El caballero del viento, de Alberto M. Caliani (Palabras de Agua)

Por Soraya Murillo.

Siempre que empiezo una opinión nueva sobre un libro que he leído y me ha gustado, temo no encontrar la forma de no repetirme y saber expresar lo que leí. Hoy me vino a la mente una pregunta que le hicieron a Newton. Le preguntaron cómo había conseguido resolver tantos problemas y él respondió: pensando en ello.

 En el relato, al contrario que la novela, el autor debe mostrar su maestría porque ha de condensar en escasas páginas una historia. Una novela puede tener cientos de páginas y ahí se puede meter de todo, desde describir los trajes de los protagonistas o un edificio a entrelazar varias historias, pero en el relato, por su propia extensión y naturaleza, requiere contar algo con lo justo. ¿Cómo escribir una historia en pocas páginas? Esa es la esencia de narrar. Alberto, escribió este maravilloso libro de relatos demostrando que puede escribir sobre todo. No es un autor monotema, al contrario: es un escritor clásico con una gran destreza en el arte de la narración.

A fin de cuentas, literatura, escultura, pintura o grabado, todo es arte, ¿qué buscamos en un cuadro o figura? Algo que, aunque no sepamos el motivo, nos haga sentir distintos; una emoción sea positiva o negativa, es decir, que nos haga soñar o que nos produzca horror. Pues nuestro autor logró eso, llegarnos, causarnos todo tipo de sentimientos y sensaciones. Cuando queráis podéis abrir este libro y comprobarlo.

Maestro de maestros, he seguido todas sus obras y no dudé en comprar el libro, Alberto M. Caliani vende con su nombre, sinónimo de calidad y de su capacidad de llegar al corazón de los lectores.

 ¿Qué vais a leer?

 Dieciséis relatos cortos ambientados en España y otros lugares del mundo. Muy variados, pasaréis de la risa al asombro, del asombro al miedo, del miedo al amor… Es un autor capaz de crear un relato de la cosa más simple y cotidiana. Empezaremos con “El taxista del infierno“, una historia valiente. Tal vez intuyáis pronto el desenlace. En ese caso, buena intuición, amigo lector, señal que tú harías lo mismo…

 Te reirás hasta tocar el suelo con “La peor cena de mi vida“, y lo bueno es que puede ser real,; mi hermana, que estuvo en Londres un año y anda que no contó anécdotas.

 Y aquí seguirás con la lectura y ya habrás comprobado en sólo dos cortos la calidad de nuestro autor, pero te esperaran amistades por las que daríamos la vida, sueños que dejan de serlo cuando los alcanzas, campos de exterminio donde terminarás de leer lo que se cuenta con una infinita tristeza, pero con una sonrisa en los labios. Héroes sin capa, ninguna falta les hace cuando llevan el valor dentro. Esa mujer equivocada; enfermedades que te cambian; descojone monumental para ayudar a tu pareja a quedarse embarazada (con este todavía me ando riendo). Cuando el destino no solo cambia tu vida…

Seguiremos con una historia en tiempos de la guerra civil, protagonizada por el abuelo de Caliani, una de tantas que hubo, pero como bien me dijo un amigo mío una vez: lo de uno siempre es lo más importante y lo que te llega, aquí nos llegará a todos, absolutamente a todos.

Más y más relatos, pero no escribí esto para contaros todo el libro, lo estoy haciendo para enseñaros una obra literaria que terminé y que os invito (no creo que invitar sea la palabra que busco), que os recomiendo y apremio a leer. Un libro que me enamoró, sería más correcto. Estoy convencida que también a vosotros os llegará muy adentro.

 Narrado con un estilo y calidad inmejorable, escrito por un autor de los que sigues sus trabajos sabiendo que no te defraudará.

 No os enseñaría esta obra si al leerla, no me hubiera entusiasmado. Sé que los libros valen dinero, no saco nada alabando un libro que compré, nada, salvo que vosotros sepáis de él, porque valió la pena traerlo a casa.

 Gracias, Alberto M Caliani.

http://palabrasdeaguaeditorial.com/tienda/el-caballero-del-viento-preventa/

 

TEORÍA DE CUERDAS. VVAA. (La Pastilla Roja Ediciones)

Por R. G. Wittener.

Antes que nada, quiero decir que ésta antología me parece un experimento literario muy interesante. Por encima de todo, porque la premisa básica que le ha dado forma al libro no resultaba nada fácil, y aún así consiguió reunir una cantidad respetable de relatos. Un resultado al que han debido colaborar, y mucho, la capacidad de cada autor para exprimir sus filias particulares en el género del terror.

