Zona Catastrófica, de Antonio Sánchez Vázquez

Buenas tardes, mis queridos Lectores Ausentes.

Hoy vengo con una reseña atrasada que ya hace tiempo debería haber colgado, pero que por una razón u otra, siempre terminaba dejando para más tarde.  No hay causa concreta para ello y desde luego, no es que no me haya gustado el libro en cuestión o no haya disfrutado de su lectura, sino que como suele decirse, la confianza da asco y como su autor es un buen amigo mío, me he ido rezagando con la excusa de que no viene de un día. Pero  es que hace tanto tiempo que la tengo pendiente que casi me daba ya vergüenza y  no he querido dejar pasar más tiempo para ponerme con ella. Si, lo sé. Soy un impresentable.

Hablamos de Zona Catastrófica, de Antonio Sánchez Vázquez, publicada por Editorial Universo y con la que el autor nos propone una historia de zombies de las buenas.

Zona Catastrófica - Antonio Sánchez VázquezPozuelos de los Arroyos es un pueblo rural típico andaluz. Las fachadas encaladas, la torre de la iglesia despuntando sobre la línea del horizonte, hectáreas de campos de cultivo rodeando la localidad, gente campechana y dicharachera en sus calles y balcones floridos y pintorescos allá donde se mire. Pero en verano el calor azota a los buenos habitantes del pueblo. En concreto, el verano en el que transcurre la historia, una gran sequía castiga a los agricultores de la zona y consigue desesperar a los pozueleños por culpa de los constantes cortes en el suministro de agua.

Lo que no sospecha ninguno de los habitantes del pueblo es que Pozuelos será el epicentro de una tremenda tormenta que anegará sus calles y sus campos de cultivo. Las tres salidas del pueblo quedarán bloqueadas y nadie podrá salir o entrar de la localidad.

Para complicar las cosas, una extraña epidemia se está extendiendo entre las gentes del pueblo, haciendo que se comporten de manera extraña y agresiva con todo aquel con el que se encuentran a su paso. Una de las médicas de cabecera del centro médico, una familia de recién llegados, dos guardias civiles, el párroco y un equipo de reporteros que han acudido al pueblo para cubrir la inundación, compondrán un pintoresco grupo que luchar contra el temporal, pero sobre todo contra la horda de vecinos infectados que les acechan, ansiosos por devorarles.

 Si, ya se… ¿Otra de zombies? Pues sí. A pesar de que yo mismo estoy más que saturado de este género, aburrido de estas pútridas criaturitas, lo cierto es que si he de ser sincero, he disfrutado de la novela.  Pese a que Zona Catastrófica no destaca por su originalidad y se ciñe a las premisas habituales de este tipo de historias (entiéndase grupo de supervivientes atrapados en un lugar, rodeados de muertos vivientes y  comprobando que ni siquiera los No Muertos pueden competir en cuanto a maldad con los propios seres humanos y  su miedo, su odio, su ambición, su cobardía y sus intereses),  la novela que Antonio Sánchez  se distingue por algunos puntos concretos que llaman la atención y que funcionan. La prosa, ágil y fluida, ofrece una lectura llena de giros argumentales, de sorpresas inesperadas y resulta muy, muy entretenida.  La interminable lista de muertes, algunas verdaderamente crueles, le dan un tono bastante cafre y pasado de rosca en algunos momentos, algo que me ha parecido un acierto. Y es que Antonio no se corta y el punto salvaje, cruel y cabrón que destila en algunos momentos es de lo mejorcito que he leído en este aspecto.

Bien narrada, haciendo que uno se sumerja (viva el juego de palabras) dentro de la trama y logrando que uno se sienta partícipe del horror que se cierne sobre ese tranquilo y aburrido pueblecito español  donde nunca pasa nada, considero que el escenario elegido y la forma en que se nos presenta la historia es genial. El apocalipsis se desata en medio de lo cotidiano, de un modo brillante. El lector va comprobando como error tras error, casualidad tras casualidad, cagada tras cagada, se desata el infierno y no hay nada que pueda evitar la tragedia.

