La caja de botones de Gwendy, de Stephen King y Richard Chizmar

Por Athman M Charles.

Buenos días, mis queridos Lectores Ausentes.

En esta mañana de domingo, dirigimos nuestros pasos hacia Castle Rock, lugar mítico y aterrador, escenario de tantos sucesos inexplicables y terribles. Si, amiguetes: El tito King regresa a su emplazamiento favorito con su nueva obra, La caja de botones de Gwendy. En esta ocasión, no viaja solo. Richard Chizmar (autor al que no he tenido ocasión de leer con anterioridad, pero que cuenta con varios títulos en su haber), le acompaña en el trayecto y como el mismo explica, fue en cierto modo el instigador de este pequeño viaje. Por lo visto, Chizmar escribió la historia hasta que se quedó bloqueado en algún momento, sin saber para donde tirar y fue entonces cuando se la pasó a King para que le diese su opinión y que este hiciese con el material lo que le viniese en gana. El de Maine accedió a poner de su parte, escribiendo el resto y contribuyendo con sus ideas, y el resultado es esta pequeña historia, que siendo honestos, sin estar nada mal, no es tampoco nada del otro jueves. Una novelita corta, apenas poco más que un relato alargado, que si bien no aporta gran cosa al lector, nos permite visitar uno de nuestros parajes favoritos y reencontrarnos con uno de los personajes más emblemáticos en la bibliografía de King, nada más y nada menos que el inefable Randall Flag (AKA Richard Farris), quien como siempre, aparece en escena haciendo cosas raras, para ponernos a prueba y sentarse a ver arder el mundo.

Si bien la historia parte de una premisa interesante, aunque en ningún caso novedosa, su desarrollo no acaba de satisfacernos por completo. Lo que nos cuenta y la forma en que nos lo cuenta no chirrían ni están mal, pero el estilo flojea, no está a la altura de lo que el lector espera. Stephen King nos tiene mal acostumbrados y aquí la escritura parece un tanto simple, algo por debajo del nivel habitual. Capítulos cortos, muy cortos y un avance cronológico en la historia a velocidad de la luz, mostrándonos lo que sucede en un periodo de diez años en apenas doscientas páginas, pasando de escena a escena, de un momento importante a otro, sin permitirnos profundizar en nada. El tratamiento de los personajes sufre del mismo problema. Si bien están caracterizados y cumplen en su rol, notamos falta de profundidad en ellos, nos falta conocerlos más a fondo.

Lo mismo ocurre con varios puntos de la propia historia. Hay tanto material desaprovechado, sin desarrollar y por el que se pasa casi de puntillas, que uno se pregunta si no hubiera sido mejor que King hubiera reescrito todo desde el principio, basándose en el material y las premisas de Chizmar, exprimiéndole toda la chicha que puede salir de ahí. Y es que en algunos momentos, eso es lo que parece la obra: Un borrador de tramas y sub-tramas sin ahondar, que poniéndose serio con ellas, desarrollándolas, dándoles el espacio que requieren, el peso real que tienen en el devenir de la historia, eran la base, ahora si, de una muy buena novela. Tal como está, se queda un poco en tierra de nadie, ni relato (donde realmente funciona si obviamos la extensión) ni novela, por falta de complejidad y donde exige espacio y materia para explayarse a gusto. Se ha escogido una fórmula que no termina de cuadrar.

Otra cosa a la que tampoco se le saca partido es a la propia caja de botones que da pie al título. No sé que les sucedió a los demás, pero cuando me puse con la obra, imaginé una suerte de cosedor o algo similar y para nada. La caja de botones de Gwendy es literalmente eso, una caja con botones, de los de pulsar. Y palancas. Y cada uno de ellos tiene un efecto concreto, que puede darte la felicidad y/o liarla muy parda, siempre y cuando tengas agallas suficientes y ningún tipo de ética, moral, remordimientos ni mala conciencia. De nuevo, reincidimos en el mismo problema: Apenas se le saca rendimiento al propio objeto y a ese problema ético, al uso del maldito cacharro y a sus consecuencias. Se queda ahí. Como causa y efecto de la historia, pero sin protagonismo más allá del mínimo, quedando casi reducida a simple excusa. Había tantas posibilidades en ese aspecto, que me resulta sorprendente que ninguno de los autores haya tirado de ese hilo.

