Delicias francesas: Sobre Ruedas y El gran baño

DELICIAS FRANCESAS, por Fernando Codina.

Tranquilo, pequeño saltamontes, que no se trata de ninguna cochinada. Porque con “Delicias francesas” me refiero en esta ocasión a dos maravillosas películas de aquella nacionalidad, que sobreviven como mejor pueden en las carteleras de Madrid y de otras ciudades españolas, como por ejemplo Málaga y Granada. Son concretamente “Sobre Ruedas” y “El gran baño”, de las que te hablaré un poquito a continuación.

Gracias a las ofertas de los Cines Renoir, últimamente estoy viendo muchas películas extranjeras en versión original (se me ocurren pocas maneras más placenteras y eficaces de mantener un idioma que ir al cine), y sobre todo francesas. Y en las últimas dos semanas, he disfrutado como un enano de estos dos títulos.

En común tienen el pertenecer a un género muy concreto, la comedia y la sátira social, pero ambas con un tono intimista y respetuoso con la diversidad que las hace merecedoras de la más alta consideración.

Sobre ruedas es básicamente una comedia romántica. Cuenta la vida de un exitoso hombre de negocios, Jocelyn, ligón hasta decir basta y mentiroso compulsivo. Durante una visita a la casa de su madre, recientemente fallecida y que necesitaba una silla de ruedas para andar, es sorprendido por su vecina, una mujer joven y tremendamente sexy, quien al verlo sentado en la silla, piensa que es un discapacitado. Y resulta que ella tiene una hermana mayor, que también va en silla de ruedas, y se le ocurre presentarlos en una comida familiar. A partir de ese momento, va surgiendo una historia de amor, basada en la mentira, pero también en la admiración, puesto que ella resulta ser una consumada tenista, y una violinista de excepción. Y surge el problema. ¿Cómo decirle que él es válido, sin que esto afecte a su relación? ¿Hasta qué punto tienen un futuro juntos?

Todas estas cuestiones, y unas cuantas más, te atrapan durante las casi dos horas que dura la película, y te hacen reflexionar. Destaca también la fotografía, muy cuidada, y los escenarios a los que te va llevando, desde las calles de la mágica París, hasta una cena en una terraza piscina; y con un espectacular paseo en silla de ruedas motorizada bajo la lluvia.

Una delicia de película en todos los sentidos, escrita, dirigida e interpretada por Marc Dubosc, que se estrena con esta cinta.

Con El gran baño, damos una vuelta de tuerca, pero siempre dentro del campo de la alta comedia. Dirigida por Gilles Lellouche, es una cinta tremendamente divertida, que cuenta la historia de un peculiar grupo de hombres, todos ellos en plena crisis de los cuarenta, que decide formar un conjunto de natación sincronizada masculina. Toda ella narrada desde el punto de vista del último integrante, un ser gris y depresivo, pero con un tremendo corazón y ganas de superación. Es una película de esas que te dejan buen sabor de boca, de principio a fin, y al mismo tiempo un canto a la amistad.

Particularmente divertidas son las escenas de su primer entrenamiento de grupo, la manera en que conocen al enfermero que será el hombre clave de la formación por su capacidad de mantener la respiración bajo el agua; el intento de robo de material para el equipo en unos grandes almacenes o su espectacular coreografía final. Eso por no hablar de los draconianos entrenamientos campo a través, con una directora de lo más peculiar.

Mientras estaba viéndola, no podía parar de pensar en la genial película Campeones, por lo que ambas su genialidad y su historia de superación de la adversidad. También la han comparado, y no sin razón, con un Full Monty a la española. Pero no por ello deja de ser una película genial, de las más divertidas que he visto en los últimos tiempos.

En definitiva, dos grandes películas, perfectas para los días grises.