-Exclusiva- Entrevista a Juan Ignacio Carrasco, autor de “Entre Nosotros”

Buenas tardes, amigos.

Hoy quisiera presentaros a Juan Ignacio Carrasco, autor de “Entre Nosotros”, esa genial novela de vampiros de la que ya hemos hablado hace unos dias y que ha resultado una lectura refrescante y divertida, fruto de un trabajo bien hecho.
Juan Ignacio es alguien con el que da gusto hablar. Un tipo interesante, divertido y que como vereis, tiene mucho que contar.
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Espero que disfruteis de la entrevista, porque ya os avanzo que a mi me ha resultado muy amena, instructiva y sobretodo, entretenida.
Os dejo con el:
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1-AI -¿Quien es en realidad Juan Ignacio Carrasco?

JIC- Esta pregunta tiene su miga porque no creo que nadie la pueda contestar realmente. Yo soy una de esas personas que un buen día tuvo la oportunidad de escoger entre una pastilla azul y una roja, y eligió la roja. Y aún estoy en el proceso de asimilar lo que eso supone.

Pero hasta que pueda asimilarlo, lo que puedo decir sobre mí es que tengo 37 años y estoy soltero y sin hijos; aunque de esto último no puedo estar seguro al 100%, por lo que no me extrañaría que un día alguien me monte un numerito bochornoso, en uno de esos programas lamentables de televisión donde la gente va a contar sus miserias. Yo iría a ese programa engañado, para hablar de mi libro, al puro estilo Paco Umbral, que en paz descanse (o sin paz, me da igual). Y estando en el programa, la presentadora diría que tienen una sorpresa para mí y entraría en el plató un tipo con bigote, diciendo que es mi hijo. Y yo diría que eso es imposible, y el tipo con bigote se pondría a llorar, al tiempo que me preguntaría: “¿Por qué no me quieres, papá?.” Y yo le contestaría: “Porque no eres mi hijo, capullo”. Y entonces aparecería la madre del sujeto del bigote, para contar nuestra noche de amor en Baqueria Beret. Y yo diría que nunca he estado allí y que, además, ni sé ni me gusta esquiar. Y la madre del tipo con bigote, soltaría: “¿Es eso o es que no quieres aceptar tus responsabilidades?” Y todo el público se pondría a abuchearme… Bueno, pues eso, que soy soltero y sin hijos.

A parte de ser soltero y sin hijos, soy licenciado en Ciencias de la Comunicación – sección Periodismo -por la Universidad Autónoma de Barcelona. Escogí esa carrera porque me engañaron. Fui a una feria de muestras en Barcelona que se llamaba el “Salón de la enseñanza”. Como hace la mayoría de gente que va a las ferias de muestras, me dediqué a coger bolsas y folletos para después tirarlos a la basura al llegar a casa. Uno de esos folletos era de mi futura facultad y en el apartado de “salidas profesionales”, se podía leer en negrita: Director de cine. Y era mentira. Me enteré de que era mentira el primer año de carrera, pero me dio cosa decirles a mis padres que quería dejar mi facultad y estudiar algo decente como, por ejemplo, Historia. Así que acabé la carrera y después de hacerme la foto con el birrete, seguí estudiando. En este caso, Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, también en la Autónoma de Barcelona. La Teoría de la Literatura es una disciplina que consiste en quitarle la gracia a las cosas que lees, ya que no puedes evitar aplicar chorradas semióticas, formalistas, marxistas o hermenéuticas a lo que estás leyendo. En cuanto a la Literatura Comparada, sólo me ha servido hasta el momento para romper el hielo con chicas en las discotecas. Y es que cuando les decía que estaba estudiando eso, siempre me preguntaban que “¿Qué es la Literatura Comparada?”. El problema es que cuando les explicaba lo que era, ponían cara rara y se iban con cualquier excusa tonta.

Profesionalmente me he dedicado a lo mío, o sea, a hacer de periodista avispado, pero sólo a nivel comarcal. O sea, a hacer noticias sobre políticos locales que se creen Henry Kissinger y no tienen ni la EGB, sobre asociaciones de ancianas enganchadas al macramé y sobre equipos de fútbol de Quinta Regional, cuyos jugadores se dedican más a pegar patadas a otras personas que al balón.
También he hecho de crítico cinematográfico, pero de los malos. Sí, era de esos a los que no les gusta ninguna película. No era culpa mía, sino de la mayoría de los directores actuales, que vomitan en la tumba de los hermanos Lumière cada vez que hacen una película. Ser crítico de cine es complicado porque, en realidad, todo el mundo sabe de cine, por lo que el mérito consiste en hablar bien de una película que sabes que a nadie le va a gustar. Y, por supuesto, hablar mal de películas que van a gustar a todo el mundo.