No sé si es que la idea original del proyecto era escribir una novelette si o si, sin la opción de salirse de ese formato y es la propia restricción impuesta en cuanto a extensión obligatoria, o que King quería sacarse esto de encima cuanto antes y se hizo con prisas, yendo al grano para cumplir y punto, pero el caso es que sin ser en ningún caso una mala lectura, resulta a todas luces insuficiente para dejarnos satisfechos. Nos sabe a poco. Es como darle un solo bocado al vuelo al mejor bocadillo del mundo, después de ocho horas sin comer. Estamos hambrientos, el bocata está de vicio, pero apenas hemos podido morder la punta del pan, sin llegar a catar ni la chicha ni la salsa.

Como dato curioso (y que quizá explique el porqué de esta obra irregular y esta peculiar colaboración), resulta que Richard Chizmar es el fundador de Cemetery Dance, un pequeño sello editorial que curiosamente, es quien ha publicado la novela en EEUU. Tinto y en botella, que se suele decir.

Destacable, la cuidada edición del libro por parte de Suma de Letras, impreso en formato cuartilla de 20×16 centímetros, en tapa dura con sobrecubierta y varias ilustraciones en blanco y negro en el interior. Como objeto, mi lado fetichista bibliófilo se sintió feliz y contento.

Y a pesar de todo, con todas su fallas y carencias, la he disfrutado. No puede competir con ninguna otra obra de King que haya leído. No juegan en la misma liga, ni puede siquiera aspirar a ello por su propia condición bastarda, pero José Óscar Hernández Sendín hace un buen trabajo de traducción, como novela corta que es se lee en un rato, resulta entretenida, se le ven las posibilidades (aunque estén desaprovechadas) y siempre es un placer regresar a Castle Rock, ese lugar maldito y fascinante, aunque sea en forma de cuento.

Una rareza dentro de la bibliografía del de Maine, una oportunidad de oro para Chizmar, una lectura ligera para el lector y un trofeo más para la colección de los más completistas.


Cine: The old man and the gun

Por Fernando Codina.

Atención, amantes del cine… ¿Qué pasa cuando en una película coinciden en enorme Robert Redford en un papel protagonista, Danny Glover y Tom Waits como secundarios de lujo, y la increíble Sissy Spacek como acompañante femenina? ¿Y si además se junta un impecable David Lowery como director y guionista, ayudado en esto último por David Grann? ¿Y si lo unes a que está basada en una historia real, digna del mejor cine negro?

Pues el resultado es una AUTÉNTICA OBRA MAESTRA del cine contemporáneo, una película que en sus noventa y tres gozosos minutos de duración no te deja respirar, y en la que no falta de nada. Desde atracos a bancos impecables, hasta la preparación de los mismos, incluso una incipiente historia de amor. Y, por encima de todo ello, el ENORME Robert Redford, en la que será su despedida del cine, al menos como actor.

Basada en la historia real de Forrest Tucker, un apuesto y talludito ladrón de bancos, con un estilo impecable y siempre sin disparar un solo tiro. A una edad más identificada con las sopitas y el buen vino, Forrest se dedica a atacar bancos, en la película nos hablan de cincuenta y tres, en cinco estados diferentes (aunque en la escena final nos comentan que atracó otros cuatro, ¡el mismo día!). También nos hablan de la implacable persecución de un joven agente del FBI, en una época, los primeros años ochenta, en la que estas operaciones no eran comunes. Y asistimos a una dulce historia de amor, entre dos personajes, Forrest y Jewell, que en cierto modo estaban condenados a encontrarse.

