constancia de cómo el maltratar a una persona logra que pierda parte de su humanidad, transformándola en lo que nunca quiso ser. Almas destrozadas, retroceder encogiéndose ante una mano levantada.

Un niño que exige que su asesino pague lo que le hizo; un mundo perceptible por los sentidos, en otro límite donde nunca sale el sol. En sí, es un viaje en busca de venganza, pero lo que Bram no sabrá, es que en esa carretera, en uno de los tantos lugares en los que el coche se detendrá, hallará lo que no esperaba encontrar.

Sí puedo decir que es una historia de fantasmas, de muertos que parecen vivos y vivos que se equivocaron de lugar. Es de esa clase de novelas que con el tiempo alguien te la nombrará preguntándote si la leíste y a tu memoria vendrá una imagen, una sola y triste imagen por la cual la sigues recordando: la muerte tan horrible que tuvo el niño.

Una novela inusual, escalofriante, sobre la soledad y la naturaleza de la muerte, que de verdad, valoras una vez terminada. Que tal vez le falte algo y le sobre otro tanto, pero sigue siendo especial.

Al niño le prometieron un pícnic a la luz de la luna. Se lo prometieron…

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