Y ahora, por cosas de la vida, me he convertido en novelista porque los señores de Debolsillo tuvieron a bien publicarme Entre nosotros.
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2-AI- ¿De donde viene tu afición a la literatura?

JIC- Supongo que, como a todo el mundo, empecé leyendo tebeos y los libritos aquellos de Barco de vapor. Luego, por error, me decanté por la revista Super Pop. Me confundió lo de Pop. El día que leí el artículo “Las diez maneras de sorprender a tu chico”, descubrí que esa revista no era para mí.
Luego, en plena adolescencia, tuve una crisis romántica, pero del Romanticismo. Empecé a leer a autores románticos, algunos de los cuales salen en Entre nosotros. Mi favorito era Mariano José de Larra, pobrecillo. Se pegó un tiro con una de esas pistolas del siglo XIX, que tardabas dos horas en cargar. Por eso matar a una persona de un disparo en el siglo XIX siempre era considerado asesinato premeditado. No podías decir “señor juez, fue un arrebato, no sabía lo que hacía”, ya que te habías pasado dos horas cargando el artilugio ese. Bueno, a parte de Larra, leía Bécquer, que estaba bien para soltar piropos a las chicas, y luego tenías a Espronceda para sentirte hombre recitando “La canción del pirata”. Me gustaba el placer de la melancolía. Tenía gracia estar mal por una chica y jugar a ser un romántico atormentado, pero sin suicidio absurdo o muerte por tuberculosis.
Una vez pasada la adolescencia, con más pena que gloria, ya me dediqué a leer de todo. Ahora, por culpa de haber estudiado Teoría de la Literatura, me cuesta mucho leer porque tengo el cerebro un pelín saturado. Empiezo novelas, que se supone que son lo mejorcito del mundo literario actual, y a la quinta página me dan ganas de fusilar al autor al atardecer, y no al amanecer porque esa gente no merece que madrugue por ellos. Cualquier juntaletras indocumentado recibe actualmente trato de Premio Nobel de las Narices, mientras hay un montón de gente con una buena novela que las editoriales ni tienen la decencia de leer. Yo tuve mucha suerte, la verdad sea dicha.

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3-AI -¿Que fue lo que te empujó a decidirte a escribir una novela y además, de este subgénero en particular?

JIC- En segundo de carrera, me pusieron un excelente en algo que podríamos llamar Periodismo Creativo, pero que no se llamaba así ni de lejos. Entonces, como era un poco tonto, me lo creí. Era un intelectual, con posibilidades de alcanzar algún día un buen cargo en la SGAE para vivir del cuento toda mi vida. Empecé a escribir relatos breves. El más breve de todos era uno al que titulé Memorias de un amnésico. ¡Vaya mierda! Bueno, pues eso, que me creí que era escritor y además de los buenos. James Joyce a mi lado era un borracho miope. Pero una tarde, no sé por qué, se me ocurrió leer un cuento de Cortázar titulado Final del juego, y me di cuenta que jamás podría escribir algo así. Y por respeto a Cortázar y al resto de escritores, tiré mis relatos a la basura y decidí no volver a escribir ficción. Pero tengo familia y amigos, no son muchos, pero sí muy pesados. Y durante años me estuvieron dando la lata con el tema de escribir una novela. Al final me rendí, les hice caso y escribí Entre nosotros, quince años después de haberme prometido a mí mismo que jamás escribiría ninguna obra literaria de ficción. De lo que se deduce que no soy un hombre de palabra.
Decidí escribir una novela de vampiros por dos razones. La primera es porque, aunque decidí no escribir jamás, no dejé de pensar en posibles historias. Todas las noches, antes de dormirme, solía escribir mentalmente esas novelas que no quería escribir físicamente. Una de estas novelas era de vampiros y cuando decidí escribir una novela, me decanté por esta. Y si me decanté por esta novela de vampiros – y esto sería la segunda razón – fue porque estaba hasta las narices de la tontería esa de Crepúsculo y quería reivindicar el vampiro malo y cruel de toda la vida.
Empecé a escribir la novela y en cuatro días, llevaba solamente cuatro líneas. Mi intención era la de hacer una novela de terror seria, pero no podía. Una tarde me llamó un amigo para explicarme un problema sentimental que tenía. Él estaba saliendo con una chica y quería que la relación se formalizara, que fueran novios oficiales. Y la chica en cuestión le dijo que no. Y lo mejor fue la razón que le dio: “Es por tu bien”. Colgué el teléfono y, automáticamente, escribí el diálogo de la ruptura de Abel y Mary del comienzo de la novela. Y cuando acabé ese diálogo, me di cuenta que tenía el tono que necesitaba para contar la historia de Entre nosotros. Es una novela de vampiros, pero contada en primera persona por su protagonista, Abel J. Young, quien, seguramente, es el narrador más tonto de la historia de la literatura. Ahora bien, es tonto porque es inocente, no porque no sea inteligente, aunque tampoco es muy inteligente que digamos. Pero prefiero Abel a esos narradores sabihondos que se pasan veinte páginas describiéndote catedrales o que al final se sacan de la manga cualquier chorrada para sorprender al lector. Abel nunca miente, como mucho se equivoca.
Entre nosotros es en realidad un homenaje al género vampírico. Por eso se habla en esta novela de lord Byron, de Polidori, de Stoker, de la amiga Rice y de películas del género. Has de saber algo sobre vampiros para entender del todo de qué va la novela, aunque si no sabes mucho del tema, tampoco pasa nada. Pero, bueno, te pierdes parte de la gracia.

