El teatro de los prodigios, de Ramón Merino Collado

Por Soraya Murillo.

¿Cuál es la realidad? Aquí encontrareis una fiesta literaria de lo macabro, lo extraño y lo inusual. Te preguntarás en qué momento se traspasó esa fina línea que hay en el otro lado. El autor inclina la realidad y el tiempo, retorciéndolas en sus propias creaciones. No estáis ante una antología como tantas otras, aquí hay una calidad incuestionable, una prosa cultivada que busca y consigue diferenciarse de otros autores. No imita, no busca, no intenta… es él, y su imaginación. Todas estas historias os afectarán profundamente por ese motivo, por ser especiales. Vuestro subconsciente, al igual que hizo el mío, retendrá estos magníficos relatos, porque Ramón Merino, no sé de qué manera, logra introducirnos estos cuentos en nuestro ADN, logrando incluso una vez cerrado el libro, que sus historias nos visiten en los sueños o pesadillas…

No es una antología para esos lectores que se entregan sólo superficialmente al mundo de la lectura, en busca de llenar su momento de ocio. Estos relatos son para los aficionados al verdadero miedo. Nuestro autor se permitirá jugar en muchas ocasiones con el tiempo y el espacio, dominando en todo momento su narración. Seréis vosotros los que deberéis adaptaros a los asombros creados por su mente. Historias dentro de otras historias, sueños dentro de sueños.

Fantasmas que ni siquiera saben que lo son; un detective privado intentando resolver un caso sin saber que el mayor misterio es él mismo. Libros que se abren para salvar librerías antiguas; una historia de ciencia ficción del año 3034 d.C. que nos deja una gran pregunta: ¿Y si toda la vida humana fuese una gran mentira? Relatos que nos advierten de no ser leídos… Lo sé, yo también me sonreí ante ese detalle, buena forma de hacer que lo leamos. Pero, ¿y si os dijera yo, como lectora, que en verdad no lo leías? Nunca hacemos caso a los escritores. Nunca…

Y más y más cortos que os llevarán a un espectáculo inconcebible. Tal vez algunos penséis que se pasa de descriptivo, pero a mí es que me gusta mucho cuando el autor crea un ambiente lleno de detalles. El libro dice que en sí es una ventana a nuestros sueños, una mirada penetrante a las inquietudes humanas… Y no puedo hacer otra cosa que darle la razón. ¿Dónde van los libros que no son leídos? No lo sé, pero me alegro que este llegara a mis manos.

¿Cuál es la realidad? La realidad es que después de leer estas historias vais a responder a esa pregunta con otra pregunta. Ya veréis como sí, ya lo veréis…

Lo recomiendo sí o sí.

https://www.casadellibro.com/libro-el-teatro-de-los-prodigios/9788415156475/2006490

Pícnic a la luz de la luna, de Nick Antosca

Por Soraya Murillo.

Owen suele perder el conocimiento, despertándose en cualquier lugar; le llaman el retrasado. En está ocasión amaneció en el interior del bosque. Lleva unos huesos que pertenecían a un niño.

Bram atropella un perro al que apreciaba mucho. Para no verlo sufrir decide rematarlo. Cuando regresa descubre que el perro ha desaparecido.

Marian comparte hotel con Bram. Es una chica triste y solitaria con un pasado difícil de olvidar.

Jacob vive en el interior del bosque. Se escondió allí huyendo de un fatal desenlace.

Adam es el nombre del niño de seis años, cuyos huesos son los que se encontraron.

Estos son los personajes de un libro de terror diferente. Raro, pero raro de verdad. El autor crea una atmósfera angustiosa mediante un toque onírico en la narración. Nos transporta a lugares lejanos que no existen, mecidos por la dulce armonía de sus palabras. Vais a leer una historia sobre el más allá insólita, diferente a todo lo que habéis leído hasta ahora, influenciada y mostrando lo que esconde esa parte oscura de los USA y de su perturbadora particularidad.

El niño de seis años, a mi entender, razona demasiado. Es un fallo que ya he visto en muchas novelas cuando usan niños, una licencia para poder mover a gusto la novela. Pero bueno, no pasa nada. Hay demasiadas cosas buenas para darle importancia a eso.

Sabemos del limbo, lugar donde dicen que van los muertos que murieron de forma violenta y no entienden todavía que ya no siguen vivos. Pero, ¿ y si existiera otro sitio mucho peor? Allí nos arrastrará esta inquietante historia.

Dos cielos al mismo tiempo y estar en la fina línea de ambos mundos. Se parece a caminar hacia un arcoíris que poco a poco, se va desvaneciendo. Una historia hermosa, triste y terrorífica que nos cuenta ese estar en el momento y el sitio equivocado, aunque también deja constancia de cómo el maltratar a una persona logra que pierda parte de su humanidad, transformándola en lo que nunca quiso ser. Almas destrozadas, retroceder encogiéndose ante una mano levantada.