En la parte negativa, he de centrarme en los personajes.  En demasiados momentos, dan ganas de darles de hostias con la mano abierta por su estupidez y su forma de actuar, absurda e inexplicable. En la mayoría de ocasiones, uno es incapaz de comprender porque demonios actúan como actúan, a que se debe esa incomprensible toma de decisiones y en que se basan para actuar como lo hacen. Entre cabrones e imbéciles, lo que resulta realmente asombroso es que se necesite de un apocalipsis z para que mueran. Casi dan ganas de aplaudir cuando cascan, mientras les gritas “Esto te pasa por gilipollas, so retarded”.

ANTONIO CON ZOMBISi pasamos por alto esa imbecilidad de los personajes y nos centramos en lo que sucede, insisto en que es una novela muy disfrutable y divertida. Antonio se lo ha pasado pipa imaginando este festival de muertes, caos y destrucción. Y el lector disfruta de ello, de la barbarie, de la masacre y de lo retorcido de cada uno de los actos que se narran.

Yo me lo he pasado pipa, me he reído mucho, me han salpicado vísceras y restos corporales, he visto como el miedo se apoderaba de los habitantes de Pozuelo de los Arroyos y he visto como los vecinos caen uno a uno, hasta desaparecer a toda su población, mientras la lluvia arrecia y las calles se convierten en canales.  Y la parte final, el desenlace, me ha parecido cojonudo.

Como digo, no esperéis algo nuevo ni distinto en cuanto a planteamiento, pero sí que estéis dispuestos a deleitaros con ese exceso con el que Antonio juega durante toda la narración. Muy entretenida,  bien escrita y se lee del tirón. Disfrutad de las muertes, de los  giros que da la historia y sobre todo, haced apuestas sobre quien será el siguiente en palmar. ¡Os lo vais a pasar teta!

Por cierto: Portada de Daniel Expósito, que sigue en su línea molona.

 

Zona Catastrófica

Antonio Sánchez Vázquez

Editorial: Universo

ISBN: 978-84-941526-6-5

Páginas: 490 pág.

PVP: 16€

 

 

Postales desde el Fin del Mundo, VVAA

 

Buenos días, mis queridos Lectores Ausentes.

 POSTDELFINDELMUNSoy un tipo de palabra y hace un tiempecito, prometí reseñar en la web una antología que me gustó mucho, mucho, mucho, tanto por su temática como por algunos de los relatos que se incluyen en ella. Por si fuera poco, la mayoría de los autores que participan, son amigos y conocidos, gente a la que conozco y sigo desde hace tiempo.

 Pues bien, hoy, con apenas tan solo un año de retraso (si, un año. No me matéis, por favor, no quiero dejar huérfanos a mis hijos), tras ir aplazándolo en beneficio de otras obras que me urgían más prisa y aprovechándome de la confianza, que siempre da asco,  llega por fin el momento de cumplir lo prometido y aquí está  la reseña.

Hoy venimos con Postales desde el Fin del Mundo, una antología escrita por varios autores  a los que la mayoría todos conocéis, publicada por la editorial Universo y que fue su tarjeta de presentación  como sello editorial. Como su propio título indica, estamos ante una obra enclavada dentro del género post- apocalíptico, en la que  contemplaremos la devastación absoluta de nuestro mundo tras el Armagedón y contemplaremos con horror como ya no queda esperanza para el ser humano tras semejante devastación.  Capitaneados por Víctor Blázquez, que ejerce de coordinador, cada uno de los autores nos dará su propia visión de ese infierno, en el que solo quedan ruina y cenizas. Distintos finales son los que se nos ofrecen para explicar cuál fue la causa de nuestra extinción como especie y como el planeta se convirtió en una piedra inerte y carente de vida. A partir de cada uno de esos desastres, cuando las llamas ya se han extinguido, pero aún podemos ver el humo y el hedor de los cadáveres  golpea nuestras fosas nasales, una vez todo ha terminado, es cuando se inicia la narración de cada una de las historias.  Se trata pues de saber que pasó después.