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4-AI- ¿Tienes algún autor favorito? ¿Alguien a quien tengas como referente?

JIC- No, no tengo ningún autor favorito, pero sí libros concretos de gente concreta. Mis tres libros favoritos son: El principito, Alicia en el País de las Maravillas y La Biblia. Estos tres, más que libros, me parecen manuales de supervivencia. Aunque de La Biblia me sobra el Nuevo Testamento, menos lo del Apocalipsis que tiene su gracia. Es que, y espero que nadie se ofenda, pero los cuatro evangelistas no eran muy buenos narradores. La historia que cuentan no tiene ni pies ni cabeza, los personajes están poco trabajados y hay muchas incoherencias. Pero el Antiguo Testamento está muy bien, es un pelín metafórico – como El principito y Alicia -, pero son metáforas muy evidentes.
A parte de estos tres libros, me enganché en su día a la serie Tom Ripley de Patricia Highsmith. La buena de la Highsmith, que en paz descanse, era la reina del suspense de alto copete. Su novela El juego de Ripley (que antes se llamó El amigo americano, debido a la película de Win Wendres), debería ser lectura obligatoria para todos aquellos que quieran escribir thrillers. Ha sido la única vez en la vida que me he quedado con la boca abierta después de leer algo, por sus golpes de efecto. Sublime.
Luego, otra persona a la que le tengo mucho respeto es a Miguel Mihura. No me gusta mucho el teatro leído, pero me encanta el humor absurdo de Miihura. Tres sombreros de copa es una obra que siempre tengo en mente cuando escribo algo.
Dentro de la ciencia- ficción, me quedo con Ray Bradbury, y autores de terror, pues los clásicos: Stoker, Poe y King (cuando escribía él.)
Creo que Entre nosotros es la suma de El principito (por Abel), Alicia en el País de las Maravillas (por Arisa), La Biblia (por todo), Highsmith (por el suspense), Miguel Mihura (por el absurdo) y Bram Stoker (por el vampiro poderoso y malvado).
Ahora bien, de todas estas posibles influencias, la más importante es la de Stoker y su Drácula. Creo que Drácula es el canon de las novelas de vampiros y, por supuesto, de las películas también. Después de Drácula todo son variaciones sobre el tema, con aportaciones de cada novelista, cineasta o autor de cómic. En Entre nosotros rindo un pequeño homenaje a Bram Stoker, a través del personaje de Tom S. Braker, pues si te fijas “Tom S. Braker” es un anagrama de “Bram Stoker”. Stephenie Meyer es la única autora que ha osado destruir el vampiro literario nacido de la pluma de Stoker, para convertirlo en un personaje cutre de Al salir de clase. Yo sospecho que esta buena mujer no ha leído Drácula y que ni siquiera le gusta el género. Una pena. Bueno, una pena para mí, para ella supongo que no porque se está forrando. Y me parece muy bien que la gente gane dinero.