Un niño que exige que su asesino pague lo que le hizo; un mundo perceptible por los sentidos, en otro límite donde nunca sale el sol. En sí, es un viaje en busca de venganza, pero lo que Bram no sabrá, es que en esa carretera, en uno de los tantos lugares en los que el coche se detendrá, hallará lo que no esperaba encontrar.

Sí puedo decir que es una historia de fantasmas, de muertos que parecen vivos y vivos que se equivocaron de lugar. Es de esa clase de novelas que con el tiempo alguien te la nombrará preguntándote si la leíste y a tu memoria vendrá una imagen, una sola y triste imagen por la cual la sigues recordando: la muerte tan horrible que tuvo el niño.

Una novela inusual, escalofriante, sobre la soledad y la naturaleza de la muerte, que de verdad, valoras una vez terminada. Que tal vez le falte algo y le sobre otro tanto, pero sigue siendo especial.

Al niño le prometieron un pícnic a la luz de la luna. Se lo prometieron…

https://www.amazon.es/Pícnic-luz-luna-Nick-Antosca/dp/8494756508/ref=sr_1_1?

 

 

Reina en el mundo de las pesadillas, de Mar Goizueta.

Por Soraya Murillo.

«Creed que Pasífae se unió al toro de Creta:

Lo hemos visto, se confirmó la leyenda.

No se extrañe, César, la secular antigüedad:

Lo que proclama la fama, te lo muestra la arena»

Marcial. Libro de los espectáculos, epigrama 6

Cada cultura puede tener ideas distintas sobre los sueños. Por ejemplo, en un poblado de la India está prohibido pintarle la cara a una persona mientras duerme, porque piensan que cuando su alma regrese del lugar a donde viajó, no reconocerá el cuerpo y permanecerá perdida en el mundo de los sueños para siempre. Los romanos y griegos, en cambio, que son la base de nuestra cultura, así como de la percepción intelectual que tenemos del espectro onírico, no creían en desunión de alma y cuerpo durante el sueño. Vemos, por lo tanto, que el fenómeno del sueño ha dado pie a innumerables creencias y corrientes filosóficas. Actualmente, sabemos que son producto de nuestra corteza cerebral, de nuestra mente, del quién y el qué.

Nuestra historia comienza con una niña capaz de viajar ese lugar “interior” donde toman forma las pesadillas; el hogar de los monstruos que llevamos dentro. Cuando una de estas creaciones la siguió en su viaje de regreso, aprendió a entrar en nuestra realidad y dejó el umbral abierto. Toda una horda de estas criaturas aprovechó la brecha entre ambos mundos, criaturas capaces de hacernos caer en la locura con su aspecto.

Os preguntaréis si esto es todo. No, jamás comentaría un libro si fuese así de simple. Ahora es cuando empiezo. La autora nos ofrece un mundo real y onírico a la vez, rozando estados febriles. Nos adentra capítulo a capítulo en tiempos en que los hombres adoraban a sus dioses. Cuando las sacerdotisas se entregaban a antiguas celebraciones en las que el Rey Toro lamía con una lengua áspera los jugos que drenaban sus cuerpos llenos de placer, dando pie a la orgía de los presentes. Regresaremos a la isla de Santorín en sus últimos momentos, poco antes de que el estallido de un volcán la hiciese desaparecer del mapa y dejase una enorme caldera (algunos sitúan ahí la famosa Atlántida). Con un lenguaje suave y tranquilo, que te permite deleitarte con cada palabra y elemento de la obra, llegaremos a saber que la niña del principio del relato creció y ahora es una mujer; es una durmiente que viaja al «mundo delirante», al igual que un hombre llamado Dolor. Mientras tanto, en un hotel ha sido encontrada una pareja en estado comatoso. Ángel cuidará de ellos en la planta especial de un hospital al que han sido trasladados. También, conoceremos a una cantante con el poder de tejer destinos con sus canciones. Todas las almas están destinadas a encontrarse. Y esto es sólo el principio: bares llenos de espíritus, diosas que olvidaron lo que una vez fueron, una estirpe de brujas con el deseo de recomponer el equilibrio roto entre los mundos de la realidad y los sueños; monstruos nacidos de la tristeza del durmiente, sueños dentro de sueños, donde la Muerte hace sonar sus huesos mientras Vida, su hermana, patea la tierra y hace crecer hermosas flores.