En la película, también hay espacio para grandes momentos cómicos, como la reunión previa al atraco del banco de Forrest, Waller y Teddy; o el intercambio de mensajes garabateados en billetes de Forrest y su némesis, el agente Hunt, interpretado por un sobresaliente Cassey Affleck. Pero también hay persecuciones a toda velocidad (aunque la última de ellas termina a lomos de un caballo), huidas de la cárcel (recordando viejos tiempos y sus dieciocho fugas previas), escenas románticas…

En resumidas cuentas, una historia demasiado buena para ser verdad, que reúne a un plantel de actores en estado de gracia y a un director capaz de sacar lo mejor de todos ellos. Una de esas películas que resulta necesario ver en versión original para disfrutar plenamente de unos actores impecables.

Robert Redford acumula a lo largo de su carrera una inolvidable galería de ladrones y forajidos, y esta es posiblemente la interpretación más tierna y al mismo tiempo un poco gamberra que el veterano actor nos ha regalado en los últimos años. Y si realmente es su despedida del cine como actor, extremo este que ha sido mencionado por el intérprete, se me ocurren pocos broches de oro más concebidos a su medida. La historia de un ser que vive la vida intensamente, y cuya sonrisa parece bendecirnos desde la pantalla. La épica vida de un granuja, a todo gas.

Mi vecino Totoro cumple treinta años

Por Fernando Codina.

Si con las palabras “¡Tora, Tora, Tora!” dio comienzo el ataque japonés contra la base americana de Pearl Harbor en diciembre de 1941, el nuevo grito de guerra en numerosos cines españoles es “¡Totoro, Totoro!”, con esa musiquita y ese acento tan pegadizos que hacen sonreír por igual a niños y a adultos. Porque la película de animación japonesa, “Mi vecino Totoro”, producida por los Estudios Ghibli, acaba de cumplir treinta años, y lo celebran con un re-estreno en unas cuantas salas de Madrid, y en el resto de España.

Como buen aficionado al cine en versión original, hace un par de días fui a verla a mis cines de cabecera, los Renoir (en parte por su genial opción de la vuelta al cine, con precios inferiores a los de la taquilla). Al entrar en la sala, pensé que iba a haber poca gente, en buena parte por la hora (las seis de la tarde de un jueves), pero sin olvidar el inconveniente de la propia versión original. Porque para mí era bastante distinto el ver una película en francés, italiano o inglés, idiomas que conozco bastante bien, que en japonés, donde solamente soy capaz de dar las gracias (“domo arigato”, y eso gracias a la serie “Shogun”).

Pero sin embargo, la sala estaba casi completamente llena, y no solo de adolescentes, sino también de personas de cierta edad. A mi lado se sentaron una chica de unos treinta años, y su madre, en la sesentena, y ya desde los créditos iniciales empezaron a cantar por lo bajinis la melodía…

Porque hay que reconocer que es pegadiza, y que suena muy bien, y que se mete en la cabeza del espectador. Como todo el resto de la película, por otra parte. El argumento no puede ser más sencillo: dos niñas, una de ellas poco más que un bebé (llamada Mei), y la otra una pre adolescente (Satsuki) se mudan a su nueva casa, en pleno campo, a vivir con su padre, mientras que su madre se recupera de una grave enfermedad en el hospital de la comarca. En el bosque cercano, las niñas descubren la existencia de seres míticos y extraordinarios, como su nuevo vecino, el gigantesco Totoro.

Es un personaje que tal vez debería dar miedo, por su enorme tamaño, sus garras afiladísimas o su tremenda boca llena de dientes amenazadores, pero que es en realidad un espíritu del bosque, que solo puede ser visto por personas de corazón puro. ¡Y no nos olvidemos del impresionante y enorme gato autobús, con sus incontables patas y su curiosísimo cuerpo moldeable! Las niñas vivirán varias aventuras con estos curiosos seres, a los que es imposible no tomarles cariño.

El caso es que durante los noventa minutos que dura la película, y quizás por la complejidad añadida del idioma original, tanto los demás espectadores como quien esto escribe, fuimos completamente abducidos por “Mi vecino Totoro”… y salimos del cine tarareando la dichosa musiquilla. Ha sido toda una experiencia, casi catárquica, y perfecta para olvidarnos del mundo real.