Cada uno a su modo, según su punto de vista y su propio Apocalipsis, los autores nos ofrecen una estampa de que sucede a continuación.

 Vamos a por un breve recorrido por cada uno de los relatos.

Bradbury 451, de Alejandro Castroguer: Cuando los supuestos salvadores de la raza humana consideran que la cultura debe ser destruida por el bien común. Un relato impecable y que supone un arranque magnífico.

-DejaVú,  de Arlette Geneve: Una crónica detallada del desastre, a partir de recortes de presa y titulares, en el que seremos testigos de cómo en un ejemplo terrible de Efecto Dominó, una serie de acontecimientos aparentemente   aislados, conflictos y situaciones que se escapan de las manos, llevarán a sumirnos en la Tercera Guerra Mundial y por ende, a la autodestrucción. Realista y creíble, lo que lo hace aterrador como pocos.

– Ozy… Mandias, de Javier Cosnava: Una invasión perfectamente calculada al detalle, sin posibilidad de huida y que supone una sentencia inapelable. Los caminos de la evolución de la especie, la profanación del último baluarte a manos de una especie despiadada por naturaleza y la sorpresa final que en mi opinión, hacen de este un relato muy recomendable.. 

La playa, de Cristina Ballesteros: Como su título indica, la playa es más que un lugar. Es el hilo que une el presente con el pasado, un lugar mágico  que nos arrastra a otro tiempo, otra vida. . Un paraíso de la mente que se niega a olvidar y que se transforma en nuestro lugar secreto, nuestro refugio personal y allí donde queremos descansar por toda la eternidad. Relato donde la nostalgia tiene un peso abrumador.

-Ya todo eran tumbas, de Miguel Aguerralde : Un territorio arrasado, un yermo desnudo donde el agua tiene más valor que la vida humana. Y una madre dispuesta a todo por salvar a su hijo.  Uno de los mejores relatos de la antología.

El fin, Luis Manuel Ruiz : Un relato sorprendente, con un giro brutal que ha logrado enamorarme. Ha sido extraño, porque curiosamente, hace mucho tiempo, en un foro perdido por estos mundos de Crom,  escribí un relato bajo una premisa muy similar y debo reconocer que el de Luis le da tres patadas al mío. No puedo decir gran cosa para no reventaros la sorpresa, pero ya digo que me ha encantado.

-El secreto del campanario,  de AC Ojeda: Una cruda alegoría al poder de las creencias y supersticiones dentro de un grupo cerrado. Cuando la superstición y el miedo eclipsan la lógica y el raciocinio, nada bueno puede suceder.  Furia, tristeza y exceso se aúnan en este relato, donde la sinrazón muerde con violencia.

-La despedida, de Ángel Luis Suscasas: Un mundo sin adultos, donde solo los niños tienen cabida. Y con ellos, lo que debería ser nuestra única esperanza se convierte en la epifanía del fin, la última rúbrica, el último vestigio de lo hermoso y bueno que hay en el ser humano. Tan cruel como emotivo.

-El centeno seguirá creciendo, de Vanessa Benítez Jaime: Ten cuidado con lo que deseas, porqué puede cumplirse. Un relato con un sabor amargo, en que la necesidad de huir de un mundo que no entendemos, en el que somos la oveja negra, parece la solución más sencilla a nuestros problemas. La soledad, el aislamiento absoluto, no parece tan terrible, pero lo es, aunque en ocasiones, pueda parecer que no sea tan distinto a vivir en nuestra propia piel, franqueados por un muro que nos separa de los demás y en el que nos sentimos seguros, lejos del alcance de aquellas cosas que duelen. La soledad, unas veces una carga difícil de llevar y otras, un refugio anhelado.

