Cine: Ira de Titanes, de Jonathan Liebesman

La crítica del Rozikas.

FICHA

Película: Ira de titanes 3D. Título original: Wrath of the titans. AKA: Furia de titanes 2. Dirección: Jonathan Liebesman. Países: USA y España. Año: 2012. Duración: 99 min. Género: Acción, fantástico. Interpretación: Sam Worthington (Perseo), Liam Neeson (Zeus), Ralph Fiennes (Hades), Danny Huston (Poseidón), Toby Kebbell (Agénor), Bill Nighy (Hefesto), Rosamund Pike (Andrómeda), Edgar Ramírez (Ares). Guion: Dan Mazeau, David Leslie Johnson y Steven Knight; basado en un argumento de Greg Berlanti, David Johnson y Dan Mazeau. Producción: Basil Iwanyk y Polly Johnsen. Música: Javier Navarrete. Fotografía: Ben Davis. Montaje: Martin Walsh. Diseño de producción: Charles Wood. Vestuario: Jany Temime. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en USA: 30 Marzo 2012. Estreno en España: 30 Marzo 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

SINOPSIS

Diez años después de los sucesos de “Furia de titanes”, Perseo (Sam Worthington) está decidido a llevar una vida tranquila con su hijo Helio. Sin embargo, los dioses, debilitados por la falta de fe de la humanidad, pierden el control sobre los Titanes, cuyo líder no es otro que Kronos, el padre de Zeus (Liam Neeson), Hades (Ralph Fiennes) y Poseidón (Danny Huston). Cuando Hades y Ares (Edgar Ramírez) llegan a un acuerdo con Kronos para capturar a Zeus, entonces Perseo tendrá que abandonar su apacible vida para rescatarlo, misión en la que cuenta con la ayuda de Andrómeda (Rosamund Pike), el semidios Agénor (Toby Kebbell) y Hefesto (Bill Nighy).

EL CRITICÓN DE CINE dice:

Si alguien espera encontrarse con un producto siquiera algo mejor que su antecesora “Furia de Titanes”, va apañado. Esta secuela, que nos recuerda perfectamente aquello de “segundas partes nunca fueron buenas”, es una cinta que bien podrían haberse ahorrado sus productores. Si no fuera por el CGI y los efectos de la misma, podría haberse lanzado directamente a la sobremesa de Antena 3 o de cualquier televisión autonómica, y se nos hubiera pasado desapercibida.

¿Qué les sucede a los guionistas y productores de Hollywood para seguir denigrando la rica y maravillosa mitología griega? Después de “Immortals” y la propia “Furia de Titanes”, ¿hacía falta ver esto en las carteleras? El truco para aguantar la hora y media del tedioso metraje es dejarse llevar por los efectos digitales; flipar con la primera lucha entre Perseo −el dichoso semidios que ya no quiere serlo y encima quedar para siempre de rositas− y el monstruo del Tártaro que asola su aldea, los cíclopes pecho-lobo del bosque, y la formación y el renacer apocalíptico de Cronos, el malo malote, el único Titán (¿pero el título no habla en plural?) que se las hace pasar canutas a su nieto Perseo y a sus hijuelos Zeus, Ares y Hades. El resto, la historia y la interpretación, bueno, quizá… mejor no mentarlos. Con una estética de videojuego tanto en la fotografía como en los escenarios y los niveles que han de superar los protas, Perseo parece más humano y vulnerable que su versión anterior, además de sosainas; los Agénor y Hefesto, que pretender dar la vis cómica al asunto, se quedan en ridículos, y la señorita-reina Andrómeda (yo creía que era una diosa, pero bueno… lo que digan los bestias de los guionistas, ¿no?, que para eso les pagamos para que nos sigan idiotizando), la chica mona pero endeble del conjunto. Pero no os preocupéis, podemos rizar el rizo; no había rostro más cavernícola para Ares ni espantajo más vergonzoso para emular al Minotauro. ¿Ya habíais comido, verdad? Perdón que no os lo haya preguntado.

No se puede crear algo así repitiendo los mismos errores cometidos en la anterior entrega. Vale que amasaron muchos millones de dólares, pero tampoco se trata de ir a lo seguro y aborregar a la masa cinéfila, que no tiene otra superproducción simultánea para poder elegir.

Ira de Titanes” debería haber sido mucho más de lo que realmente ha sido. Si no fuera por la apariencia y el peso de actores como Liam Neeson y Ralph Fiennes, que tampoco están para tirar cohetes (mejor dicho, algún rayo que otro), y los efectos tremendos, impensables hace 31 años cuando se estrenó la mítica versión de los 80 −a ver si sois capaces de ver el guiño a aquella cinta en esta ocasión. Es el mismo que ya vimos hace dos años, ¿no? ¡Viva la originalidad americana!−, desearíais que os devolvieran la pasta antes de que volvieran a encender las luces de la sala.

Pero lo malo no es todo esto, sino que hagan una tercera parte. Helio, ese gas noble con aires de pedorreta que Perseo tiene por hijo, amenaza con co-protagonizar una futura entrega.

¿Volverán a superarse tan indecentemente como esta vez? No hace falta que os lo diga, ¿verdad?

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