La película, dirigida por Hayao Miyazaki, se convirtió desde su lanzamiento en todo un fenómeno a nivel mundial, casi en el icono de toda una generación de niños que crecieron bajo su sombra. Y la carrera del director ha sido impresionante, siendo el responsable de otras películas míticas como “La princesa Mononoke”, “El castillo ambulante” o “Se levanta el viento”. En resumidas cuentas, toda una experiencia cinematográfica, que estaré encantado de repetir en cuanto cobre y pueda comprarme la película en DVD.

El silencio de la ciudad blanca, de Eva G. Sáenz De Urturi

Por Soraya Murillo.

Este es el primer tomo de la llamada “Trilogía de la ciudad blanca”. Si he de ser sincera tenía muchas dudas de empezar esta saga. Por ambientación me recordaba a la trilogía del Batzán, de la que no quedé muy contenta. Pero la novela empezaba con buen pulso narrativo y se me hizo amena la lectura. Algo muy importante a su favor es que es autoconclusiva.

Una escritora que da muchos detalles, haciendo con ello que el libro se vuelva muy visual. Escrita de forma sencilla, nos adentra en una novela negra donde no faltan referencias a la mitología, las leyendas o a la arqueología. Algunas leyendas son verdaderamente hermosas, con un punto de magia y terror.

Parte importante de la historia trascurre en la provincia de Álava y la ciudad de Vitoria. Sus calles, monumentos y bares, son lugares que existen, haciendo que todo parezca más real. La autora mueve con astucia al protagonista principal, el inspector Unai López de Ayala, alias Kraken, experto en perfiles criminales. Un hombre cuyos demonios interiores no logra exorcizar.

En Vitoria, hace dos décadas, un brillante arqueólogo fue detenido por unos asesinatos rituales. A punto de salir de su condena los asesinatos se reanudan tal y como fueron cometidos. Si el supuesto asesino sigue en la cárcel, ¿quién los está matando? Ese será el reto de Unai. El escenario lo será todo en esta novela. Es lo que siempre digo: nada supera a un autor describiendo el lugar donde vive. Tendremos unos saltos en el tiempo, con otra historia paralela a la del protagonista y con otros personajes, aunque obviamente tendrá mucho que ver con la actual. Y eso es curioso, pues en sí parece una simple historia de amor.

La forma de matar es muy especial, rozando la mitología. La novela se hizo para entretener al lector, esto lo digo porque algunas puestas en escena de los crímenes resultan bastante inverosímiles, serían prácticamente imposibles de realizar en plena calle sin que nadie viera nada, ya que también el escenario abarcará una ciudad en fiestas, y dudo que algo así pudiera hacerse sin ser visto, sin testigos. No le deis muchas vueltas, la autora es consciente de ello, pasando por encima como no queriendo dar más explicaciones.

Nuestro policía es muy inteligente, sigue buenas pistas. Aun así, el lector llegará a la misma conclusión, incluso en algunos tramos se adelantará al propio policía por las pistas que dejó la autora. Por eso pienso que es una novela en la que la escritora ha querido que los protagonistas y los lectores se unan y vivan por igual la trama, buscando los porqués.

Un thriller de muy buen ritmo para los lectores amantes del misterio y la novela policial, donde el inspector de policía prácticamente arrolla con su personalidad al resto de personajes. Una ciudad llena de rincones misteriosos que un asesino empapará con sangre. El sacamantecas, Ochate, mitos vascos, cultura, todo le vale a Eva G. Sáenz de Urturi para que no perdáis interés, destacando un magnífico trabajo de investigación.

Historia que seguirá con “Los ritos del agua “y “Los señores del tiempo.

Entretenida sin más. Un final demasiado fantasioso, creo que se le fue un poco la mano huyendo de lo real, queriendo dejar una atmósfera tan misteriosa. En los crímenes en serie hace falta un poco más de seriedad. Mentiras y venganzas se unirán, junto a un pasado que alguien no quiere ni desea olvidar.