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5-AI- ¿Qué hace Juan Ignacio Carrasco cuando no escribe?

JIC- Como decía Edward Norton al final de El club de la lucha: “Me has conocido en un momento extraño de mi vida”. Tengo mi vida en obras, como las de Madrid, pero sin presupuesto. Así que cuando no escribo, intento ordenar un poco el caos absoluto en el que vivo.
Y cuando no estoy arreglando ese jaleo de vida, intento entretenerme de la mejor manera posible, como todo el mundo. Escucho música, toco el bajo, leo, veo películas, medito… No sé, de todo un poco. También intento colaborar en proyectos solidarios de mi zona y, de vez en cuando, quedo para cenar con amigos, pero no me gusta mucho salir de noche. Ya tengo una edad y mis órganos vitales quieren seguir siendo vitales mucho tiempo.

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6-AI- ¿Cómo fueron tus inicios en el mundo editorial? Cuéntanos cómo fueron tus primeros pasos y cómo fue la experiencia.

JIC- La verdad es que aún no he asimilado del todo lo que me está pasando. Como he comentado antes, nunca quise escribir una novela, pero me dejé llevar. Una vez escrita, conseguí hacérsela llegar a una editora de Debolsillo. Esta mujer le echó un vistazo rápido – es que lee en diagonal – y ordenó dos informes de lectura, que se ve que es algo que hacen en las editoriales. Ambos informes –uno de un hombre y otro de una mujer-, fueron positivos. Luego hubo una reunión de editores y, entre varias candidatas, eligieron mi novela. Después de eso, mi editora me recomendó ciertos cambios que hice en una semana. Después me llegaron las correcciones del corrector. Al pobre le costó entender que Abel no era muy espabilado y me señalaba fallos que no eran. Al final comprendió por qué Abel era así. En enero me dieron la portada de la revista de novedades que Debolsillo envía a sus clientes y en abril salió la novela al mercado.
El problema de debutar con una novela de “bolsillo” o en “rústica”, es que no me puedo aprovechar de la publicidad que supone haber publicado antes en “trade” o “formato grande”. Normalmente Debolsillo hace versiones económicas de libros de Plaza y Janés, Grijalbo y Mondadori. Creo que de inéditos de autores noveles, editan dos o tres al año. Y abril también es un mal mes para debutar porque están las ferias del libro y las editoriales apuestan fuerte por sus autores estrella. Por suerte la novela está funcionando muy bien, gracias al boca-oído y a la gente que, como vosotros, le ha dedicado un espacio en internet. Siempre que tengo oportunidad, agradezco el detalle a la gente que ha incluido mi novela en sus blogs o en sus webs o que hace comentarios en foros y demás. Bueno, también creo que la portada ha vendido muchos ejemplares ella solita. Su diseñadora, Yolanda Artola, ha hecho un trabajo excelente.
Como anécdota curiosa, descubrí hace unos días que un colegio de Barcelona, ha puesto como deberes de verano para los alumnos de Castellano de 3º de ESO, leer Entre nosotros. O sea, que debe haber una treintena de chavales que se van a pasar el verano acordándose de mi madre.

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7-AI- ¿En qué andas metido ahora? ¿Nos puedes decir cuáles son tus proyectos en este momento?

