CINE: The Endless (El Infinito), de Justin Benson y Aaron Moorhead.

Tengo que darle las gracias a Lluís Rueda, escritor, editor en Hermenaute Ediciones, cinéfilo y buen amigo, por descubrirme esta jodida obra de arte: The Endless (El Infinito), de Justin Benson y Aaron Moorhead.

Un film tan arriesgado como imprescindible, con una atmósfera onírica y asfixiante, en algunos momentos realmente claustrofóbica, no por lo que se ve, sino por la sensación de paranoia que provoca en el espectador. Una fotografía nada convencional, inquietante, que funciona como un elemento más, en perfecto binomio con un guion que sobresale por méritos propios, alejándose de los clichés ya harto manoseados del género, para inducirnos en ese estado de desasosiego, con el que logra a la perfección sumergirnos en una situación de tensión creciente y absoluta, en el que todo, hasta lo más normal, nimio y natural, nos parece una amenaza, un peligro, algo que nos acecha y que se manifestará en cualquier instante. La supuesta normalidad se ve desde una perspectiva que nos chirría, en la que algo falla, se torna densa, casi surrealista, deformándose ante nuestros ojos incrédulos. Lo cotidiano, como aquello que nos inquieta, que nos hace desconfiar, mutando, transformándose en lo imposible.

 Horror, misticismo y ciencia ficción. El infierno es repetición, la imposibilidad de cambiar, de avanzar, de escapar de él. La confrontación entre el determinismo y el libre albedrío, esa comunión entre el terror existencial, los mitos lovecraftianos, la naturaleza cíclica de Samsara, el mundo de las sectas y la salvación, y la eterna pregunta de cual es nuestro papel en la vida que vivimos, si es que eso tiene alguna relevancia en el devenir del universo, resulta una propuesta atrevida y muy bien llevada, dando como resultado una experiencia opresiva y por ende, muy satisfactoria. Tenéis que verla. Con la mente abierta, dejando que os envuelva y os impregne, que contamine vuestra mente, teniendo en cuenta que no es una peli de terror al uso, sino un acto de contrición, no hacia dios, sino hacia uno mismo.

En mi opinión, es casi redonda. Casi. No alcanza la perfección por un motivo tan simple como absurdo. Esa escena final, para mi, totalmente innecesaria, pues priva al espectador de tomar su propia decisión, su propio desenlace, algo que creo que es lo que la película requería. Una sola escena, solo eso, le impide convertirse en una obra maestra. Quizás sea un detalle irrelevante, fruto de mis propias manías y preferencias, pero yo la hubiese eliminado del montaje final.

Por lo demás, ya os digo. Una obra imprescindible, que os calará, dejará poso y sobre la que rumiaréis y daréis vueltas, que no olvidaréis y a la que es probable que regreséis de nuevo en algún momento.

https://www.filmaffinity.com/es/film161501.html