 

https://www.casadellibro.com/libro-el-silencio-de-la-ciudad-blanca/9788408154167/2933371

 

 

 

 

 

 

Delicias francesas: Sobre Ruedas y El gran baño

DELICIAS FRANCESAS, por Fernando Codina.

Tranquilo, pequeño saltamontes, que no se trata de ninguna cochinada. Porque con “Delicias francesas” me refiero en esta ocasión a dos maravillosas películas de aquella nacionalidad, que sobreviven como mejor pueden en las carteleras de Madrid y de otras ciudades españolas, como por ejemplo Málaga y Granada. Son concretamente “Sobre Ruedas” y “El gran baño”, de las que te hablaré un poquito a continuación.

Gracias a las ofertas de los Cines Renoir, últimamente estoy viendo muchas películas extranjeras en versión original (se me ocurren pocas maneras más placenteras y eficaces de mantener un idioma que ir al cine), y sobre todo francesas. Y en las últimas dos semanas, he disfrutado como un enano de estos dos títulos.

En común tienen el pertenecer a un género muy concreto, la comedia y la sátira social, pero ambas con un tono intimista y respetuoso con la diversidad que las hace merecedoras de la más alta consideración.

Sobre ruedas es básicamente una comedia romántica. Cuenta la vida de un exitoso hombre de negocios, Jocelyn, ligón hasta decir basta y mentiroso compulsivo. Durante una visita a la casa de su madre, recientemente fallecida y que necesitaba una silla de ruedas para andar, es sorprendido por su vecina, una mujer joven y tremendamente sexy, quien al verlo sentado en la silla, piensa que es un discapacitado. Y resulta que ella tiene una hermana mayor, que también va en silla de ruedas, y se le ocurre presentarlos en una comida familiar. A partir de ese momento, va surgiendo una historia de amor, basada en la mentira, pero también en la admiración, puesto que ella resulta ser una consumada tenista, y una violinista de excepción. Y surge el problema. ¿Cómo decirle que él es válido, sin que esto afecte a su relación? ¿Hasta qué punto tienen un futuro juntos?

Todas estas cuestiones, y unas cuantas más, te atrapan durante las casi dos horas que dura la película, y te hacen reflexionar. Destaca también la fotografía, muy cuidada, y los escenarios a los que te va llevando, desde las calles de la mágica París, hasta una cena en una terraza piscina; y con un espectacular paseo en silla de ruedas motorizada bajo la lluvia.

Una delicia de película en todos los sentidos, escrita, dirigida e interpretada por Marc Dubosc, que se estrena con esta cinta.

Con El gran baño, damos una vuelta de tuerca, pero siempre dentro del campo de la alta comedia. Dirigida por Gilles Lellouche, es una cinta tremendamente divertida, que cuenta la historia de un peculiar grupo de hombres, todos ellos en plena crisis de los cuarenta, que decide formar un conjunto de natación sincronizada masculina. Toda ella narrada desde el punto de vista del último integrante, un ser gris y depresivo, pero con un tremendo corazón y ganas de superación. Es una película de esas que te dejan buen sabor de boca, de principio a fin, y al mismo tiempo un canto a la amistad.

Particularmente divertidas son las escenas de su primer entrenamiento de grupo, la manera en que conocen al enfermero que será el hombre clave de la formación por su capacidad de mantener la respiración bajo el agua; el intento de robo de material para el equipo en unos grandes almacenes o su espectacular coreografía final. Eso por no hablar de los draconianos entrenamientos campo a través, con una directora de lo más peculiar.

Mientras estaba viéndola, no podía parar de pensar en la genial película Campeones, por lo que ambas su genialidad y su historia de superación de la adversidad. También la han comparado, y no sin razón, con un Full Monty a la española. Pero no por ello deja de ser una película genial, de las más divertidas que he visto en los últimos tiempos.

En definitiva, dos grandes películas, perfectas para los días grises.