JIC- El otro día, me di cuenta que soy una especie de hombre del renacimiento, pero en cutre, ya que estoy inmerso en varios proyectos a la vez de literatura, cine y música.
Para empezar estoy escribiendo la segunda parte de Entre nosotros que se titulará Jerusalem, Texas. Dejé en Entre nosotros algunas cosillas por resolver. Mucha gente se ha fijado en el tema de la madre del personaje de Gabriel Shine, pero eso no es todo. Hay frases sueltas y cosas que parece que no tienen importancia, porque casi nadie se ha fijado, que en Jerusalem, Texas serán capitales. La novia de Abel, Mary Quant, tendrá más relevancia en esta segunda parte (más que nada porque es mi personaje favorito) y vuelve a aparecer Julia Hertz que, no sé por qué, pero hay gente que le ha cogido cariño; supongo que por lo mala que es.
También estoy escribiendo otra novela que no es de vampiros, ni de terror ni de género fantástico. No puedo decir de qué va, ni el título, porque está basada en una canción muy conocida y algún desaprensivo podría robarme la idea. Puede ser un éxito si me sale bien, o un fracaso pasteloso si no voy con cuidado.
Sobre el tema del cine, cuando acabé Entre nosotros, escribí un guión. Es una comedia romántica y un pelín absurda que he titulado Foodball. El título no es un error, es que la mayor parte de la acción pasa en un programa de televisión de cocina, donde entrevistan a gente relacionada con el fútbol. O sea, como aquello de Con las manos en la masa, pero con futbolistas. Esta ambientada en Inglaterra, así que estoy moviendo el guión por allí; lo que pasa es que la cosa está muy malita por culpa de la crisis e Inglaterra ha fracasado estrepitosamente en el Mundial. Y en breve, me voy a poner a escribir otro guión (aunque puede que haga guión y novela al mismo tiempo), y en este caso será una película de género fantástico-terror que se titulará The Crystal Girl (La chica de cristal). Aquí saldrá de todo: demonios, fantasmas, duendes, ángeles, hadas… Vampiros y zombis no.
También estoy trabajando en un documental-denuncia, sobre los abusos urbanísticos en mi pueblo, Peñíscola. Es una pena cómo se está destruyendo el litoral por culpa de la especulación urbanística. Hace unos días, el Ayuntamiento de Peñíscola, aprobó su Plan General de Ordenación Urbana, y en él sólo contempla que se puedan construir hoteles y apartamentos para turistas. Es decir, si tú tienes un terrenito, un especulador urbanístico se puede quedar con él si presenta un proyecto de pelotazo urbanístico. Nuestra idea es concienciar a la gente del pueblo para que se den cuenta de lo importante que es conservar la naturaleza. Lo curioso es que todos sabemos que la crisis que estamos viviendo es por culpa de la burbuja inmobiliaria y en mi pueblo no se han dado por aludidos.
Y, por último, también estoy metido en temas musicales. Toco el bajo en un grupo, Sarramangu. Es pop-rock en catalán. Grabamos una maqueta y ahora estamos con los ensayos. Nuestra idea es debutar antes de que acabe el año, pero ya veremos. Estamos en Myspace, por si alguien quiere echar un vistazo… Bueno, echar un oído, mejor dicho.

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8-AI- ¿Cómo te ves… digamos… dentro de 5 años?

JIC- Está muy bien esta pregunta porque es optimista, ya que da por hecho que lo del fin del mundo en el 2012 es una patraña.
Cinco años son muchos años, pero luego es verdad que pasan volando. Ya que he empezado con el tema este de escribir profesionalmente, me gustaría continuar. También me gustaría trabajar en el cine, pero en Gran Bretaña o Estados Unidos. En España no, porque no me gusta nada el politiqueo y las políticas de subvenciones. No sé por qué se ha de dar dinero a gente para que haga una película mala que después nadie va a ver. Me sentiría mal recibiendo una subvención por hacer una película. En el fondo creo que soy mejor guionista que novelista, y que Entre nosotros más que una novela es una película. Es muy cinematográfica. Incluso el propio Abel lo reconoce en la primera frase del último capítulo. La pega es que esto de dedicarse a escribir guiones y novelas, y vivir de ello, es muy complicado, pero por lo menos se ha de intentar.

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9-AI- ¿Cuál es tu opinión referente al panorama actual de la literatura de género? ¿Crees que poco a poco vamos avanzando? ¿Piensas que tanto las editoriales como el público están dándole por fin la importancia que se merece a estos géneros nuestros (Fantasía, Terror y Ciencia Ficción)?

JIC- Sobre este tema hay muchas cosas que comentar y voy a intentar comentarlas todas, por lo que la respuesta a vuestra pregunta igual me queda un poco larga.
Por un lado me parece genial que la Fantasía, la Ciencia-Ficción y el Terror, estén viviendo una especie de época dorada – en mayor o menor medida – o una resurrección, pues hace años parecía que estos géneros estaban muertos y poco a poco se han ido recuperando. Pero, por otro lado, me preocupa que esto sea sí porque significa que el ser humano está pasando por uno de los peores momentos de los últimos siglos. La mayoría de la población, o esta harta de lo que está pasando en nuestro mundo o tiene mucho miedo. El hastío y el miedo, provoca que el lector y el espectador estén más receptivos a la hora de consumir productos culturales y/o de entretenimiento de los tres géneros de los que estamos hablando. ¿Por qué? Pues porque se siente identificado con aquello que se está narrando en esas novelas y en esas películas.
Y ahora, después de haber soltado esta teoría, voy a argumentarla, porque si no va a parecer un moco pseudo psicológico penoso.

