El ejército de piedra, de Luis Manuel Ruiz (Salto de página, 2015)

Una reseña de Jorge Lara

El-ejército-de-piedraMadrid, capital de España. Las tantas de la noche del primer día de febrero de 1909. Iglesia de San Froilán  Un grito, que habla de cosas imposibles, desgarra la noche y perturba la paz de aquellos que descansan: “¡fuera, mala bestia!”. Ella, la madre, vislumbra impotente y paralizada, una imagen sacada de la peor de las pesadillas: su retoño es arrancado de los brazos de la madre, por una bestia que, finalmente, huye con el botín entre sus fauces. -¡Mi hijo, mi pobre hijito!-, aúlla desesperada provocando un mar de luces en las ventanas.  Las alarmas se disparan, la Guardia Civil se despereza y emprende una persecución que termina con el monstruo acorralado en un tejado.  La huida ya no es opción, esconderse no servirá de nada, y de repente, ¡bang!, un certero disparo le hace tambalearse y caer al vacío para romperse en mil pedazos, literalmente, porque aunque esta bestia tiene dientes, garras, pelo y una rostro de demoníaco… es de piedra y la piedra se quiebra.

Pero algo no encaja y es que algo de piedra, es… inerte, y no se mueve, ¡no puede moverse, es imposible!  Pero, amig@s, tan solo los locos dicen “imposible”.  Ya lo dijo el Sombrerero loco a Alicia: “solo es imposible, si tú crees que lo es”, por eso  los sabios dicen “improbable”.

Como sabio es Salomón Fo, la cúspide de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Eminencia científica sin parangón, miembro de honor de todo comité de sabios, amante empedernido de los exquisitos y dulces piononos y preocupado padre de la descarada y deslenguada Irene Fo.  Ireno Fo, huracán de fuerza, vitalidad, dedicación, inteligencia y perspicacia, o lo que es lo mismo, lo que surge de mezclar a Sherlock Holmes con Indiana Jones y dotarlo de forma de mujer.  No menos sabio, pero en el arte de la resolución de crucigramas, es Elías Arce, gacetillero del diario “El Planeta” y enamorado perdidamente de la belleza salvaje de la señorita Fo. Por último, Nabucodonosor Orlok, el mayordomo de la familia Fo. De naturaleza sobrenatural, edad indeterminada y puntería infalible. Para aquellos lectores que ya leyeran la primera de las novelas de este singular cuarteto, “El hombre sin rostro” (Salto de página, colección Púrpura, marzo 2014), poco hay que yo pueda contarles acerca de tan peculiar grupo de personajes, pero para aquellos que como yo, los descubran por vez primera, deciros que son un lujo, una delicia, un regalo para la vista: estrambóticos, divertidos, ingeniosos, ¡locos!… adorables.

Pero también hay personajes oscuros, enigmáticos, grotescos e igualmente atrayentes  y sumamente interesantes, ricos en matices, como Vidarte, inspector de día y vedette de noche, o los componentes del Trío Ele, “virtuosos” músicos. Qué decir de la “maldita” Medusa, cuya picadura es tan electrizante como mortal, o el misterioso hombre del maletín amarillo y las gafas azules, que una vez tuvo un sueño.  Y como no, las estatuas: grandes, medianas o pequeñas.  Unas celestiales, otras terrenales y viviendo en parques, museos, avenidas o glorietas. Todas de piedra, todas “vivientes” y todas ellas con un mismo objetivo: hacer cundir el pánico en Madrid, dejando un torrente de caos y destrucción a su paso ¿Quién o qué está detrás de este conjuro? ¿Qué misión han de cumplir estos titanes rocosos?

luis-manuelPara la deducción de este misterio sin par, será imperativo visitar la casa un arquitecto famoso por sus edificios invertidos, el taller de un mago creador de autómatas, el laboratorio del profesor Fo, o unas canteras del extrarradio.  La verdad está ahí fuera, en la calle, en los parques, en los museos, en las fuentes, y ni todos los recursos al mando del Jefe de Orden Público, parecen capaces de resolver el acertijo: dos horizontal, de seis letras: materia mineral muy duro y de estructura compacta: PIEDRA. ¿Quién será el siguiente en despertar? Quizás el Dios Neptuno, quizás la Diosa Cibeles… las estatuas del Retiro ya están haciendo sus propias apuestas. ¿Cómo vencer a un ejército de piedra? con la única arma efectiva conocida: cuatro vertical, de siete letras: facultad para discurrir o crear con prontitud y facilidad: INGENIO.

Como ingeniosa, divertida, adictiva y rocambolesca, es la nueva novela de Luis Manuel Ruiz: “El ejército de piedra” (Salto de página, colección Púrpura, junio 2015), o lo que supone la segunda entrega de las peripecias del profesor Fo y compañía.  Es preciso señalar, que no se trata de la continuación de “El hombre sin rostro”, sino de un volumen totalmente independiente y de final cerrado, aunque se recomienda, para disfrutar aún más la experiencia,  sobre todo en lo concerniente a Orlok -que en esta entrega pasa muy de puntillas, casi sin hacer ruido- hacerse con ambos títulos.

Una de las imágenes más impactantes que recuerdo de mi niñez y que, gracias a esta novela, he vuelto a revivir en mi memoria, es aquella aventura épica de “Jason y los argonautas” en la que los héroes griegos Hércules e Hilas despiertan la ira de Talos, el Gigante de Bronce -otra de las magníficas criaturas dotadas de vida gracias a Ray Harryhausen– el cual les va dando caza, arrasando con todo lo que encuentra a su paso, hasta que dan con su punto débil: uno de sus talones, y éste cae derrotado. Así las cosas, ¿cuál será el punto débil de los “gigantes” del autor sevillano?

Hay novelas -no muchas-, tan completas, que son muy fáciles de reseñar. Acabas tan agradecido con el autor, que quieres recomendarla a todo aquel que se considere lector y hacerte un nudo en la lengua para no destriparla por completo.  “El ejército de piedra” es, sin duda, una de ellas. Emana, por cada una de las esquinas de sus hojas, aventura, intriga, misterio, humor a raudales, personajes redondos, unos diálogos tan delirantes como ingeniosos y una trama con más curvas que Despeñaperros.  Además, comparte con su antecesora, ese aroma a narrativa clásica detectivesca, de lupa, pipa y sombrero de cazador, ese gusto por los tebeos de viñetas descoloridas y personajes que, unas veces, se creían superhéroes y otras, confundían farolas con guardias de tráfico, y que tan buenos momentos nos hicieron pasar en la niñez, y ese Madrid de época, de principios de siglo XX, que enclava la historia en un marco perfecto, dónde lo extraño, lo irreal, lo “contra natura”, es totalmente impensable, y tiene y debe ser confundido, con un perro sarnoso o un par de rufianes en los tejados, o donde un querubín con malas pulgas, no puede ser otra cosa que una mosca de tamaño descomunal. Lo dicho: una delicia.

Grge-dixit: De las novelas más gratificantes que he leído este año.

 

Ficha técnica

Título: El ejército de piedra

Autor: Luis Manuel Ruiz

Editorial: Salto de página

ISBN: 9788416148202

Páginas: 320

Precio: 17.90 euros

http://www.saltodepagina.com/libro/el_ejercito_de_piedra-98/

 

 

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