Teoría de cuerdas comienza con un relato del antologista, Daniel Gutiérrez, en el que se nos presentan a cinco personajes: Gabriel, un muchacho preadolescente; Darío, su padre, que ejerce de policía; Lucía, su madre; y dos seres de pesadilla, que se pueden definir como “el gordo” y “el flaco”, que invaden el relato para meternos de cabeza en el terror e incomodarnos el estómago, al mismo tiempo que nos obligan a hacernos muchas preguntas (¿qué quieren?, ¿por qué han ido allí?, ¿qué interés tienen en la familia de Gabriel?, ¿qué clase de secretos conocen sobre Gabriel?) mientras van elevando la tensión, hasta un abrupto clímax de final abierto. Y a partir de aquí comienza el experimento literario.

¿Cuál es la premisa de ese experimento? Coger a los cinco personajes, la última frase del relato, y armar una historia a partir de lo narrado por Daniel Gutiérrez. Un juego de “cadáver exquisito” cuyo mayor escollo, o así me lo parece, habrá sido conseguir que las tramas finales de los relatos resultasen originales. Todo lo cual, al menos en parte, se puede decir que han cumplido Alberto M. Caliani, Emilio J. Bernal, Athman M. Charles, Néstor Allende, Santiago Sánchez Perez, Marta Junquera, Daniel Meralho, Leticia A. Lorenzo, Carolina Marquez Rojas, David Rozas Genzor, Carlos J. Lluch, y Tony Jimenez.

El problema (y es un problema de índole personal, lo reconozco, y por tanto muy subjetivo), es que tanto el relato inicial como buena parte de los que componen la primera mitad de la antología se mueven con fruicción (y decir fruicción puede ser quedarse corto) en el terror “sucio“: vísceras, sangre, y otras clases de fluídos corporales surcan sus páginas; las riegan, en estallidos parabólicos que no dejan hueco sin cubrir. Y a ello le acompaña una violencia que raya en el sadismo, con un vocabulario barriobajero a juego. De forma que, aún desarrollando tramas diferentes, a un lector como yo (insisto) le parezca estar asistiendo a variaciones de un mismo tema. Algo que quizás podría haberse atenuado repartiendo esos relatos tan “similares” por la antología, para evitar que se concentrasen. Como ya se puede imaginar, esta opinión es producto de no ser un gran fan de ésta modalidad del terror, y supongo que para otros no resultará ningún problema disfrutarlo.

A pesar de estos remilgos, que espero los autores sepan perdonarme, no voy a decir que la antología no me haya gustado. Que nadie piense tal cosa. Pero quizá por esa “saturación” de gore, la mayoría de mis relatos favoritos son precisamente los que no han incidido tanto en ese recurso.

Do“, de Néstor Allende “Sgrum”. Quizás porque es el que más destaca respecto a ese tono “vísceral” de la antología, desviándose hacia una historia para adultos pero sin regodearse en lo sangriento. Su trama se centra en un tema clásico del género sobrenatural, como es el del Apocalípsis bíblico, con un discurso que podría hacernos pensar en una versión de Neil Gaiman. A lo largo de la historia Gabriel descubre que tiene un papel muy relevante en el fin de los tiempos, y disfrutamos de algunas peleas entre ángeles y demonios mientras el autor va manejando de forma muy creativa la mitología hebrea, así como los diccionarios infernales, para estructurar un universo celestial bastante interesante.

Toc, Toc“, de Tony Jimenez. Derivando hacia un terror más clásico y psicológico, Tony Jimenez nos plantea una historia en la que la casa de los protagonistas es el centro de actividad de objetos malditos y presencias malignas (los “tockers”), más sentidas que vistas, con las que logra mantenerte interesado en su relato página a página hasta el trágico final para Gabriel y su familia. El único pero que le pongo son ciertos monólogos internos de Gabriel, que me hubiese gustado ver resueltos de otra manera.

Semillas de demonio” de David Rozas Genzor. En este relato, el autor teje una historia de maldiciones y tratos con sectas infernales, en las que el joven Gabriel se ve obligado a descubrir su infausto pasado y la oscura maldad que le aguarda en el futuro, por medio de una narración que recordará al lector las tramas de La Profecía. No se puede decir que su final sea imprevisible, pero a quienes estén familiarizados con estas historias seguro que se les pasará por la cabeza a medida que lo estén leyendo.

Buscando una salida“, de Daniel Meralho. El último de mis favoritos es el único que sigue esa dinámica de gore y terror “sucio” que he comentado al principio. Sin embargo, Daniel Meralho lo ha desarrollado dentro de una dinámica de “atrapado en el tiempo” infernal, que te sujeta por las tripas y te obliga a seguir leyendo mientras sientes más y más lástima por el protagonista; hipnotizándote con esa brutalidad y crueldad.

Para hacer honor al título del libro, y completar este viaje por el multiverso, Daniel Gutiérrez cierra la antología con otro relato que se nutre de todo lo que hemos vislumbrado en esos universos paralelos y nos deja en la última página preguntándonos cuál de todos los destinos que hemos presenciado es peor. En definiva, una obra curiosa cuyo público principal son los amantes más acérrimos del género del terror.

 

https://www.amazon.es/Teoria-cuerdas-Pastilla-Roja-Ediciones/dp/1537660373