Empecemos por la Fantasía. En cualquier obra fantástica se nos presenta un mundo irreal, cuyas principales características son la armonía y la justicia. Todo va como tiene que ir. Los buenos son buenos y los malos son malos, y actúan en consecuencia. Y al ser justo, al final el bueno gana y el malo recibe castigo. No puedes hacer nada malo en el mundo de la Fantasía sin recibir un castigo, y los que valen acaban siendo reyes y los que no, pues populacho de relleno. Es un mundo donde los valores –justicia, honor, valor, etc – tienen importancia sobre el poder político, la fuerza bruta, la riqueza o la belleza, ¿Ocurre esto en nuestro mundo real? No.
Nuestro mundo real es cruel, mezquino e injusto. La Fantasía, como género, ofrece ese mundo alternativo, que es el mundo que debería ser el nuestro. El seguidor del género quiere vivir allí, en ese mundo fantástico, porque el real le es insoportable y vacío, pues como he dicho, esta carente de valores y es injusto. Fijémonos un momento en los juegos de rol. ¿Por qué triunfan? Pues por la sencilla razón de que tienen reglas. Vives en un mundo con reglas, donde serás recompensado por tus méritos. Eso no pasa en nuestro mundo real, en el de las “pastillas azules”. Una guerra no tiene porqué ser mala, pero siempre lo es cuando es injusta. Las guerras de las historias fantásticas siempre son aceptables porque no son por petróleo o por nacionalismos absurdos, sino porque siempre son por que impere el Bien.
El aficionado al género fantástico encuentra consuelo en ese mundo de fantasía, hasta el punto de considerar a aquel mundo como el verdadero, y como falso el que se supone que es real.
Todas las religiones son fantásticas. La Biblia, de la que antes he hablado, me gusta por eso, porque dibuja un mundo en el que había unas reglas que cumplir y donde el que hacía el mal, el que rompía esa reglas, era castigado. Un mundo con héroes y villanos, con la naturaleza como aliada o enemiga… Tolkien no inventó nada, simplemente adaptó. ¿Por qué la gente cree en algo tan poco creíble como el cielo? Pues porque vive en el infierno. ¿Qué diferencia hay entre La Biblia y El señor de los anillos, por ejemplo? En que se ha obligado a la gente a creer que lo que se dice en La Biblia es cierto, pero simplemente porque la Iglesia lo necesitaba para afianzar su poder político. El nazismo creó su propia historia germana basada en leyendas medievales, porque el nazismo también era una religión.
En la actualidad el mundo está gobernado por políticos inútiles y por grandes corporaciones empresariales. Los Estados defienden el laicismo porque, evidentemente, el único mundo posible es el que han creado esos propios políticos. La Fantasía es la enemiga de la razón, se supone, pero no es cierto… La Fantasía es la enemiga de la crueldad, el mal, el fanatismo, la opresión, la explotación, la corrupción, la hipocresía…
Una persona decente y buena, preferirá mil veces ser un hobbit o un elfo que un ministro de Hacienda.

Vamos al Ciencia-Ficción. Se diferencia de la Fantasía, en que no propone un mundo alternativo, sino que está hablando del mundo actual en el que vivimos, trasladado a un hipotético futuro. Lo que suele hacer el autor de este género es coger algo que está ocurriendo ahora, multiplicar las consecuencias de ello y exponerlo. Es una crítica a la situación actual, no una solución a los problemas que ahora pasan. Es crítico y apocalíptico.
La Ciencia-Ficción tuvo su auge durante los primeros años de la Guerra Fría. Acababa de nacer la Era Atómica y nació con un parto doble con dolor: Hiroshima y Nagasaki. La cosa no pintaba bien. La ciencia acababa de abrir el primero de los siete sellos del Apocalipsis. Estados Unidos y la URSS se radicalizan. Un enfrentamiento basado única y exclusivamente en teorías económicas: capitalismo contra marxismo. La ciencia se pone al frente de la maquinaría de esa guerra. La ciencia ya no trabaja para el bien del ser humano, sino para el bien de los Estados Unidos o de la URSS. El ser humano se convierta en una simple pieza de la maquinaría de los estados. La oposición política es aniquilada en ambos países, mediante purgas o caza de brujas. El hombre perfecto es el deshumanizado y la máquina o la computadora son las principales armas de los ejércitos de esa Guerra Fría.
Y de eso hablan la mayoría de las obras de Ciencia-Ficción. Y es tan claro que autores de Ciencia-Ficción occidentales acaban en las listas negras del macartismo o el pobre George Orwell es estigmatizado por los comunistas, sobre todo después de su novela 1984. La Ciencia-Ficción nunca ha mostrado un mundo ideal, sino un mundo apocalíptico. Su principal función ha sido, y es, criticar la situación política, social y cultural del mundo en el que vivimos.
No creo que en la actualidad tenga la misma importancia que tuvo en el pasado, aunque, ligado al género fantástico tiene una presencia destacable en editoriales y salas de cine. Lo que pasa es que como la Guerra Fría acabó, la radicalización política también y como género de denuncia, ha perdido fuerza, por no decir que ya no se dedica a eso.