Cada corazón, un umbral, de Seanan McGuire

Por Soraya Murillo.

Deslizándose entre las sombras bajo la cama, o a través de un armario, o por madrigueras de conejos… los niños siempre han sabido acceder a mundos mágicos.

Pero ¿qué ocurre cuando regresan y no consiguen adaptarse y no son aceptados por sus familias? Eleanor West tiene un internado que acoge a estos niños que quieren volver a su mundo de fantasía. Pero con la llegada de Nancy algo cambia en el internado y pronto tendrán que enfrentarse a una tragedia por sí mismos.

Novela ganadora del Hugo, Locus y Nebula en 2017.

En algún momento en el pasado, unos niños, ahora adolescentes, encontraron la puerta adecuada hacia otros mundos donde sus corazones eran libres, su personalidad era aceptada sin más, encajando a la perfección. Los Salones de los Muertos del Inframundo, El País de las Hadas, El Mundo Alto sin sentido de tiempo subjetivo, El Mundo Altamente Lógico… Lugares al otro lado de nuestra realidad.

¿Os habéis preguntado alguna vez qué debió de sentir Alicia en el país de las maravillas cuando volvió a su vida normal? Ellos ahora no encajan y sus padres quieren que los arreglen, como si estuvieran estropeados. Vais a entenderlos, lo sé, porque todos nosotros, al igual que ellos, tenemos en cierta forma cicatrices interiores que nunca se curan. La narrativa de la historia hace honor a ese dolor.

Nos muestra a nosotros mismos. La humillación y el sufrimiento se entregan sin importar la raza o la orientación sexual. Es la carga compartida de la humanidad que nos une. Esto es lo que nos hace especiales. Esto es lo que somos. Y pese al dolor, a esa carga ineludible, un mensaje optimista que nos anima a seguir luchando por nuestra felicidad.

Quieren regresar allí al precio que sea, aunque para eso deban matar. Las muertes comenzaran, pero no vais a leer una trama detectivesca ya que, en sí, no importa tanto quién es el asesino, sino la razón por la que los están matando.

Una narrativa poética y dulce con un toque macabro nos hablará de la soledad, la incomprensión, pero sobre todo de encontrar tu lugar en la vida.

Personajes entrañables, de diálogos simples. No llega a las doscientas páginas. Aunque hay otra parte titulada Ahí abajo, entre raíces y huesos, el libro es autoconclusivo.

No sé si ciertas escenas que parecen repetirse, pueden deberse a la traducción, perdiendo parte de la magia del original. No lo sé, la verdad, pero hay momentos que se me hizo lenta la historia, y eso me pareció extraño con los premios que la avalan. Lo que hace tan especial este libro es la esperanza a la que se agarran los protagonistas, con tanta fuerza que prácticamente, nos la gritan.

Dicen que nadie aprecia tanto la vida como un herido mortal. La historia triste y emotiva quiere haceros entender que en algún lugar, hay alguien dispuesto aceptarte tal y como eres.

No te conformes. Busca la puerta que te lleve hasta allí.

https://www.amazon.es/corazón-umbral-Runas-Seanan-McGuire/dp/8491812008/

Donde el perdón no llega, de Ángel Vela

Por Jorge Herrero.

Donde el perdón no llega no es una novela más entre tantas, si no un gran libro de principio a fin. El autor ha creado una historia de las que calan hondo en el lector. Intensa, dura, con momentos que se graban a fuego y que no se olvidan, por su contundencia y su crudeza. Tiene altas dosis de violencia, pero no es una violencia gratuita, si no la que pide la historia, y donde el escritor no ha escatimado recursos a la hora de contar con todo lujo de detalles las escenas mas duras. Eso es de agradecer, ya que no suele ser habitual que un autor no se contenga en esas situaciones. Llegan a ser tan realistas que impactarán al lector.