-El juicio de Ícaro, de Rubén Pozo Verdugo: ¿Y si el apocalipsis no fuera el Fin absoluto, si no el principio de algo? A veces, cuando todo ha sido arrasado, cuando no queda piedra sobre piedra, llega el momento de reconstruir. Resulta asombroso comprobar que es cuando todo parece ya perdido, cuando no queda ya nada que perder, cuando más nos empecinamos a resistirnos, a negarnos a rendirnos, a aferrarnos a lo único que nos queda, la esperanza  y todo aquello de lo que somos capaces con tan solo esa convicción. Otro de mis favoritos.  

Manada de lobos,  de Ángel Villán: Para mí, sin lugar a dudas y con diferencia, el mejor relato de la antología. Casi una novela corta, estamos ante lo que podría ser el guión de una estupenda peli de ciencia ficción y acción pura. Intensa, sin dejar respirar al lector en ningún momento, se apropia de los elementos típicos del género para ofrecernos una historia redonda, muy, muy entretenida y que nos deja un poso estupendo. Yo me lo he pasado pipa y ya aviso que es cinematográfica 100%. Algunas escenas son dignas del mejor cine fantástico. Un tren en medio de un páramo desolado, que debe llegar a la ciudad a cualquier precio, ya que a bordo se encuentra lo que podría ser el antídoto a la plaga. Pero no será una misión sencilla, cuando hordas de criaturas se interponen en el camino. Brutal y palomitera, en el mejor sentido de la palabra.

Singularis, de Javier Pellicer: Cuando la raza humana ya no es más que una idea, un concepto sobre el que debatir sumido en una irremediable extinción mientras agoniza como especie, cabe preguntarse que significa ser humano y si nuestra desaparición es tal cuando la evolución, en forma de androide e hija de nuestro intelecto, pone en nuestro lugar a un autómata como Sam. Un relato interesante, cargado de intenciones.

-Noche de graduación, de Víctor Blázquez: Emotivo, profundo, triste. Víctor logra tocar nuestra alma y conectar con nuestra parte más íntima, dejándonos hechos polvo con una historia bien escrita y que nos dejará huella.

-Manos de muñeca, de Adam Neville: He aquí la participación de un autor internacional al que admiramos y que aporta un relato de lo más tétrico, onírico y escabroso a la antología. Un cierre muy acertado para un recopilatorio como este, donde apenas queda esperanza y en el que ya todo está perdido.

Cada relato viene acompañado de una preciosa ilustración que capta al detalle la esencia de cada una de las historias.

Escenarios inhóspitos, eriales donde apenas queda vestigio de lo que fuimos. Páramos desolados, ruinas  y esqueletos. Tumbas gigantes sin epitafio o grupos de supervivientes condenados a perecer ante la imposibilidad de seguir adelante sin degenerar, sin poder evitar ser arrastrados por la decadencia más absoluta, hasta convertirse en algo peor que animales salvajes y carentes de cualquier  vestigio de lo que una vez fueron. Los despojos humeantes y pútridos de lo que fuera la civilización. La Nada miserable que se descubre en cuanto baja el telón. En definitiva, lo que queda cuando llega el Fin. Una antología que no os deberíais perder y que a nivel personal, me ha parecido espléndida. La decadencia, la muerte, la aniquilación y el fatalismo no están carentes de cierta belleza y de algún modo, los relatos que se incluyen no dejan de ser un reflejo de aquello que tememos, de lo que intuimos que nos aguarda tarde o temprano. Si tenéis oportunidad, no la dejéis escapar.

 

Postales desde el Fin del Mundo

VVAA

Editorial: Universo

ISBN: 9788461622955

Páginas: 240 pág.

PVP: 12€