Y vamos al Terror. Me voy a centrar en los dos subgéneros más importantes actualmente: Vampiros y Zombis.
Bien, un vampiro real (luego hablo del de ficción) es un no-muerto, es un cuerpo humano de una persona muerta, poseído por un demonio. La persona pierde su alma porque se muere y ese cuerpo es ocupado por un demonio, con la pérfida intención de atormentar a los seres humanos que tuvieron relación con el muerto que está ocupando. Se alimenta de sangre, básicamente de animales, aunque puede llegar a morder a humanos (en las muñecas y en las plantas de los pies). Luego está la versión de la mujer vampiro, que esta, a parte de asustar a los vecinos de su pueblo, se acuesta con los hombres para robarles energía vital a través del sexo. Y por último está el vampiro psicológico, que vive de provocar pesadillas, depresiones e, incluso, llevar a la gente al suicidio.
El zombi real es el cuerpo de un ser humano muerto que, mediante magia negra, vudú y similares, cobra vida. No tiene alma, ni está poseído por un demonio. Es un cuerpo humano manejado a distancia por aquel que lo ha resucitado para cometer tropelías varias.

Ahora vamos a ver a los vampiros y a los zombis de ficción.
El vampiro de ficción clásico es un ser aristócrata, poderoso, culto y refinado. Y al mismo tiempo es cruel y sanguinario. Vive de beber sangre de los seres humanos. No hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que estamos hablando de un señor feudal de toda la vida, por supuesto, metafóricamente hablando. Es decir, es una metáfora de la opresión del ser humano en manos de los poderosos.
El zombi de ficción es un ser humano que resucita sin haberlo deseado. Normalmente a consecuencia de un virus, una explosión nuclear, de haber sido enterrado en un cementerio indio sin permiso, de que unos críos jugando con un libro de magia negra hagan el numerito… El zombi no tiene alma, no tiene valores, no tiene razón de existir, aunque sí de sobrevivir en el Apocalipsis en el que le han invitado a participar. El zombi no es dueño de su vida, porque la perdió. El ser humano actual se parece demasiado a un zombi. La vida que vivimos está tan dictada que ya no es nuestra. Somos votantes, pagadores de impuestos, consumidores de productos… Y nosotros no lo hemos pedido. Somos el fruto de la decadencia de la civilización. Un desastre. Bueno, en realidad puede que no lo seamos, pero tenemos miedo a serlo.

Miedo, esta es la clave.
El miedo al vampiro es el miedo al poder que te oprime. El miedo al zombi es el miedo a acabar siendo uno de ellos. Hay gente que quiere ser un vampiro clásico. ¿Por qué? Pues, coño, porque es lo mejor. Eres poderoso, te cepillas a todas las mozas que quieres, eres inmortal y, bueno, puede que también te guste porque seas una persona un pelín violenta. Y hay gente que quiere ser un cazavampiros porque al poderoso cruel hay que borrarlo del mapa.
Pero, ¿alguien quiere ser zombi? Supongo que no. Cuando ves una película de zombis o lees un libro sobre estos bichos, no te apetece ser un zombi. Y sientes el miedo en convertirte en uno de ellos porque tenemos miedo a dejar de ser nosotros mismos, miedo a que la masa nos engulla. Y la masa es la reducción de la condición de ser humano a la que nos quiere conducir el poder político-económico. Por eso, es muy raro, pero pese a no querer ser zombi, te puedes sentir identificado con él.