El autor ha hilado una historia cuidada hasta el más mínimo detalle, y eso se nota en todas y cada una de las páginas. Una ambientación que es uno de los puntos fuertes de la novela. En todo momento el lector tendrá la sensación de estar dentro de la historia, ser uno más y sentir en sus carnes como sienten los personajes.

El tratamiento de estos es de los mejores que he visto y leído en bastante tiempo. Todos y cada uno de ellos tienen su motivaciones y una personalidad muy bien definida. Desde los principales hasta los secundarios están tan bien desarrollados que hacen que sean pura maravilla. Se nota el cariño del autor hacia ellos, y que se ha tomado su tiempo a la hora de perfilarlos. No son individuos que desprendan bondad y candidez, ya que la historia no es amable ni bonita. Estamos ante una novela dura e inclemente, donde los personajes tratan de sobrevivir a toda costa, sin que les importe el precio a pagar. Si tuviera que destacar a uno de ellos, sin duda sería el de Doña Capulina, alguien que es mucho más de lo que parece a primera vista y que guarda más de una sorpresa.

Donde el perdón no llega es una historia muy visual y con un estilo muy cinematográfico, dando la sensación de estar viendo una buena película. Tiene momentos a lo Robert Rodríguez de la primera época, entre otras referencias. La trama se toma su tiempo para arrancar, pero eso no quiere decir que sea lenta, si no que el autor va situando a los personajes sobre el escenario. Conforme va avanzando, va subiendo de intensidad hasta llegar a un final que dejará al lector con la boca abierta. A destacar los giros argumentales que hay a lo largo de la novela, siendo todos ellos sorprendentes, ya que en ningún momento te los esperas. Es una historia plagada de muchos detalles que pueden que se pasen si no se está atento, requiriendo una segunda lectura.

Otra cosa a destacar son los diálogos y el vocabulario de la novela, aspectos donde Ángel Vela ha puesto mucho cuidado a la hora de que todo esté en su sitio, que nada chirríe y que no desentone. Aquí se nota el gran trabajo de documentación a la hora de dotar a la historia de trasfondo y empaque, para que todo sea de un realismo tal que resulta creíble en todo momento.

Donde el perdón no llega es una historia que gira en torno a la venganza, una deuda pendiente que viene arrastrándose desde el pasado, y que va cociéndose a fuego lento. Saldarla no dejará títere con cabeza y dejará un reguero de sangre, destrucción y víctimas, pagando todos un alto coste.

En definitiva, Donde el perdón no llega es una gran novela, impactante, dura y que no dejará indiferente a nadie. Su lectura es toda una experiencia, dejando al lector sin aliento en muchos momentos. Sin duda alguna, es uno de los mejores libros del 2018 y que sitúa al autor en primera fila con esta su primer novela, de una calidad muy alta y que no tiene nada que envidiar a las de autores más consagrado. Un título muy recomendable.

Sinopsis:

¿Qué tienen en común un violento exconvicto que sobrevive en Jalisco, haciendo lo único que se le da bien y una viuda que vio asesinar a sus hermanas y que lucha a diario por alimentar y proteger a sus hijas, en un entorno tan hostil y cargado de peligros que llegar vivo al final del día se podría considerar un triunfo?

¿Y estos con un joven neuropsiquiatra que abandona una carrera meteórica en los Estados Unidos para regentar el ala de psiquiatría de un modesto hospital de Morelos?

¿Qué historia se esconde detrás del alebrije que el joven lleva a todas partes?

¿Hasta dónde estaría dispuesta a llegar una madre por proteger a sus hijas o vengarlas?

Una novela oscura y malsana en la que no todo es lo que parece. Una espiral de sufrimiento que consumirá hasta destruir a cuantos caigan en ella. Personajes esclavos de sus instintos, de sus pasiones y miedos, o incluso de su pasado o su futuro.

Drogas, mucho alcohol, machetes y pistolas, venenos, brutales asesinatos, vejaciones y suicidios. Tortura física y psicológica, sangre y vómitos. Trastornos mentales y horribles pesadillas, lágrimas y la más terrible de las herencias. Traumas imposibles de encajar, locura y fuego.