El Manantial, de Alejandro Castroguer

Buenas noches, queridos Lectores Ausentes.

Hoy vamos a hablar del  nuevo trabajo de Alejandro Castroguer, autor de la aplaudida Guerra de la Doble Muerte, que en esta ocasión vuelve a la carga con una novela  que ha dado pie a todo tipo de comentarios incluso antes de publicarse.

Cruda, visceral y sin concesiones, El Manantial se presenta como una obra donde el autor no ha querido autocensurarse, permitiendo que los hechos se presenten tal y como los  ha imaginado, sin censura ni paños calientes.

Resulta curioso que una novela de zombies (aunque estos sean un mero atrezzo, parte del decorado y excusa para que se desarrollen los acontecimientos),  necesite de  un aviso de portada advirtiendo de su violencia explicita. Por norma,  este subgénero viene con sus dosis de gore y casquería incluidos de serie, por lo que en un primer momento, achaqué el aviso a simple y puro marketing.  Deducción errónea,  que comprendí en cuando me puse con la lectura.

Violencia, ya no explícita, sino a un nivel tan directo, tan natural, que casi salpica al lector. Sangre y sexo duro, pura depravación. Torturas, canibalismo, incesto… Todo un catálogo de perversidades que  llega a remover el estomago de aquellos que no están acostumbrados a semejantes escenas.

Pero lo que más impacta es que esa violencia  no es en absoluto gratuita. No se trata de escandalizar describiendo escenas bizarras y sangrantes por el simple hecho de llamar la atención. No es ver que salvajada se le ocurre al autor y descubrir hasta donde llega el lector sin vomitar. No.

Todo tiene su razón de ser.

No hay duda de que la novela cimenta su potencial y posibilidades en sus protagonistas. Unos personajes con una profundidad y una carga emocional indiscutible. Reflejo de lo mejor y lo peor de todos nosotros.  Abel y Verona son la representación de lo que queda de aquello que llamamos humanidad, una vez liberada de cualquier atadura moral o ética.

Cuando llegó el desastre, nuestros personajes eran apenas unos críos.  Han pasado quince años recluidos, basando su existencia en su reducida porción de mundo y en unas reglas que solo tienen  un único objetivo: Seguir vivos.

Sin más educación que la recibida en esos años previos, sin ningún patrón que les sirva de referencia, ¿Cómo discernir entre el bien y el mal? Su formación fue interrumpida por el apocalipsis. Su mentor murió demasiado pronto y sus enseñanzas, desdibujadas, desvirtuadas por el tiempo y la incapacidad de unos niños por entender conceptos que ignoran y que jamás podrán conocer. Cuando tu mundo se limita a los muros del edificio en el que vives y tu única meta es seguir respirando, conseguir alimentarte y mantener tus dominios, todo lo demás resulta superfluo.

¿Qué sabe del mal un niño de cinco añitos?  Sin la educación indispensable, sin los modelos de conducta necesarios, todo se reduce a querer algo y tenerlo, sin plantearse en ningún momento debate moral alguno sobre lo que se quiere y los medios para lograrlo.

Lo poco que saben, lo aprendieron hace mucho tiempo y esas enseñanzas fueron incompletas, además de corromperse y ser malinterpretadas. El resto, a base de experiencias que nos llevarían a la mayoría de adultos a la más absoluta locura. Los juegos a los que se hace referencia en la novela son una muestra clara de que Abel y Verona han aprendido a sobrevivir, aplicando una lógica que solo es comprensible para ellos y su propia percepción del mundo en el que viven.

Nadie en su sano juicio negaría que Abel y Verona son dos auténticos hijos de la gran puta. Si fueras uno de sus invitados y tuvieras la oportunidad, no vacilarías en reventarles la cabeza. Viendo lo que son capaces de hacer, en lo retorcido de sus formas, uno no dudaría ni un segundo en que unas alimañas como ellos merecen morir.

Pero aun así,  a pesar del odio que puedan generar, a pesar de que sean dos bestias pardas sin sentimientos y unos asesinos despiadados, a pesar de todo eso,  lo que realmente sientes por ellos es lástima. Lástima por unos críos que no tuvieron elección. Lástima por unos niños a los que las circunstancias convirtieron en verdaderos monstruos. Lástima por comprender que en otra situación, estos niños podían haber sido buenas personas. Lástima porque Abel y Verona eran unos niños normales, como los tuyos o los de cualquiera y que no han tenido oportunidad de elegir.

Y es que esa es una pieza clave para comprender la novela. El hecho de que por muy cabrones que nos parezcan, por mucho que nos horroricen sus actos, ellos no son la imagen de la maldad como tal.

No es la maldad implícita en el ser humano. No es hacer el mal por el placer de hacerlo. Para ellos es algo natural, algo que debe hacerse para poder sobrevivir. No se cuestionan sus actos porque no con conscientes de que sean cuestionables.  La falta de perspectiva, de cultura, de conocimientos,  son lo que los ha convertido en lo que son: Seres humanos sin conciencia de su humanidad.

Eso se hace patente en algunas partes que Alejandro se ha encargado de trabajar a fondo. La canción de los Doors y el libro de Italo Calvino son el último punto de sujeción de los dos protagonistas a su humanidad perdida. A su vida pasada. A su parte pura y limpia, libre de pecado.  A la esencia impoluta de aquellos niños perdidos en un mundo que no comprenden y que se encuentran atrapados en su “país” particular.

La atrocidad de algunas escenas, la violencia que exudan algunos capítulos del libro, la sangre y el semen que toman el protagonismo en algunos momentos, tienen aquí su razón de ser. Los instintos más primarios, inherentes en el ser humano y libres de todo sentimiento de culpa, llevados de ese modo a unos límites que nos pueden parecer atroces, pero que en el contexto en el que se mueven los personajes,  son algo tan natural como cotidiano.

 

Resumiendo, El Manantial es una lectura que no os deberíais perder. Una vez advertidos de lo que os vais a encontrar en sus páginas y si creéis que vuestro estómago va a resistirlo, disfrutareis de una novela  tan cruel como emotiva. Tan salvaje en su narración como íntegra en concepción. Sangrienta, terrible, dolorosa, pero honesta con el lector.

 

El Manantial

Alejandro Castroguer

Editorial: Dolmen

ISBN: 978-84-15296-49-2

Páginas: 351 pág.

PVP:  17,95€

 

 

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