Actualmente hay una diferencia muy importante entre el subgénero de los Vampiros y el de los Zombis. La diferencia es que Stephenie Meyer se ha cargado a los vampiros, les ha robado su identidad y su función cultural. Hasta que no acabe la tontería esa de la saga de Crepúsculo, los vampiros no sirven para nada. Yo puedo tener una pataleta y escribir Entre nosotros, pero el problema es que Crepúsculo ha creado escuela y eso va a durar.
Pero el tema de los zombis es diferente. Creo que la época de esplendor del género no ha empezado aún. Es decir, lo bueno de verdad aún está por llegar. ¿Qué nos queda si queremos sentir miedo o enfrentarnos a nuestros miedos, si la señora Meyer se ha cargado a los vampiros? Pues los zombis. Los seguidores de los vampiros, se pasarán al bando de los zombis y los de los zombis, por supuesto, no van a cambiar de bando. ¡Y a ver quién tiene cojones de hacer una versión de Crepúsculo con zombis! En serio, esto no ha hecho más que empezar.

Y vuelvo al tema del miedo. Vivimos en un mundo dominado por el miedo. Desde el atentado de las Torres Gemelas, los gobiernos de los países se han dedicado a asustar a la gente. Al terrorismo se le ha sumado el cambio climático. Ahora estamos inmersos en una crisis económica. Los de Irán son malos, los de Corea del Norte más. En los informativos todo son desgracias… Ah, y estaba eso de la Gripe A, que iba a ser peor que la peste negra. Pero la gente pasó olímpicamente del tema. ¿Por qué? Pues porque ya estaba inmunizada al terror fabricado y no se creyó el cuento. El poder se basa en el miedo de la gente. Miedo a acabar en la cárcel, a quedarse sin casa, a morir en una guerra… Mientras tengas miedo, no podrás hacer nada más, y serás más manejable.
Por eso nos gustan los libros y las pelis de miedo, porque, a fin de cuentas, hablan de nosotros mismos.

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10-AI- Si Juan Ignacio Carrasco no fuera escritor, ¿hubiera sido…?

JIC- Aún no me considero escritor del todo, aunque, como he dicho antes, ya que estoy metido en el fregado voy a intentar seguir. Pero de no ser escritor “hubiera sido” o “sería” misionero laico o algo así. Iría por el mundo, intentando ayudar a la gente. Aunque lo único que sé hacer bien es decir tonterías.

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11-AI- A Juan Ignacio Carrasco le asusta……

JIC- La verdad es que no me asusta nada. Lo cual no debe ser bueno del todo. A la muerte le tengo algo de respeto, pero porque me fastidiaría morirme un día que no me fuera bien del todo.

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12-AI- Por último… Cuéntanos cuál el último libro que has leído, la última peli que has visto y el último cd que has escuchado.

JIC- La última novela que he leído es El alquimista de Coelho. El libro llevaba varios años en casa y nunca me había llamado la atención. Pero está muy bien y, en parte, mi filosofía existencial es la misma que la de Coelho.
Sobre la peli. No voy al cine nunca. La última vez que fui, fue hace dos años y antes de esa vez, pasaron dos años más. Es decir, que en cuatro años he ido dos veces. Me gusta mucho el cine, pero odio las salas de cine modernas. Es un problema mío, supongo, pero necesito que la pantalla esté más alta que mi cabeza y en los multicines actuales eso no pasa. Además, cuando hay más de cinco personas en una sala, hay dos que se van a pasar el rato hablando. Cuando vivía en Barcelona iba dos o tres veces a la semana, pero ahora es que no puedo, no lo soporto, porque aquí tenemos un multicine de esos y me saca de quicio. Pero en casa la última película que he visto es El resplandor de Kubrick. Supongo que la he visto por vigésima vez. Es una gran película, pese a la cara de besugo de la mujer esa que sale y que habla como Verónica Forqué.
Y de música, lo último que he escuchado no es un CD, sino a una chica muy maja que toca el ukelele. Se llama Julia Nunes y la podréis encontrar en Youtube y Myspace. Es muy graciosa y lo hace muy bien. Jamás pensé que llegara a gustarme algo tocado con un ukeklele.

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AI- Pues eso es todo, Juan Ignacio. Muchas gracias por tu tiempo…

JIC- Gracias a ti. Ha sido un placer.

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