El puente del diablo, de Luís Guallar

Buenas tardes, mis queridos Lectores Ausentes.

portada_el_puente_del_diabloHoy venimos con El Puente del Diablo, de Lluís Guallar, publicada por esa fantástica editorial que es Tyrannosaurus Books. Tras hacerse con cierto renombre dentro del mundillo gracias a participar en diversas antologías de relatos,  este joven autor catalán ha dado el gran paso y se ha lanzado al mundo con su primera novela, una historia de terror en la que le da una vuelta de tuerca al género vampírico aportándole ciertos elementos típicos de la novela de terror americana.

Luís consigue crear una atmósfera malsana e inquietante, que de forma irremediable, me ha llevado a recordar joyitas como El Misterio de Salems Lot o La Tienda, no sé si por asociación de ideas o porque realmente, el autor  lo ha querido así. Lo cierto es que  es justamente esa atmósfera sobre la que recae todo el peso de la novela, introduciendo al lector en la trama y logrando que esa sensación asfixiante, ese mal presentimiento continuo que nos produce desazón y que es lo que  más me ha convencido de la obra, nos embargue por completo.  El autor ha sabido utilizar ciertos elementos  bastante comunes en este tipo de lecturas para construir una base sobre la que trabajar, desarrollando a partir de ellos su historia.  Por un lado, el enclave. Un pequeño pueblo, una zona rural en la que la mayoría de los vecinos, ya de cierta edad, se conocen, gente de campo en una comunidad  que a pesar de no ser cerrada, si acostumbra a vivir a su ritmo, un tanto desconectada del resto del mundo y guardando sus secretos. El introducir en ese escenario a una pareja joven y urbanita, tan distintos a sus vecinos, constituye el  primer paso para iniciar la historia.

La llegada de Iván y Diana, la pareja protagonista, coincidirá con una serie de extraños sucesos. Todo comienza con la aparición de una extraña mujer, una anciana cuyas exigencias y comportamiento son claro indicio de que algo no está bien. Con su aparición, los vecinos de la pareja y el resto de lugareños sufrirán un cambio de conducta radical.  Tras mostrar un temor supersticioso ante la mujer, no solo se mostrarán sumisos con los requerimientos de la anciana, sino que en poco tiempo se aprecia en ellos un destello maligno, una faceta violenta y perversa inusitada que va haciéndose cada vez más presente, hasta llegar a límites insospechados.

Los recién llegados,  cuando apenas empezaban a sentirse cómodos en su nuevo hogar, son testigos de esa fuerza maligna que recorre el pueblo y que se expande en todas direcciones. Sintiéndose fuera de lugar y superados por las circunstancias, verán como  los que hasta hace poco eran sus vecinos, se transforman en completos desconocidos. Unos títeres sin voluntad en manos de la anciana. Un peligro mortal para ellos.

Guallar  nos presenta a los protagonistas como una pareja bastante peculiar. Si bien el personaje de Diana nos resulta más creíble – una chica de ciudad, artista, pero con los pies en el suelo. Una persona normal, en una situación anormal-, en el caso de Iván me ha costado sentir un mínimo de empatía o credibilidad. Su carácter sensible,  traumado, superado no ya por los acontecimientos, sino por la propia vida,  hace de él una nenaza, un llorón, un cansino de cuidado que no hace más que lloriquear, quejarse o perder el control. De no ser por Diana, que  asume el rol que por lo general, suelen tener los personajes masculinos, Iván lo tendría muy crudo.  Ella se convierte en la que tira del carro, la que le empuja a seguir adelante, la que le aferra a la realidad.

Entiendo que Guallar quería  resaltar lo distintos que son entre sí ambos personajes,  pero creo que con Iván se ha excedido un poco. Si bien en el caso de Diana, borda la presentación de alguien con personalidad, con carácter, que no se deja llevar por el pánico, que asume -con dificultad, pero lo hace- lo que está sucediendo  y que lucha con todos los medios, dentro de sus posibilidades  ante unas circunstancias tan surrealistas como las que les ha tocado vivir, cuando hablamos de Iván llegamos a pensar que ha caricaturizado al personaje. No es el hecho de invertir papeles y convertir en cierto modo  a la chica en la heroína, o el demostrar que el amor que siente Iván por ella es lo único que lo mantiene cuerdo. Eso está muy bien llevado. Pero en el proceso, creo que Guallar se ha excedido, quizás por el miedo a que no entendiéramos lo que pretendía. No era necesario denostar a Iván para reforzar la imagen de Diana.

Esa es la única nota negativa que puedo comentar sobre el libro. Dejando ese detalle a un lado, el resto me ha encantado y de hecho, no es que afecte en absoluto al disfrute de la obra.

994161_10151689288490519_1431993798_nEl lector habitual de terror se encontrará con diversos elementos, pequeños detalles, referencias reconocibles, que disfrutará muchísimo. Estamos ante la típica lucha entre el bien y el mal. Una representación poco habitual del mito vampírico, en la que las leyendas populares y los cuentos de viejas tendrán un papel relevante. La bruja cobra vida y vuelve a reclamar lo que considera suyo.  El oscuro pasajero, aquél que todos llevamos dentro, en lo más recóndito de nuestra alma, aquella parte cruel y malvada inherente en todos nosotros, logra escapar de su encierro.  Una suerte de locura que se contagia y que enfrentará a unos contra otros, siendo conscientes de sus actos, pero incapaces de evitar seguir sus impulsos y de superar ese miedo arcaico e irracional.  Decenas de alimañas sembrarán el terror. Ratas, cucarachas, polillas, lobos… Como una plaga de la antigüedad, recorrerán las calles sembrando la muerte y el dolor, bajo las ordenes de su ama.

Con semejante material con el que trabajar, los amantes del género podéis empezar a hacer conjeturas y sobretodo, relameros  ante lo que vais a encontrar en sus páginas. A una historia como esta, se le une un estilo pulcro y desenfadado, pero cuidado al detalle. Una prosa fluida, sin florituras exageradas, pero con innegable exquisitez y un ritmo muy acertado para meternos en la narración y que no podamos dejar de seguir leyendo. Y como decía al inicio de la reseña, la atmósfera. Densa, como esa niebla húmeda y fría que nos rodea por completo y que podemos sentir hasta en los huesos, que nos cubre con su manto y que nos lleva a recordar ese miedo tan básico, tan antiguo como el propio hombre y que no sentíamos  con tanta intensidad desde que éramos niños.

 

El Puente del Diablo

Luís Guallar

Editorial: Tyrannosaurus Books

ISBN: 9788494102059

Páginas: 270 pág.

PVP: 14,95€

 

 

 

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