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Desesperación, de Daniel Aragonés (Novela mínima)

«Vamos a meterle mano a esta cosa, a ver si me espabila ni que sea a bofetadas, que me han dicho que esto es mierda de la buena, de la que no te deja indiferente, de la que te golpea en el hígado y te patea la entrepierna con tan solo 65 páginas de mala hostia disfrazada de ciencia ficción». Estas fueron mis plabras. No me equivocaba en absoluto.

Cuando Daniel presentó su nuevo proyecto de literatura breve, en esa curiosa alianza llamada Tres Clavos y formada junto a Francisco Santos Muñoz y Javier Cabezuelo, supe de inmediato que me iba a hacer con su pieza, ya que es un autor con el que me encuentro en sintonía y reflejado con su estilo directo, transgresor, tan cuidado y bello como crudo y sin tapujos.

Una distopía aterradora en su aséptica, calculada y enloquecedora perfección. Una máquina de producción en cadena y sistema de castas, donde todas y cada una de sus piezas y engranajes deben estar en su sitio, cumpliendo su función, sin lugar a la duda, la vacilación, emociones o sentir. Y Dani, el elemento divergente, el disrruptor, no por sentido del deber, no por heroicidad, no por valores ni por la libertad. Solo la rabia, el asco, el hastío, el querer ver el mundo arder para sentirse de ese modo humano de nuevo, pues esa es la verdadera naturaleza del hombre, y el arte y la creatividad sus armas más poderosas y destructivas. El odío como fuerza motriz, como generadora del cambio, como escape a la locura o como una muestra de ella.

Psicología, mitología y metafísica se dan la mano en este nuevo renacer tras el apocalipsis, en una suerte de falso maniqueismo inevitable. No hay bien ni mal, son constructos. Lo que vemos es al Logos frente al Pathos. Cerebro y corazón. Impulso y razón.

Una jodida delicia, breve, dura, intensa y sangrienta. La necesitáis, creedme. Estáis vivos, demostradlo y vivid.

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Luz en el lado oscuro, de Oscar Ryan

Por Jorge Herrero.

Una de las cosas buenas que tiene el `caralibro´ es poder descubrir a autores de los que no has leído nada. A veces hay que arriesgarse y apostar por ellos, ya que te puedes llevar una muy agradable sorpresa. Y Oscar Ryan y su Luz en el lado oscuro ha sido un enorme sorpresón. Una novela que no da tregua al lector, con una prosa muy fluida, sin adornos innecesarios y donde no sobra ni falta de nada. Una trama que te engancha desde el principio. Muy buenos personajes. Con una historia que puede parecer algo típica y sonar a algo que has podido leer anteriormente, pero que en manos de este autor acaba siendo muy distinta de lo que parecía a priori, siendo original en muchos momentos.

Oscar ha sabido darle la vuelta al clásico enfrentamiento entre ángeles y demonios, alternando el presente con el pasado en forma de flashbacks, donde el lector irá conociendo más a Luzbel, un personaje lleno de matices y con una fuerte y marcada personalidad. Los personajes secundarios también tienen sus dosis de protagonismo, estando muy bien perfilados.

El ritmo de la novela no decae en ningún momento, convirtiéndola en una lectura muy adictiva. ¿Y que decir del final? Me ha sorprendido y de qué manera, hacía tiempo que un final no me impactaba tanto, siendo totalmente inesperado, dándole un giro radical a toda la trama. Una historia que podría encajar perfectamente en la Línea Vértigo de DC Cómics, ya que no tiene nada que envidiar a las mayoría de series de ese sello. Una obra muy visual y con un estilo bastante cinematográfico.

En definitiva, un título absolutamente recomendable y un autor muy a seguir. Toda una muy agradable sorpresa.

Sinopsis:

Luzbel se rebeló contra el modo tiránico en que Yahvé gobernaba el Cielo y la Tierra. Pero perdió y fue expulsado del cielo, condenado a ser el príncipe del inframundo por toda la eternidad. Desde entonces, y cada sesenta y seis años, ejecuta una venganza cíclica contra el caudillo celestial. Momento conocido como ofrenda.

La nueva ofrenda no parece una tarea sencilla, pues el arcángel San Gabriel intentará impedírselo a cualquier precio, caiga quien caiga. Defender la ley y el orden, los dogmas que la iglesia impone. El buen nombre de Yahvé es prioritario.

¿Deberíamos escuchar lo que Luzbel tiene que decirnos al respecto?