Leyendas ya olvidadas por la memoria humana; personajes entrelazados, importantes para la resolución de la historia. Niñas valientes, mujeres valientes, hombres tristes, hombres buscando un amor perdido… Leer algo como esto, tan bellamente escrito además, es una oportunidad que pocas veces llega a nuestras manos, un raro placer. El prólogo del libro tenía razón, la originalidad está sobrevalorada…

Como dijo una vez otro monstruo: «He cruzado océanos de tiempo para encontrarte».

Ahora os tocará a vosotros cruzar ese océano y adentraros en una novela que sólo puedo aplaudir.

https://www.edicionesvernacci.com/producto/reina-en-el-mundo-de-las-pesadillas/

Cortometraje: Larvas, de Félix Cárdenas.

Larvas, de Félix Cárdenas. Corto grabado en sistema analógico. Sin medios y con mucha improvisación, bajo el concepto de found footage extraño y atípico. Pura experimentación creativa, su autor juega con el simbolismo de lo grotesco y con nuestra reacción más visceral (el rechazo y la aprensión) ante el horror de una mente perturbada, a través del surrealismo y lo onírico, obligándonos a acompañar a su protagonista en su propio descenso al infierno. Inquietante, donde lo atroz, sin ser siempre explícito, está presente en todo momento. La repulsión por bandera, tanto a lo que se ve, como la que siente el protagonista por si mismo, incapaz de negar su naturaleza. Un monstruo que quiere saber, que quiere conocer, obsesionado por la belleza de la muerte y la tortura, que pretende atrapar esa chispa, ese instante que ansía justo en el momento del tránsito, aquel en que la vida abandona a la víctima. Tras ese trance, solo queda un cadáver. La putrefacción. Las larvas. Restos descomponiéndose. Hedor y podredumbre. Cajas de madera en sus nichos, aunque ni siquiera esa será su última morada. Los huesos, terminarán en un osario común y las cajas, amontonadas de cualquier manera, ofreciendo una estampa deplorable, a la vista de todos. Esa es la verdadera cara de la muerte: El abandono, el olvido, la nada.

Como digo, la fascinación por lo grotesco predomina en el corto, es su esencia. Experimental en extremo, sin más guión que el que surge, ni más diálogos que los del propio protagonista consigo mismo o con un hipotético observador futuro, son una confesión, un arrebato, una declaración de intenciones, un grito de ayuda ante la imposibilidad de dejar de ser quien se es.

No es una obra apta para todos. Es más, incluso en la mayoría de los casos resultará ya no solo mórbida y excesiva, si no que anda en la cuerda floja rayando el mal gusto. y para muchos no será más que un despropósito, una ida de olla, pero siempre digo que hay que poner la obra en contexto y entender su razón de ser, su significado final, si se entra en ella sin prejuicios y con la mente abierta.

Peca de ser harto reiterativa e insistir demasiado en algunos momentos, pues parece temer que no alcancemos a comprender lo que pretende y no es así. Se regodea innecesariamente. El concepto, la intencionalidad, quedan claras para cualquiera; el mensaje subyacente, lo que busca y ofrece, es asumido sin problema. Esa insistencia le hace flaco favor y perjudica al conjunto del corto, que en mi opinión, incluso con solo la mitad de metraje hubiera funcionado mucho mejor, al no resultar tan largo, innecesario y repetitivo.

Ayuda la inclusión de algunos cortes extraídos del film alemán Begotten, de E. Elias Merhige, que en si mismas son una verdadera obra de arte, aunque duras, crudas y salvajes, puro gore. Estas escenas, se ajustan muy bien al corto y sirven para retratar el grado de demencia en el que vive sumergido el prota. También se mezclan otras grabaciones reales, rodadas por el propio director en un vertedero y que sirven para reforzar la idea del destino que nos aguarda a todos. Imágenes que sin ser nada del otro mundo,  en comparación con la violencia explícita y lo depravado del conjunto de la obra, resultan casi más inquietantes que el resto de metraje, por su naturaleza real y lo que nos revelan.

En definitiva, una obra curiosa, sin otras pretensiones que las de experimentar, el dejarse llevar, el rotar alrededor de una idea o concepto e inquietar o más bien, incomodar, al espectador., enfrentándolo a un absurdo que sin embargo, no es tal cuando lo analizamos en profundidad y que nos enfrenta al abismo, a la oscuridad, voraz y autodestructiva, que todos en mayor o menor medida, albergamos en nuestro interior. 

Dentro de sus fallos, carencias y defectos, obvios y evidentes, se deja ver y tiene algunos elementos realmente interesantes. Su tono surrealista y la simbología con la que se pretende que entendamos cual es la meta final del asesino, su verdadero deseo, son sin duda sus mayores atributos.

No pretende ser más que lo que es, un experimento creativo oscuro y malsano, nada más, ni nada menos.

http://www.imdb.com/title/tt6083642/

 

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